Opinión

Fin de año en Europa

Itxaso Ruiz, socia de Equipo Europa
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Itxaso Ruiz, socia de Equipo Europa
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Itxaso Ruiz

Publicado el 18/12/2023 a las 17:55

Apenas unas semanas es el tiempo que resta para que la Tierra termine de dar otra vuelta al sol, y hubiera sido una vuelta sin mayores sobresaltos de no ser por la curva de los últimos tres meses. El grupo armado Hamas llevó a cabo el pasado 7 de octubre una ofensiva mortal en Israel que desencadenó una continua y brutal serie de ataques por parte de este último sobre los civiles palestinos que todavía no encuentra final a día de hoy. Sin embargo, la divergencia en la respuesta de la Unión Europea ante el conflicto ha comprometido a ésta de tal manera que ha acabado por erosionar su credibilidad.

Cuando comenzó la invasión rusa de Ucrania, resultó evidente la vulneración del Derecho Internacional Humanitario por parte de Rusia, y, más allá de las discrepancias por parte de Hungría, el resto de Estados miembros se posicionó con celeridad, firmeza y unidad a favor de Ucrania. El mensaje que quería difundirse era claro: si se ataca al Derecho Internacional, la Unión Europea, como no podría ser de otra manera dados sus valores y principios fundamentales, no permanecerá impasible.

Esta imagen geoestratégica es la que se ha puesto en tela de juicio por las profundas divisiones internas y la falta de cooperación en la acción frente a la actual guerra en Oriente Medio. La simultaneidad de ambos conflictos hace dolorosamente inevitable la comparación de las respuestas ofrecidas. Así como desde las instituciones europeas los ayuntamientos se tiñeron de azul y amarillo con orgullosa inmediatez, se facilitó el asilo de refugiados ucranianos e incluso, tras la última Declaración de Granada, se han volcado los esfuerzos por acelerar la ampliación hacia el este, el primer mensaje que se envió hacia el pueblo palestino por parte de la Comisión Europea apuntaba al impertérrito derecho de Israel a defenderse, sin que, hasta tiempo después, se hiciese referencia a los límites del Derecho Internacional.

Han transcurrido ya más de dos meses desde aquel 7 de octubre y todavía no se ha podido adoptar un discurso común fuerte al respecto del conflicto palestino-israelí. Dentro de los Veintisiete hay miembros que, en la sede de las Naciones Unidas, han votado “no” al alto al fuego, hay quienes se han abstenido, y también quienes, como España, han votado a favor.

Esta decisión, en el contexto de la presidencia española del Consejo de la Unión Europea, nos honra. Si esta presidencia será recordada por algo lo será, en última instancia, por haberse atrevido a decir basta. Un basta en la equidistancia que no termina de estar a la altura de lo que se espera de la Unión, pero un basta que prácticamente ha resonado en solitario. Los intentos del Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores Josep Borrell por redirigir la política común hacia la solución de los dos Estados y el rápido apoyo del presidente del Gobierno español a la invocación, por parte del secretario general de la ONU, del Artículo 99 de la Carta de Naciones Unidas son el reflejo de entender que, ante esta amenaza al mantenimiento de la paz y seguridad global, el silencio y el desafecto de la Unión Europea pueden herirla fatalmente.

Ahora que este año 2023 llega a su fin es momento de hacer balance de los aciertos y los errores y establecer las bases para el año que viene. Pero el verdadero hito que determinará la línea de actuación del bloque serán las elecciones europeas de 2024. En medio de un año donde la mitad de la población mundial será llamada a las urnas, las elecciones europeas ofrecen la oportunidad para marcar la diferencia. De restablecer la confianza en la capacidad de la UE para unificar una política exterior común que consolide los principios fundamentales que ésta defiende en la escena internacional.

La actualidad nos interpela a asumir un papel activo en la toma de decisiones que definirá el rumbo bien hacia un horizonte oscuro y despótico o bien hacia un horizonte de justicia social y económica sostenible que coloque la dignidad humana en el epicentro de todas sus políticas. No podemos permitirnos pasividad ni tibieza, así como tampoco una alternativa que implique hacer depender los Derechos Humanos de las fronteras o las religiones, y que haga ver que la aplicación del Derecho Internacional es optativa. No es una cuestión ideológica. Es una cuestión de humanidad.  

Itxaso Ruiz es socia de Equipo Europa

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