Entrevista
Jesús Santos, secretario general saliente de UGT en Navarra: “Quien no vea el problema en la industria tendrá la culpa de lo que venga después”
El próximo viernes se celebrará el XIII Congreso de UGT en Navarra, un evento que pone punto final a la secretaría general de Jesús Santos al frente del sindicato tras dos mandatos marcados por un duro ajuste interno y muchos objetivos logrados


Actualizado el 17/02/2025 a las 20:11
Jesús Santos Pérez (Cabanillas, 1958) tomó las riendas de UGT en Navarra hace nueve años en difíciles circunstancias que obligaron a la ejecutiva entrante a aplicar un duro recorte en personal. Aquello supuso un trauma interno con el que tuvieron que lidiar mientras hacían lo posible para cortar la hemorragia de delegados y miembros de comité que se iban perdiendo elección tras elección. “Parecía un milagro cuando lo planteamos, pero lo hicimos posible entre todos los miembros de la ejecutiva y las federaciones”, agradece. Tras nueve años de logros y sinsabores, puede presumir de haber enderezado aquella delicada situación económica, a lo que une la remontada en la representación que permite a UGT seguir como primer sindicato. Cierra así una larga etapa como sindicalista que comenzó con su afiliación a UGT en 1983, aunque él precisa que es “un paso a un lado”, ya que considera que siempre estará al servicio de la organización. El próximo viernes tendrá lugar el XIII Congreso de este sindicato en el que, según todas las previsiones, saldrá elegido Lorenzo Ríos como nuevo secretario general.
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Debe ser difícil decirle que no al secretario general confederal. Pepe Álvarez le pido que continuara cuatro años más, ¿no?
Así es. Entendía que aquí habíamos hecho un trabajo adecuado y habíamos consolidado el sindicato, que no era fácil. Me pidió que siguiera y no entendía que la edad fuera un motivo suficiente para dejarlo.
¿Cómo le convenció?
Le dije que ya había alcanzado las metas que nos habíamos propuesto y que había un relevo adecuado y con consenso. Esto último era una oportunidad para hacer las cosas bien y eso iba a beneficiar a la organización.
¿Se siente ahora más libre para hablar?
Uno vale más por lo que calla. No siempre se puede decir públicamente lo que se piensa y hay que manifestarlo en contadas ocasiones. Hay que ser firme y pelear en los despachos que toque para conseguir los objetivos. Nuestras posiciones se manifiestan más en los acuerdos que firmamos y en aquellos que no firmamos.
¿Cree que los sindicatos están al pie de la calle o viven ajenos?
Vengo oyendo lo mismo siempre, desde que me afilié en 1983. La percepción de que somos maquinarias burocráticas no es real por la sencilla razón de que la afiliación a UGT en estos últimos años ha aumentado, también entre los jóvenes. Cuando alguien tiene un problema en la empresa, acude a los sindicatos. Unas veces se puede resolver mejor, otras veces peor, pero los sindicatos son una necesidad. Allá donde los sindicatos son más potentes, las personas tienen mejores derechos, mejores salarios y mejores jornadas.
¿Será que no se ve igual al delegado en la fábrica que al aparato?
Quienes dicen eso no son conscientes de que esa gente que está en las fábricas o las empresas, ese delegado sindical o miembro del comité, tiene una maquinaria detrás que le permite funcionar. Son los servicios jurídicos, la asesoría de igualdad , los servicios técnicos informáticos o el apoyo en comunicación. Esa dirección son personas que han salido de esas mismas empresas, que conocen los asuntos y que son poquitos.
¿Por qué ha sido tan difícil encontrar un relevo en UGT hace unos años?
Juan Goyen estuvo ocho años de secretario general en tres mandatos. Tomó las riendas después de que una gestora tomara el control tras la salida de Cabrero. La crisis llegó cuando en su última reelección solo obtuvo un respaldo del 47%. Aquello provocó que se formara un debate interno, pero era una decisión personal que debía tomar Goyen.
Parece que las tradicionales tensiones internas de UGT en Navarra han desaparecido. ¿Cómo lo ha logrado?
Conocía muy bien la organización y siempre he hablado con todo el mundo. La ejecutiva está compuesta por un equipo muy pequeñito, lo que ha facilitado la gestión. La gobernanza era mucho más complicada con aquellas ejecutivas tradicionales con diez o más miembros. También ha podido ayudar que hemos predicado con el ejemplo y el recorte de gastos al mínimo gracias a que prácticamente todos los miembros de la ejecutiva son liberados. Los recursos que antes se destinaban al aparato ahora se vuelcan en las federaciones.
¿Se derrochaba el dinero antes?
No, no se derrochaba. Lo que pasa es que las cosas funcionaban de otra manera. Cuando entré aquí a una ejecutiva y estábamos 13 o 14 miembros porque era la tradición. Cada uno tenía su parcelita. Luego había siete federaciones, cada una de las cuales con sus estructuras y sus comisiones ejecutivas. Había que darle un cambio de forma acelerada, que fue uno de mis objetivos. Ahora me acompañan cuatro personas en la ejecutiva y hay tres federaciones.
¿Eso le han pasado factura personal?
Sin ninguna duda. Asumí el lío de liderar UGT con la condición de que tuviera carta blanca para transformar la organización de forma acelerada. Yo puse lo que tenía que poner y pedí que los demás hicieran lo mismo. Si hay alguna dificultad, nos juntamos. No quiero pasillo. Mi despacho siempre ha estado abierto y yo trabajo 24 horas al día, 365 días al año.
Se lo preguntaba por su vida familiar.
Te llevas muchas preocupaciones a casa. A mi hijo lo he tratado muy poco porque cuando nació yo ya estaba en política municipal. Cuando él tenía 15 años, me fui a Madrid, donde estuve 14 años. Le veía el sábado y el domingo. La vida fue un poco así. Mi mujer ha tenido que llenar mi ausencia. Ella ha tenido que ser cómplice de toda mi vida pública en política y en el sindicato. Me entregué completamente a mis responsabilidades porque todo me lo tomo de forma muy personal y muy visceral.
¿Algún logro que destacar en su etapa al frente de UGT?
Sin duda la prórroga del acuerdo intersectorial. Para los ajenos al diálogo social, puede parecer algo abstracto, pero tiene un peso muy importante en las condiciones laborales de la clase trabajadora. De hecho, en 2018 establecimos un salario mínimo de convenio para Navarra de mil euros cuando en el conjunto de España estaba en 750 euros. Es un tema del que quieren hacer bandera en LAB, pero llegan diez años tarde. Ahora, tenemos que lograr que en una nueva revisión del acuerdo intersectorial que mejore esa cifra hasta situarse en torno a los 1.400 euros, aunque hay que negociarlo.
¿Y cuestiones que deja en el tintero?
No nos ha dado tiempo por capacidad presupuestaria de promover alguna comarca un poco más. Reabrimos hace un año Sangüesa, pero hay que potenciarla. Tenemos que hacer un esfuerzo especial en Alsasua e impulsar un poco más la zona de Tafalla. Además la próxima ejecutiva también deberá hacer un esfuerzo para llegar a los migrantes.
¿Cómo planean hacerlo?
Es un capítulo complicado. Se trata de un colectivo que está ocupando espacios muy importantes en empresas relevantes y con mucho volumen de trabajo. El problema es que forman comunidades cerradas en las que hay que llegar a través de sus líderes.
¿Qué hay de los jóvenes?
Los jóvenes tienen un problema añadido muy importante, que es el acceso a la vivienda. El paro en menores de 25 años es del 21,73%, lo que triplica la tasa media. Hemos contado con la colaboración de algunos voluntarios yendo a centros educativos, a centros de formación profesional, a la universidad, a traer alguna documentación, alguna explicación y alguna charla. Tenemos que acercarnos a ellos y acogerles.
¿Ideas para que accedan a la vivienda?
En Navarra tenemos un problema grave al centralizarse en la comarca de Pamplona buena parte de la actividad económica. Eso provoca que los jóvenes tengan que desplazarse allí y que la vivienda sea inaccesible por la presión demográfica. Hay que cambiar eso, porque en Navarra no tenemos problemas de falta de suelo, sino que hay que pensar en el desarrollo territorial. Hay que redistribuir la actividad por imperativo y por ley.
¿Percibe una desafección juvenil por la política y el sindicalismo?
La gente joven está descontenta. Yo también tengo un hijo. Ha hecho ingeniería cinco años y se ha tenido que enfrentar al proceso de encontrar colocación. El principal problema es la vivienda. Habría que elaborar un plan estratégico para los próximos veinte años.
Este domingo se celebra en Pamplona una manifestación por el futuro de la industria en Navarra. ¿Cómo de grave es la situación?
Vienen momentos convulsos, aunque los datos macro no digan todavía eso. Pero todos vemos lo que viene. Nos lo trasladan las propias empresas y nuestra propia gente que está a pie de fábrica. El que no lo quiera ver, que no lo vea. Será culpa suya. Los datos generales hoy nos dicen efectivamente que tenemos más de 80.000 personas trabajando en la industria, pero se percibe otro ambiente a pie de fábrica.
¿Coincide con el Gobierno foral cuando afirma que la industria va bien y que los problemas se ciñen a casos concretos?
Tenemos varias empresas delicadas. Son grandes compañías que van perdiendo gente. Es algo que viene sucediendo desde hace años y que es necesario frenar. En la industria trabaja mucha gente, pero no es un sector homogéneo. ¿Industria es agroalimentaria? Se supone que sí, pero no puede compararse a la capacidad económica, ni la estabilidad, ni los salarios de las empresas industriales de toda la vida.
¿Está en riesgo esa industria tradicional?
Cuando mi mujer trabajaba en Sanyo Tudela, allí había 600 personas. A SKF la conocí con 500 empleados y creo que son ahora 180. Esto es a lo que me refiero. Que los datos darán lo que dan y cada uno se hace fuerte cuando le preguntan. Lo que digo que esto hay que analizarlo, hay que verlo. La coyuntura no nos favorece y habrá que tener preparadas herramientas para hacer frente a lo que se nos viene. Son cuestiones que solo las podemos atacar con el acuerdo, con una buena predisposición y con la confianza que se le dé a los inversores.
¿Falla algo en el ecosistema?
Necesitamos que vengan inversores. Esto no se cubre con dos empresas tecnológicas o con una oficina que tenga 10 puestos de trabajo técnicos. Esto requiere tomar conciencia de la situación y que habrá que examinar lo que está pasando. Habrá que abrir una mesa para hablar de todo lo que sean redes de comunicación, ayudas a empresas y todo lo relativo a impuestos.
¿Le parece que la fiscalidad es una palanca que se está desaprovechando?
Creo que todo lo que he comentado tendrá que meterse en un saco para hacer un camino. Hemos estado trabajando con la ley de industria, ahí nos dejamos la piel. Hay un borrador y está en exposición pública para que cualquiera haga alegaciones. Luego tendrá que ir al Parlamento, debatirse y se aprobará, no sé, ¿a finales de este año o del que viene? Vamos muy lento, aunque también digo que las leyes hay que hacerlas para poderlas cambiar después.
¿Todo esto tiene que ver con la manifestación de este domingo?
Todos los partidos políticos la apoyan. Pues fenomenal. Pero, ¿qué apoyas? ¿Que hay 6, 7, 8 o 9 empresas con dificultades? Pues entonces aquí hay un problema. Ya estamos tardando en sentarnos.
¿El nuevo plan de empleo incluyen medidas para evitarlo?
Empezamos con el nuevo plan de empleo en 2023. A finales. Hemos estado todo 2024 negociándolo, pero se ha diseñado con una situación industrial diferente, con otro clima social, con los indicadores de empleo y crecimiento al alza o una previsión de mayores ingresos tributarios. Pero todo ha cambiado y resulta evidente que habrá que revisarlo.
¿Habría que tirarlo a la basura y empezar de cero?
Por supuesto que no. El nuevo Plan de Empleo, que esperamos firmar en breve, contempla partidas para la I+D, para las inversiones o para las infraestructuras. Hay que firmarlo ya rápidamente para habilitar esas cuestiones vía presupuestaria y que tengan fondos. Pero también soy consciente de que al día siguiente habrá que pedir que se constituya otra mesa para añadir medidas anticrisis.
¿Teme algún efecto colateral en Landaben de la crisis de Volkswagen en Alemania?
Los compañeros del comité en Volskwagen Navarra han hecho un buen trabajo. En ese sentido estoy confiado, así como por la implicación de la propia dirección en Landaben. Si aparecen circunstancias externas a nosotros, habrá que trabajarlas y habrá que verlas en su momento.
¿Confía en un final positivo del concurso de Sunsundegui?
UGT se ha implicado mucho y hemos empleado también nuestras palancas en Madrid. El problema es que pasaron una serie de cuestiones que no hemos entendido, como el cambio de dirección. Ha influido también el problema de la deuda. El caso es que Volvo se echó atrás y no sé si fue porque no se le anunció el cambio en la dirección. Ahora con el concurso, estamos trabajando para buscar una alternativa productiva y espero que tenga resultados al final.
¿Cómo está la situación en BSH?
Sabíamos que se estaba negociando un ERE para unas 150 personas. Entonces, de repente, se anunció el cierre. Estamos trabajando a todos los niveles para buscar alternativas productivas. Vamos a ver si entre todos y con nuestra gente en Madrid, que está trabajando en esta dirección, somos incapaces de encontrar una solución productiva a esta planta.
¿Le preocupa Trump?
Si los aranceles son un farol para conseguir otros objetivos, no lo sé. Lo que nos preocupa es que ha cogido a Europa en una situación de debilidad, con Francia y Alemania en una encrucijada política y una crisis social y económica. Nos hemos quedado en un sandwich entre China y Estados Unidos. Ojalá Europa fuera más fuerte, pero falta liderazgo.
¿Qué le parece el arreglo de Trump para Ucrania?
Lo que no puede consentirse es que un tipo que entra por cojones a Ucrania, la solución sea un reparto territorial. El que se te ha metido en tu casa, te pone de hostias como un pan, va ahora y, en el acuerdo, hay que darle la mitad de la casa. Es inaceptable.
¿Cómo ve la polémica en cuanto al aniversario de la muerte de Franco?
Vengo de una familia en la que mi madre era de izquierdas, con represaliados y muertos. Mi padre era de una familia más conservadora. Hemos convivido sin mayor dificultad. Lo que es innegable es que Franco participó en un golpe de estado y se convirtió en un dictador. Soy consciente de aquellas personas que fueron maltratadas y asesinadas y que están en las cunetas. Hay que hacer todo el esfuerzo por localizarlos y entregarlos a sus familias. Ahora bien, tal vez los actos sobre la muerte de Franco solo sirvan para movilizar a los nostálgicos del régimen.
¿Fue oportuna la manifestación contra el rechazo a la ley ómnibus? Mucha gente que se dirigió contra la oposición cuando además finalmente salió adelante en el Congreso en lo esencial.
La convocatoria de la manifestación contribuyó a que los partidos que se habían opuesto cambiaran de posición. Una vez aprobado el ómnibus, tal vez lo mejor hubiera sido desconvocarla. La cuestión es que se optó por continuar para no volver loca a la gente. Podíamos haberlo valorado y no sé si hubiéramos acertado. El mensaje que queríamos trasladar no iba contra la oposición, sino que recriminábamos a los grupos que no hicieran política con las cosas importantes.
Lo cierto es que poca gente secundó las marchas.
Todo fue muy mediático. Una vez la gente vio que el objetivo estaba alcanzado, se desmovilizó.