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Opinión

En defensa de la UE

Ampliar Víctor García de la Vega
Víctor García de la VegaCedida
  • Víctor García de la Vega
Publicado el 14/11/2022 a las 18:57
Este fin de semana hemos conocido que Rishi Sunak, el nuevo primer ministro del Reino Unido, planea una subida de impuestos a rentas altas para cuadrar las finanzas del país. Su intención es la de modificar el umbral de renta del tipo impositivo superior del impuesto sobre la renta, actualmente del 45%, reduciéndolo de 150.000 a 125.000 libras esterlinas.
Este movimiento contrasta con el anuncio en septiembre del gobierno de la entonces primera ministra Liz Truss de eliminar el tipo del 45%, en el marco del ya afamado “mini-presupuesto” que cayó como un jarro de agua fría en los mercados. Los hechos posteriores son de sobra conocidos: a la debacle económica siguió la enésima guerra interna en el seno del Partido Conservador, la cual a su vez llevó a la dimisión de Truss y a un amago fallido de Boris Johnson de volver al poder.
Tampoco hemos de perder de vista la situación de inestabilidad política que se vive en Irlanda del Norte desde las elecciones regionales de mayo de este año. El Partido Unionista Democrático (DUP), que de formarse gobierno se encontraría por vez primera en una posición minoritaria respecto al Sinn Féin, ha bloqueado las negociaciones citando como argumento su oposición al Protocolo de Irlanda del Norte del acuerdo del Brexit que estipula la creación de controles aduaneros con la isla de Gran Bretaña para productos y bienes.
Y esto ¿qué tiene que ver con la Unión Europea? Realmente todo.
Históricamente, Reino Unido se ha caracterizado por ser una nación estable en lo político y rigurosa en lo económico, con unos elevados estándares morales y una gran exigencia política. Dicha realidad saltó por los aires cuando, en el referéndum de junio de 2016, los británicos votaron salir de la Unión Europea por un estrecho margen.
Desde entonces, la política británica se ha revolucionado, con cuatro primeros ministros, los mismos que en los anteriores 26 años. Los estándares de ética política se han desplomado a cotas que solo alguien como Boris Johnson podría representar. Una ministra del interior fue cesada por infringir los protocolos gubernamentales en materia de seguridad y confidencialidad, para volver a ser elegida al mismo puesto apenas una semana después. Y así, un largo etcétera.
En lo económico, el Brexit se ha dejado notar, y no para bien. Un informe del think tank Centre for European Reform (CER) de junio de este año concluyó que la economía del Reino Unido se encuentra un 5,2% por debajo de otros países analizados en el estudio cuyo comportamiento era similar al suyo antes de 2016. En la práctica, ello supone una pérdida potencial para su PIB de unos 31.000 millones de libras (36.450 millones de euros). Y eso sin contar el impacto económico negativo que ha supuesto el breve mandato de Liz Truss, a su vez consecuencia del deterioro político que ha vivido el país post-Brexit.
Los sondeos realizados desde 2021 muestran un incremento sostenido del número de personas que consideran la salida del país de la UE un error: un 52% cree que fue una decisión equivocada, según el último dato ofrecido por Statista, frente a solo el 35% que piensa que fue acertada. Y, según datos de la encuesta de Redfield & Wilton del 27 de octubre, una mayoría del 57% votaría hoy a favor de reincorporarse a la Unión.
Hoy, el Reino Unido ejemplifica con nitidez la recurrente frase de que “fuera de la UE hace mucho frío”. La decisión del país de abandonar el club comunitario, lejos de reportar beneficios para el país, ha supuesto un deterioro progresivo de su economía, política y satisfacción social. No sorprende que muchos partidos euroescépticos a lo largo y ancho de Europa hayan pasado de pedir la salida de la UE a proponer su reforma.
¿Sería posible algo similar en España? Parece improbable, a tenor de los datos. Según la última encuesta de YouGov realizada en septiembre de este año, el 76% de los españoles votaría por permanecer en la Unión, frente a solo un 10% que apoyaría una salida. Bien sea por el ejemplo británico o por una vocación decididamente europeísta, lo cierto es que la ciudadanía española está satisfecha con la permanencia del país en la UE.
Sin duda, la UE no es perfecta. En muchos aspectos necesita adaptarse a los tiempos y a los problemas que se le vayan planteando para garantizar su supervivencia y la de los valores que la fundamentan. Pero lo cierto es que, a día de hoy, la UE representa un modelo a seguir para todo el mundo en materia de convivencia, derechos y libertades, progreso y bienestar. Cuidémosla y luchemos por ella. Porque fuera de la UE hace mucho frío.
Víctor García de la Vega, coordinador de la Comisión Legal de Equipo Europa y socio de Equipo Europa Navarra
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