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Foro de debate

El desafío de surfear unos precios cada vez más altos

Hace 38 años que la economía no afrontaba un incremento de precios tan brusco. El contexto entonces era otro. La foto fija a la que hemos llegado este verano no tiene precedentes. ¿Estamos preparados?

Ampliar *A: JOSE CARLOS CORDOVILLA 
*F: 02-08-2022
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*L: PAMPLONA
*T: MERCADO DEL SEGUNDO ENSANCHE. QUEJAS DE LOS CLIENTES Y LOS COMERCIANTES PROTESTAN POR EL CALOR. A LAS 13H - 30 GRADOS
Dos mujeres son atendidas en uno de los puestos de frutas y verduras del mercado del Segundo Ensanche en una imagen tomada el pasado 2 de agostoJosé Carlos cordovilla
Actualizado el 08/08/2022 a las 20:20
Vivir nunca había sido tan caro. Actividades cotidianas y necesarias como llenar el depósito del coche o la despensa se han convertido en una auténtica sangría para las economías familiares sometidas hoy a una inflación sin precedentes que cuestiona los conceptos de valor y precio. Una buena parte de los productos que componen la cesta de la compra media acumulan una subida de precios superior al 10,8%, el último dato del IPC facilitado en julio por el INE. Las previsiones no son positivas. Se espera que el IPC cierre el año por encima del 7% y que en 2023 pueda estar alrededor del 4%. Hace 38 años que nuestra economía -y toda la europea- no afrontaba un incremento de los precios tan brusco aunque entonces el contexto económico y monetario era muy diferente con una peseta hundida frente al dólar, un PIB per cápita cuatro veces inferior al actual y cuando aún no habíamos ingresado en la entonces Comunidad Económica Europea. Pese a la dificultad de analizar el comportamiento de los precios y del consumidor por esa falta de proyecciones y referencias resulta obvio que la foto fija a la que hemos llegado este verano poco tiene que ver con lo que sucedía a finales de 2021 cuando aún no había estallado la guerra en Ucrania y no se preveía que uno de los puertos más importantes del mundo, el de Shanghái, cerraría durante meses por un nuevo brote de Covid -19.
Aunque ya entonces los costes energéticos y de suministro auguraban un 2022 complicado que el tiempo ha terminado confirmando, pocos recordaban que los precios podían llegar a incrementarse al ritmo al que lo están haciendo. Y por si esto fuera poco, con la revisión al alza del precio oficial del dinero hasta el 0,5% los miles de hogares que se habían olvidado de la hipoteca después de una década con tipos en mínimo deben vigilar ahora cuánto les subirá la cuota. Financiarse está a la orden del día de muchas familias y ahora será más caro. También lo será pagar a plazos. ¿Estamos preparados para este contexto? ¿Podemos controlar la inflación? ¿Son adecuadas las medidas que se están tomando?
Siete especialistas de diferentes ámbitos, la economía, el consumo, el mundo de la empresa y la consultoría y el Tercer Sector reflexionan bajo estas líneas sobre este fenómeno y tratan de de arrojar luz sobre lo que puede estar por venir.

Inflación de oferta y el peligro de seguir consumiendo

Desde febrero del año pasado, cuando estaba en el 0%, la inflación ha iniciado una escalada imparable que la ha llevado a las dos cifras. De entrada las subidas se limitaban a la electricidad y los carburantes, lo que los economistas llaman inflación de oferta, pero el mayor coste energético se ha ido extendiendo al resto de productos, contagiando a toda la cesta de la compra. Por delante, más curvas. “No veo que a corto plazo se vaya a corregir. Pasó lo mismo cuando tuvimos muchos meses de inflación negativa. Ahora estamos en el lado contrario. Mientras continúe la guerra y los rusos amenacen con cortar el gas los precios seguirán tensionados”, asevera Fernando San Miguel, responsable de Estudios de Cámara Navarra de Comercio. Considera este especialista que para corregir la inflación se precisa “actuar sobre la causa y habrá que ver qué pasa con el mercado energético”.

“Inyectar dinero a la demanda quizá no sea la medida más adecuada si lo que quieres es frenarla”, asevera Fernando San Miguel, responsable de estudios de Cámara Navarra de Comerico.

El otro gran desafío está en las medidas de política monetaria. Es decir, subir los tipos para que la economía se ‘enfríe’ y los precios bajen. Algo, dice, que “quizá no sea demasiado apropiado en un momento en el que tenemos inflación de costes energéticos y materias primas”. Frente a eso, completa, los gobiernos toman medidas “para proteger al consumidor o compensarle por la subida de precios. El problema es que si los precios suben y yo te doy dinero seguirás consumiendo y la inflación no bajará. Inyectar dinero a la demanda no es la medida más apropiada si quieres frenarla. Lo hemos visto con los veinte céntimos del combustible”. Pero el problema de la inflación no se queda ahí. Porque, como remarca Ana Yerro, directora de Institución Futuro, “para impedir que la inflación se convierta en estructural hay que evitar a toda costa los efectos de segunda ronda, que podrían darse con la indiciación automática de los salarios –del sector privado y del público- y las pensiones a la inflación”. Dice que para recuperar el crecimiento es preciso implementar políticas expansivas y que una rebaja de impuestos puede favorecer que los ciudadanos y las empresas dispongan de mayor tesorería y les ayude a salvar el ahogo que está produciendo la inflación. “Deflactar la tarifa del IRPF para el 2023 en los términos de la inflación esperada (4%) con un ajuste de las retenciones desde el primero de septiembre podría ser la primera medida a aprobar a la vuelta de las vacaciones”.

Ana Yerro (Institución Futuro): “Es un buen momento para invertir pensando en el largo plazo. La renta fija, en el corto plazo, sólo nos hará más pobres”

Estocada a la línea de flotación del Tercer Sector

Paliar los efectos de la subida de precios no es sencillo. El encarecimiento de los alimentos está afectando y mucho a la actividad del Banco de Alimentos que entrega cada mes alimentación básica a 25.000 personas. Una subida de precios que sumada a la merma de las donaciones llevaba esta misma semana a la entidad a lanzar una “alerta solidaria”. Los ingresos de la última gran recogida fueron de apenas un tercio sobre las estimaciones previstas y también se han reducido las donaciones de las empresas. “Antes no dejábamos de recibir camiones de empresas, ahora el día que llega uno ¡casi aplaudimos! La situación es crítica. Gastamos 100.000 euros al mes para comprar alimentos pero con los 190.000€ que tenemos de remanente debemos aguantar hasta noviembre que es la siguiente campaña”, clama Marisol Villar, presidenta de la entidad. De ahí la “alerta solidaria” que han lanzado para recaudar 100.000€. ¿La alternativa? “Seguir reduciendo las cantidades a repartir”. Ya no compran cacao para los desayunos de los niños y han limitado la entrega de leche a dos litros/mes frente a los tres que daban hace un año.“¡Es un básico y ha subido un 45%!”, exclama. Lo mismo ha ocurrido con el arroz (+19%), el aceite (+54%), los huevos (+61%) y la pasta (+54%). Asegura que nunca habían tenido que afrontar un recorte tan drástico en la entrega de alimentos. “El año pasado pudimos dar 14 kilos por persona y mes y este año damos 7 de alimentos en seco”. Un drástico recorte, que están tratando de compensar dando más fruta. Asegura Villar que aunque el número de personas atendidas no ha subido lo negativo es que pese a haber salido de la covid no se haya reducido. En 2019 eran 22.000 las personas atendidas por el Banco de Alimentos. “Desde 2008 hemos ido sumando crisis y mucha gente no ha podido salir. El que está mal no puede levantar cabeza”. La incertidumbre por lo que pueda pasar a la vuelta de las vacaciones en las entidades del Tercer Sector es total. Lo corrobora Ángel Iriarte, director de Cáritas diocesana, “el último flotador” para la gente, como le gusta decir. “La renta garantizada en Navarra es un freno a la pobreza y la exclusión pero no una varita mágica”. Augura que pronto volverán a ver en sus instalaciones colas de gente que no puede hacer frente al pago de la hipoteca y que los ucranianos llamarán a su puerta en cuanto salgan del sistema estatal. “La preocupación por lo que pueda llegar en poco tiempo es grande. Ante una subida de precios que nos afecta a todos, poca imaginación hace falta para saber cómo están los que están al borde”.

“El año pasado pudimos dar 14 kilos de alimentación básica por persona y mes y este damos 7 de alimentos en seco”, desvela Marisol Villa, presidenta del Banco de Alimentos

“La preocupación es grande. La renta garantizada es en Navarra un freno a la pobreza pero no una varita mágica”, asegura Ángel Iriarte, director de Cáritas diocesana

El retail reorganiza su oferta para priorizar lo esencial

La inflación también ha situado al sector retail ante el reto de reorganizar su oferta. ¿El objetivo? Que la subida de precios no desincentive la demanda. Lo asegura Enrique Porta, socio responsable de Consumo y Distribución de KPMG, quien habla de la importancia de “ reorganizar lineales, replantear surtidos y atender a un cliente que prioriza lo esencial. Es el momento del low cost y la marca blanca”. Asegura que fabricantes y distribuidores “ya no pueden seguir renunciando a repercutir el incremento de costes, como en 2021, para favorecer el consumo. Los productos más perjudicados por la inflación son precisamente aquellos bienes de necesidad donde la material prima -cereal, leche, azúcar- tiene un peso muy relevante en el coste.

“El consumidor prioriza lo esencial y eso obliga al retail a reorganizar lineales. Es el momento del low cost y la marca blanca”

Una espiral inflacionista en la que nadie quiere perder

Como reflexiona Jorge Labarta, socio fundador de Quant, consultora especializada en divisas y materias primas, la subida de precios que venimos experimentando desde 2020 es como si nos hubieran bajado el suelo entre un 30 y un 35%. “Estamos en una espiral inflacionista en la que nadie quiere perder poder adquisitivo. Todas las industrias y comercios tratan de subir los precios de venta, ya que sus costes son mucho más altos y su margen se ha reducido. Y luego estamos los trabajadores, que también queremos tener un salario mayor, porque llenar el carro de la compra, pagar electricidad, gas, o el ocio es también más caro. De este modo, suben los precios de unos bienes y servicios, luego el de otros, y el ciclo no deja de repetirse. Es algo difícil de parar”. Con todo, admite que tanto las subidas de tipos de interés de la FED y el BCE como sus “amenazas” de mayores subidas han impactado en los precios de las materias primas, que están bajando muy fuerte desde marzo (tanto el cobre, como el aluminio como la madera). “Los mercados financieros anticipan un escenario de recesión en el que la demanda va a reducirse mucho, y por lo tanto también los precios. Esto va a ayudar a reducir la inflación en el segundo semestre del año”, augura.

“Los mercados anticipan un escenario de recesión en el que la demanda va a reducirse mucho y, por lo tanto, también los precios”, sostiene Jorge Labarta, socio fundador de la consultora Quant

Planificar menús y adelantar gastos

A grandes, grandes remedios. Afrontar la nueva era inflacionista exige desde la óptima del consumidor cuando menos planificación para no entrar en números rojos. Aunque no podemos controlar la subida de precios, si podemos controlar lo que hacemos para que no nos afecte tanto. Se nota y mucho al ir al supermercado. Según un cálculo de la OCU, los españoles están pagando en su cesta unos 800 euros extra por la subida de precios. La organización habla de un problema de expectativas que se retroalimenta. “Con la excusa del IPC todos están subiendo precios”. Desde Consumidores Irache, su portavoz Alberto Lázcoz incide en la importancia de “planificar los menús y las necesidades reales de alimentación y hacer una lista escrita con ellas. Una buena idea es comparar precios. Las diferencias entre unos establecimientos y otros y entre marcas siguen siendo notables. Tener la marca blanca como una posibilidad supone en algunos casos abaratamientos mayores al 40%. Es importante que desde la calma los consumidores sepan adaptarse a la nueva situación y se tomen un tiempo para repensar ingresos y gastos como si fuera un balance empresarial”. Entre los puntos a tener en cuenta están el gasto energético -“cada grado de más puede suponer un 7% de consumo”- y los hábitos de movilidad. “Con el precio del combustible, hacer un mayor uso del transporte público puede disminuir el gasto”. También aconsejable es hacer un uso responsable de la tarjeta de crédito y adelantarse a gastos inevitables. Y es que como recuerda Ana Yerro, “la pérdida de poder adquisitivo se da no solo por el lado del gasto. También por el lado del ahorro y de ahí que la planificación financiera resulte clave. En momentos de elevada inflación los ahorros pierden valor, y lo que se ha de buscar es que el dinero trabaje por sí mismo. Por eso es buen momento para invertir pensando en el largo plazo. La inversión en renta fija, al menos en el corto plazo, solo nos va a ayudar a que el año que viene seamos más pobres”, concluye.

“Es importante que los consumidores sepan adaptarse y se tomen un tiempo para repensar ingresos y gastos”, aconseja Alberto Lázcoz, portavoz de Consumidores Irache

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