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Empresas familiares

Empresas familiares: Matrimonio y reservas societarias

Laura García Pérez, asociada principal del Departamento Mercantil de Garrigues.
Laura García Pérez, asociada principal del Departamento Mercantil de Garrigues.
  • Laura García Pérez
Actualizada 08/10/2020 a las 12:47

La terminación de la sociedad de gananciales suele constituir un proceso complicado, que además se produce bajo situaciones personales también difíciles, como son el fallecimiento de uno de los cónyuges o el divorcio de la pareja.

Cuando acontecen estas circunstancias, la sociedad de gananciales queda disuelta y debe procederse a su liquidación. Para ello, es necesario realizar un inventario del activo, integrado principalmente por los bienes gananciales, y del pasivo de la sociedad, con el fin de repartir el patrimonio común.

Resulta obvio que la complejidad de la liquidación de la sociedad de gananciales se incrementa a mayor número y diversidad de los bienes del matrimonio cuyo régimen económico ha sido disuelto y, en muchos casos, pueden existir dudas acerca del carácter ganancial o privativo de un concreto bien, máxime cuando el bien en cuestión no consta expresamente regulado en la norma aplicable, con carácter general, en el Código Civil.

En efecto, está regulado y, por lo tanto, es claro y pacífico que los dividendos acordados por una sociedad de capital en la que participa el cónyuge son un bien ganancial, pero, ¿qué ocurre con las reservas acumuladas por la misma?

En este contexto, el Tribunal Supremo dictó el pasado mes de febrero una importante Sentencia por la que determina que las reservas que integran los fondos propios de una sociedad de capital en la que participa como socio uno de los conyugues no generan un derecho de crédito a favor de la sociedad de gananciales, por lo que, en definitiva, no deben “compartirse” con el otro cónyuge.

La Sentencia, dictada por el Pleno, fija por sí sola jurisprudencia sobre esta materia, poniendo fin así a las dos posturas antagónicas mantenidas hasta ahora por las Audiencias Provinciales. Y lo hace apoyándose en la normativa mercantil, destacando la autonomía de la sociedad de capital, con carácter general una sociedad limitada o anónima, respecto del socio que participa en la misma.

En el caso enjuiciado, habitual en la práctica, el difunto participaba en varias sociedades anónimas y limitadas, cuyas acciones o participaciones sociales constituían un bien privativo suyo. Este hecho no era controvertido. En el momento del fallecimiento, cada una de dichas sociedades tenía determinadas reservas contabilizadas en su balance, en concreto, en sus fondos propios. Según lo indicado, el objeto del debate consistía en si dichas reservas deberían tener carácter ganancial, en favor de la viuda (en segundas nupcias), o no, en cuyo caso se veían beneficiados los herederos del fallecido, hijos del primer matrimonio.

Es en este punto cuando el alto Tribunal se apoya en el Derecho de Sociedades para dejar claro que no es correcto atribuir directamente parte del patrimonio de la sociedad limitada o anónima, en concreto, sus reservas, a sus socios, sino que dichas reservas terminarán o no en el bolsillo del socio en función de un sinfín de circunstancias de la propia sociedad de capital. Por lo tanto, las reservas, que efectivamente provienen con carácter general de los resultados positivos de la sociedad y que, en muchos casos, se reparten como dividendos, pueden llegar a tener otros destinos muy distintos y no infrecuentes en los tiempos que corren, como puede ser la compensación de pérdidas. Por lo tanto, hasta que la Junta de la sociedad de capital en la que participa el cónyuge no acuerde el reparto de dividendos, éste no goza de un derecho de crédito concreto que pueda, por su parte, tener carácter ganancial en la liquidación de la sociedad de gananciales.

Sentado lo anterior, el Tribunal entiende que cada supuesto deberá analizase caso por caso para evitar lo que denomina un comportamiento fraudulento del cónyuge titular de las acciones o participaciones sociales. En otras palabras, si el cónyuge socio, que tuviese el control de la sociedad de capital, dejase de repartir artificialmente dividendos, acumulándolos en la sociedad como reservas y con la finalidad de no incrementar el patrimonio común, el criterio jurisprudencial fijado por el Tribunal Supremo podría revisarse por considerar dicha actuación realizada en fraude de ley.

La Sentencia hace referencia a la regulación común prevista en el Código Civil, pero sería igualmente trasladable a la liquidación de la sociedad conyugal de conquistas regulada en el Fuero Nuevo, aplicable en Navarra a la mayoría de los matrimonios.

Laura García Pérez
Asociada principal del Departamento Mercantil de Garrigues


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