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UNAI SORDO | SECRETARIO GENERAL CCOO

Sordo: "Comparto plenamente la presencia de CC OO en la marcha del caso Alsasua"

El máximo responsable de CC OO participó este jueves en una asamblea con 250 afiliados del sindicato en Navarra que se celebró en el Civivox de Iturrama sobre la importancia de la representación social a la hora de lograr avances en la negociación colectiva

Sordo cree que los sindicatos deben mantener la guardia alta ante la posibilidad de que las empresas del auto inicien una carrera hacia la reducción de salarios y condiciones.

Sordo cree que los sindicatos deben mantener la guardia alta ante la posibilidad de que las empresas del auto inicien una carrera hacia la reducción de salarios y condiciones.

Actualizada 26/09/2019 a las 17:01
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Graduado Social por la Universidad del País Vasco, Unai Sordo Calvo (Baracaldo, 1972) se incorporó al mundo laboral a comienzos de los años 90 en una empresa del sector de la madera. “Era un puesto de producción porque en aquellos años atravesábamos una crisis y no había otras opciones”, relataba el secretario general de CC OO durante su visita este jueves a Pamplona, donde asistió por la mañana a una asamblea con 250 delegados del sindicato en Navarra que se reunieron en el Civivox de Iturrama. Su voz transmitía convicción y seguridad, pero el movimiento nervioso de las manos delataba que sigue sin estar cómodo al exponerse en público. Se relajaba un poco al hablar de una de sus aficiones más desconocidas, la escritura, ámbito en el que puede presumir de ser autor de una novela corta de misterio cuya acción transcurre “en el entorno rural de un pueblo de Castilla” basada en sus vivencias juveniles, ya que pasó muchos veranos en una localidad vallisoletana de la que son originarios sus padres.

¿Está publicada?
No, qué va. No ha ido a ninguna parte, aunque tampoco la he movido. Me gusta escribir y si tuviera más tiempo intentaría hacerlo un poquito más en serio.

En junio hizo dos años como secretario general de CC OO. ¿Cuál sería su relato de este tiempo?
Han sido muy intensos. Pese a la situación socioeconómica y política que vivimos es de una tremenda volatilidad, hago un balance moderadamente satisfactorio. No se puede hacer un balance completamente satisfactorio cuando la gente está mal, pero también hemos ido dando pasos adelante en política salarial, CC OO está subiendo en afiliación y creo que vamos a ganar con solvencia las elecciones sindicales.

Tuvo que asumir en sus primeros meses al frente del sindicato la recta final del ajuste de plantilla en la organización. ¿Fue complicado para usted?
El ajuste prácticamente estaba finalizado en lo que era el sindicato. Sí que quedaba pendiente la desaparición de una serie de proyectos que se impulsaban desde las Administraciones y se dejaron de financiar, lo que también implicó la desaparición de las plantillas.

Pero hubo muchas quejas por las condiciones en las que se produjeron los despidos.
La gente debe entender que el sindicato tiene que utilizar de la mejor manera posible los recursos que los trabajadores ponen en nuestras manos a través de las cuotas de afiliación. Y los años en los que bajaron esas cuotas, el sindicato tuvo que reducir también su plantilla.

Los extrabajadores en Navarra de Forem y Anafe denunciaron que les mandaron directamente al Fogasa. ¿Cómo lo justifica cuando CC OO siempre ha criticado vehementemente ese mismo comportamiento en los casos en los que lo hacía una empresa?
Se ha escrito mucha literatura con esto asegurando que se había aplicado la reforma laboral por parte de gente que desconocía lo que es esa reforma. Cuando desaparecen los recursos para financiar los proyectos de formación continua o en la integración de los migrantes, como ha pasado en muchas ONG, esos proyectos automáticamente se caen. Es como si una empresa perdiera todas sus ventas de un día para otro. Evidentemente, el sindicato fue escrupuloso en la forma que puso fin a esos proyectos, lo que no quita para que entienda que las personas afectadas se enfadaran.

¿Qué han aprendido de aquello?
El sindicato tiene que reflexionar sobre su papel en cuanto a la ejecución de las políticas activas de empleo y tener muchísima precaución a la hora de decidir si tiene que implicarse como lo hizo. Al final estás al albur de una decisión política que a veces tiene muy poca explicación, porque se dejaron de financiar proyectos que funcionaban extraordinariamente bien. A lo mejor en el futuro nuestro papel no es la gestión de la formación, sino su planificación permanente a lo largo de toda la vida de los trabajadores.

Aquí en Navarra, Comptos preparó en su día un informe sobre la gestión de los cursos de formación en el que no se detectaron irregularidades, pero sí mencionó el papel de juez y parte de las entidades que integraban el Servicio Navarro de Empleo. ¿Trasladaría su reflexión también a este caso?
Eso es discutible. No estamos hablando de una actividad mercantil, sino de políticas de empleo en las que tienen mucho que decir las organizaciones elegidas democráticamente por los trabajadores y aquellas que representan a las empresas. Era un modelo como cualquier otro, pero es cierto que también hay que analizar el riesgo en el que incurrimos y que en el futuro habría que evitar. Pero no demonizaría ese modelo, porque mucha gente desconoce el papel que cumplen los sindicatos de otros países de Europa en la gestión de fondos públicos.

¿Por ejemplo?
Por ejemplo, en Bélgica gestionan el acceso a la prestación por desempleo. En el caso de Comptos, dejó claro que no hubo ningún fraude, que es lo que le tocaba, pero creo que determinadas instancias que velan por el buen uso de los recursos públicos tienen que ceñirse a eso y no extralimitarse en sus opiniones.

¿Cree que ha sido oportuno que CC OO en Navarra haya criticado públicamente la sentencia del caso Alsasua y participado en la manifestación que se celebró en Pamplona?
La decisión la tomó la unión de Navarra y yo la comparto plenamente. En España se hace un uso absolutamente abusivo de la prisión preventiva, como también lo he criticado en el caso de los presos de Cataluña. No voy a entrar en el fondo del asunto de lo que pasó. Lo que aparenta, lo que he visto en vídeos y lo que he leído es que fue una trifulca a la que no quito importancia, pero me parecen un absoluto exceso las penas de prisión que se piden y, sobre todo, la utilización sistemática de la prisión preventiva de personas que no tenían ninguna sentencia condenatoria a sus espaldas. Esto es una anomalía.

Si la misma agresión la hubieran sufrido dos sindicalistas de CC OO a manos de un numeroso grupo de simpatizantes de la ultraderecha, ¿la seguiría definiendo como una trifulca?
Lo que estoy seguro es que en ese supuesto los agresores no llevarían cientos de días en la cárcel. Y se hubiera resuelto con unas peticiones de penas de otro tenor. No quiero frivolizar con este tema. Si hay algún tipo de agresión a agentes de la seguridad del Estado, que deben contar con un nivel de protección mayor porque ejercen como autoridad, tiene que haber un castigo proporcional.

Insisto, ¿la seguiría definiendo como una trifulca?
Habría que ver el caso. Si hay una acción concertada de un grupo para dar una paliza a dos sindicalistas, lo que tendría una significación política evidente, estamos hablando de lo que estamos hablando. Pero esto ha existido antes. Hace unas décadas en España a los sindicalistas les pegaban tres tiros. No era una paliza o una tibia y un peroné rotos. Por tanto, considero que lo de Alsasua fue un caso que no se puede comparar al comportamiento que tuvo en su día la ultraderecha.

“Podemos se equivocó al no aceptar la propuesta de coalición en julio”

 

¿Cómo ve el panorama laboral?
Decía antes que sólo me sentía moderadamente satisfecho porque el mundo del trabajo está muy precarizado y las reformas laborales y de las pensiones siguen vigentes. Mientras la mitad de los asalariados estén con contratos temporales o a tiempo parcial, cuando no concurren ambas circunstancias, en CC OO no podemos estar satisfechos.

¿Cuáles son sus prioridades?
Estamos intentando cambiar las cosas, pero hay muchos retos y sería conveniente que el resto acompañara en un momento de gran incertidumbre. Y me refiero a la política y las instituciones.

¿Culpa a alguien de la falta de gobierno en España?
No se trata de echar culpas a nadie, pero sí podemos decir que hay responsables de una negociación mal planteada desde el principio. Ha faltado cultura de la negociación política y ha habido un exceso de tacticismo para hacer insostenible la posición del interlocutor.

¿Falta de cultura política?
No se ha producido una negociación en profundidad. Desde el 28 de abril han pasado 144 días que se traducen en 3.456 horas. No creo que se hayan dedicado ni 35 horas a negociar y esto no es serio.

Digamos que responsabiliza a Sánchez e Iglesias al 50%.
La responsabilidad es compartida, pero quien se va a presentar a la investidura tiene que promover los acuerdos y, de alguna manera, es el máximo responsable de la negociación. Nadie va a salir indemne de este desacuerdo.

¿Se han desaprovechado las últimas semanas?
No se puede hablar de una verdadera negociación desde julio. Ha sido un rotundo fracaso de la política y un error estratégico de los dos partidos de la izquierda.

¿Quién ha cometido más errores?
No creo que sea un debate productivo. Podemos se equivocó no aceptando la propuesta de julio, cosa que parece evidente. Uno de los problemas es que la negociación quedó demasiado expuesta a los vaivenes de la opinión pública, los tuits y los dimes y diretes. Ha faltado discreción, lo que no quiere decir ocultismo. Las partes debían haber tenido claro a dónde querían llegar y no sé si todo el mundo tenía eso claro.

Tras el fracaso de julio, ¿cree que fue acertado dar portazo a una posible coalición?
No hemos entrado ahí porque no es el papel que debe cumplir un sindicato. Representamos los intereses del mundo del trabajo y solo exigimos a los partidos que sean capaces de acordar un programa de gobierno que se parezca lo más posible a lo que nosotros creemos que necesita la sociedad. Hay muchas reformas de mucho calado que no pueden depender de cómo se levanten cada día los responsables políticos. Necesitamos un gobierno con solvencia y estabilidad que pueda encarar los enormes desafíos presentes y futuros.

¿Es posible un gobierno estable en el que participe Podemos? Se lo digo por las divisiones y enfrentamientos protagonizados por esta formación en distintas comunidades, como sucedió en Navarra.
No nos corresponde valorarlo. Es una opinión, pero hay otras que dicen que, una vez que un partido llega al gobierno, se pone las pilas y pasa rápidamente de lo declarativo a lo ejecutivo. Todos los actuales líderes de los partidos apenas tienen experiencia. Pedro Sánchez sólo tiene nueve meses al frente de un ejecutivo y Albert Rivera y Pablo Casado no han gobernado su ayuntamiento ni siquiera su comunidad de vecinos, y lo digo sin ningún afán peyorativo.

¿Ve a todos igual de verdes?
Los distintos líderes políticos están en igualdad de condiciones de cara a demostrar si sirven para ejercer responsabilidades de gobierno. Albert Rivera sólo ha exhibido una capacidad asombrosa para desaprovechar una oportunidad de convertir a Ciudadanos en el partido sobre el que pivotara toda la política en España, desde el gobierno central a los autonómicos y los grandes ayuntamientos. En vez de ello, ha caído en una especie de pimponeo político, por no hablar de gamberrismo político.

A finales del año pasado reclamaba que el Gobierno de Sánchez estaba en condiciones de derogar la reforma laboral y la de las pensiones. ¿Lo sigue creyendo?
Ahora no es realista plantearlo. Pero sí lo fue en los nueve meses que estuvo gobernando. Los socialistas se escudaban en que no había votos suficientes en el Congreso, pero yo no lo tengo nada claro. Para la derogación de la reforma de las pensiones sí había votos y respecto a algunos aspectos de la reforma laboral, según y cómo se hubiera planteado, también.

¿Faltó valor político?
Faltó arrojo político y también es verdad que se precipitó el final de legislatura al no aprobarse los presupuestos. Esa es la tarea para el nuevo gobierno, sobre todo si es progresista, en el cortísimo plazo. Y de cara a que las reformas perduraran en el tiempo no habría que ser sectario y abrir los acuerdos al resto de los partidos.

¿Ha habido problemas en Navarra para la aplicación del nuevo salario mínimo interprofesional?
En Navarra es algo que se percibe poco, pero no así en otras regiones como Andalucía, Extremadura, Canarias o Murcia. Incluso hay disputa jurídica sobre cómo se computan los conceptos. Poco a poco se va consiguiendo que se aplique, pero hay que hacer un llamamiento a los trabajadores que no se hayan beneficiado para que reclamen en los sindicatos.

"Landaben es ejemplo de lo que debe hacer el sector"

Ante la incertidumbre que rodea a la industria del motor, ¿cómo ve el futuro del sector en España?
Se está produciendo un profundo cambio en el sector en relación con el uso de motores que emplean combustibles fósiles, pero otro más soterrado que es el nuevo concepto de movilidad y propiedad del automóvil. Sea como sea, el coche se va a seguir usando igual, por lo que habrá que seguir produciéndolos.

Pero si se generaliza el vehículo compartido implicará menos producción.
España está una posición subalterna respecto a las grandes multinacionales del auto y lo que nos toca es anticipar los cambios que se vayan a dar en el futuro. Hay que tratar que, en la distribución internacional del trabajo y el ensamblaje de los coches, las factorías españolas sigan siendo relevantes. En ese sentido, Landaben ha sido un ejemplo de cómo los sindicato tienen que actuar para adaptarse a los cambios y seguir trayendo producción a Navarra.

¿Y la industria auxiliar?
Me preocupa mucho no sólo el ensamblaje de la mano de obra directa, sino también de las implicaciones que tendrá en la cadena de suministro porque se van a dejar de hacer determinados componentes. Los eléctricos no necesitan cajas de cambio, por ejemplo. También hay que pensar en los talleres de reparación, donde el perfil profesional de sus trabajadores va a tener que adaptarse igualmente. Tenemos que ir trabajando en dotar a las plantillas de la cualificación necesaria para que estén preparadas cuanto antes.

¿Estamos a tiempo de reciclar a todo el sector?
Esta labor no pueda hacerla nadie mejor que las organizaciones representativas de trabajadores y empresarios, junto con los poderes públicos, para adecuar no solo las necesidades de las grandes multinacionales alemanas y francesas, que son capaces de adaptarse, sino del tejido de las pequeñas y medianas empresas que pueden verse abocados al cierre en el plazo de una década.

No obstante, ha habido voces en el sindicalismo que reclaman continuar con la producción de coches de combustión.
Hay algunos debates que deberían estar superados. Nos dirigimos a un proceso de descarbonización de la economía y es imperioso reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera. No es bueno darse cabezazos contra la pared.

¿Hay riesgo de perder empleos?
El mayor riesgo que prevemos es que las multinacionales pretendan distribuir la carga de trabajo en función de una subasta a la baja que pueda conducirnos a una carrera hacia la reducción de salarios y condiciones laborales.

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