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Entrevista
Economista, politólogo, empresario y banquero en Venezuela

Miguel Ignacio Purroy: “Los políticos de Venezuela han destrozado millones de vidas”

Iba para jesuita y se convirtió en un referente de la economía venezolana. El pamplonés Miguel Ignacio Purroy Unanua, de 72 años, ha ocupado cargos directivos en bancos del país caribeño. Pero cuando la vida en Caracas se convirtió en ‘una pesadilla’, se trasladó a las islas Bermudas, en el Atlántico y a hora y media de Nueva York, donde impulsa ahora una sociedad de desarrollo de hoteles de lujo

Foto de Miguel Ignacio Purroy, la semana pasada en Pamplona, donde viaja todos los años para visitar a su familia. Él vive en Bermudas.

Miguel Ignacio Purroy, la semana pasada en Pamplona, donde viaja todos los años para visitar a su familia. Él vive en Bermudas.

Actualizada 12/09/2019 a las 17:12
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Miguel Ignacio Purroy Unanua es casi un venezolano. Habla con ese acento melódico y cantarín del país caribeño, por mucho que se esfuerce en marcar las ‘z’ y las ‘c’ y ser un navarro más. Y, como a su tocayo Miguel de Unamuno “le dolía España” en los años previos a la Guerra Civil, para él es “extremadamente doloroso” ver la situación en la que se subsiste en esa nación a la que “ama” y donde aterrizó por casualidad a los 17 años. Pamplonés del Segundo Ensanche (nacido el 30 de julio de 1947) y antiguo alumno del colegio San Ignacio (Jesuitas) de la calle Bergamín, quiso ser novicio en Loyola (Guipúzcoa). Allí pidieron voluntarios para viajar a Venezuela y no se lo pensó dos veces. Pero, a los tres años, le enviaron a estudiar Filosofía en Munich. Abandonó la vocación, regresó a Caracas, y tres años después volvió a Alemania a cursar Economía y Ciencias Políticas en Hamburgo. Pero, de nuevo, hizo un viaje de vuelta al país Caribeño y desde entonces ha sido una de las grandes ‘mentes’ de la economía nacional. En la teoría, como investigador y profesor universitario; y en la práctica, al frente de grandes empresas y del mundo de la banca. Casado en dos ocasiones y padres de tres hijos, de 37, 30 y 10 años, él mismo se define como alguien “muy inquieto”. A sus 72 años, suma seis libros sobre economía; miles de alumnos que lo tienen como referente y una obra social y en valores en las empresas que ha dirigido, fruto de ese espíritu jesuita de sus años de juventud. Impulsado por la ‘pesadilla’ que se vive en Venezuela, cerró su casa de Caracas y dejó sus dos coches en el garaje, “como si fuera a volver mañana”, y se ha instalado con su esposa y sus dos hijas (su hijo vive en Miami) en las islas Bermudas, perdidas en el Atlántico y a hora y media en avión desde Nueva York. ¿El objetivo? Invertir e impulsar una sociedad de desarrollo hotelero (Hotelco International) con establecimientos en las Bermudas y el Caribe. Pero a pesar de este peregrinaje por el mundo, no olvida sus raíces pamplonesas y regresa todos los años a la capital navarra. “Mis seis hermanos y sus familias viven aquí y, como dicen, son muy ‘PTV’ (de Pamplona de toda la vida)”, bromea. Y asegura que, si algún día jubila, algo que aún no tiene muy claro, “será en Pamplona, 100%”. Aunque sigue siendo “muy venezolano”. “En los recientes cursos de verano de Civican sobre la Unión Europea, una pareja de venezolanos me preguntó si era de allí. ¡No se creían que hubiera nacido en Pamplona!”, se ríe.

Cuando usted llegó a Venezuela, en 1965, era un país próspero al que emigraban muchos españoles escapando de la pobreza. Y ahora la inflación ahoga a la gente, millones de personas huyen y en España los venezolanos son la primera nación de inmigrantes, muchos refugiados políticos...

La Venezuela que yo conocí entonces era el primer mundo en muchas cosas. Y España, el segundo o el tercero. El nivel de vida era muy superior al nuestro y así siguió hasta finales de los ochenta.

¿Que ocurrió entonces?

Venezuela ha tenido siempre dos problemas. Que la riqueza petrolera le ha impedido desarrollar otras fuentes de producción. El Estado ha sido dueño del petróleo y ha vivido de la ‘renta petrolera’. Además, toda la clase dirigente, política y empresarial, hacía buenos negocios con el petróleo, algunos de ellos corruptos. Paralelamente, existía una creciente población marginada, que acumulaba una gran decepción. Y en este panorama, irrumpió Hugo Chávez en 1992, con un golpe de Estado. En un momento en el que empezó a tocar la fibra a esa masa resentida.

Pero no fue hasta 1999 cuando ganó las elecciones y alcanzó el poder...

Sí, y con un discurso muy esperanzador, reivindicativo y redentor. Tenía un proyecto político muy claro, con la promesa de adecentar el país y ¡le votaron hasta las clases medias! Pudo llevar a cabo este proyecto porque contaba con una inusual bonanza petrolera, pero la corrupción continuó magnificada. El problema llegó en 2011 cuando enfermó de cáncer y el negocio petrolero declinó. Entonces, el sistema se empezó a deteriorar porque era muy personalista y los populismos se hicieron evidentes. Con Nicolás Maduro, el pupilo de los Castro desde los 15 años porque se formó en Cuba, Venezuela se ha terminado de convertir en un país donde nada se produce y todo se importa. Porque se expropió a las grandes empresas, a los productores... Por eso, el país esta desabastecido. En los supermercados solo pueden comprar los privilegiados que cobran en dólares.

¿Y qué pasa con el resto de la población?

Pues que la inmensa mayoría vive de las dádivas del estado, de esas cajas con alimentos básicos que se reparten (y que reciben siete de cada diez familias). ¡Pero esta política tiene sentido para el régimen chavista-madurista! ¡Así se aseguran los votos de estas personas!

Es decir, que mucha gente vive del Estado.

Y de las remesas que mandan los cuatro millones de emigrantes. Muchos viven en Estados Unidos y España pero cada vez salen más a Colombia y de ahí pasan a Ecuador y Perú. Hace dos fines de semana pasado hubo altercados en la frontera...

Usted que es economista, explique qué está ocurriendo con la inflación, que sube de día en día y está evaporando los salarios...

A mis alumnos les explicaba siempre la inflación de un modo muy sencillo: si tienes 200 euros y diez sillas, cada una cuesta 20. Pero si tienes 400 euros y las mismas sillas, el precio de cada una será el doble. Lo que ocurre es que hay una emisión exagerada de dinero para pagar los sueldos de los funcionarios. Pero son cantidades vacías, sin soporte, que no vienen de ninguna producción. Por eso, todo cuesta tanto. Este proyecto político ha derivado en una banda de ladrones y criminales que se han apoderado del Estado para su beneficio.

Por no hablar de la falta de libertad de expresión y de los presos políticos...

Yo tengo relación con varios de ellos, entre los que cuento a Leopoldo López (opositor al régimen y que fue alcalde de Chacao ocho años) y me quito el sombrero ante estos políticos jóvenes (López tiene 48 años), sean de la ideología que sean. Porque hacer política en Venezuela es jugarse la vida. Te matan o lo que es mil veces peor, te meten preso. Las cárceles ahora son mucho peores que en la época en la que yo llegué (1965-68) y organizaba actividades culturales con los reclusos.

Antes de salir del país, ¿tuvo problemas?

No en cuanto a seguridad personal, porque siempre llevaba guardaespaldas y coches blindados, y tampoco en lo político, por las posiciones que ocupaba.

¿Piensan en regresar?

Vamos a visitar a la familia de mujer y tenemos la casa como si fuéramos a volver mañana. Me niego a quitar ni un alfiler de allí. Sería como resignarse y no queremos.

Usted que ha sido consejero del Banco Central de Venezuela (1994-95), que ha presidido BanCaribe, uno de los bancos más prestigiosos del país; y que ha escrito libros y artículos de economía (en la revista SIC, de los Jesuitas), ¿presentía que el país iba a terminar de este modo?

Amo a Venezuela y es extremadamente doloroso todo lo que está pasando. Cuando presidí BanCaribe y era también vicepresidente de la Asociación Bancaria, me tocó interactuar con Chávez y sus ministros. Yo creo que hice todo lo que pude... Pero, a veces, uno se pregunta si pudo haber hecho más. Creo que la clase social dirigente actuó de forma negligente y el progreso les ha estallado en las manos. Siempre he creído que no se puede progresar si no respetan los principios básicos de la equidad social. Los políticos son ahora dueños de un país destrozado. Lo que se traduce en millones de vidas destrozadas.

Desde su perspectiva económica y política, ¿por dónde cree que pasa la solución?

Solo con presiones internas, no hay forma de desalojar a un Estado forajido. Estados Unidos, China, Rusia y Cuba deberían ponerse de acuerdo porque la situación actual es insostenible y hay que tender hacia un régimen democrático. Pero, claro, todos ellos reciben cientos de miles de millones de dólares del petróleo.

Además de Venezuela, el otro país que conoce bien es Alemania, donde vivió ocho años. En su último libro, ‘Alemania y la crisis del euro. Una hegemonía fallida’, asegura que la unión monetaria no será viable a largo plazo. ¿Por qué lo cree?

Porque Alemania no ha querido ni quiere asumir el papel hegemónico que le corresponde. Sin ello, no es viable una moneda común entre países tan divergentes como los que conforman hoy la Unión Monetaria Europea (UME). Aprovechando la tranquilidad antes de la próxima crisis, propongo crear tantos euros como zonas monetarias “naturales” existen en Europa.

Antes hablaba de la equidad y los valores. Dice que es lo que intentó impulsar cuando presidió BanCaribe...

Yo llegué allí después de haber sido consejero del Banco Central y tras un año sabático en Oxford (Reino Unido), donde fui catedrático visitante y escribí Régimen cambiario y estabilidad inflacionaria. Al regresar a Caracas, como dicen los venezolanos, yo “no sabía de qué palo ahorcarme” y un amigo me animó a participar en este banco, primero como consejero y presidente de algunas filiales en el Caribe. Cuando llegué a la presidencia, en 2004, el anterior presidente, que además era el dueño, me pidió que le diera la vuelta al banco. Y eso hice. Modifiqué la imagen corporativa pero, sobre todo, me centré en la parte social. Financiamos al Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela y publicamos 150 biografías de personas ilustres venezolanos en colaboración con el periódico El Nacional. Fue una forma de acercar la cultura sobre el país, de una manera muy sencillita y divulgativa, a todas las clases sociales. Pero, sobre todo, intentamos inculcar valores entre los empleados. Todas las empresas con principios tienen garantizada su supervivencia a largo plazo. Si no, es imposible.

Del banco pasó a Mapfre (2014 a 2017 como consejero delegado) y su última aventura la protagoniza como inversor hotelero en las islas Bermudas. ¡Quién se lo iba a decir cuando ingresó de novicio!

(Se ríe). Es una forma de cerrar el círculo pero yo siempre he mantenido mis valores. Hemos salido de Venezuela porque la vida allí es una pesadilla y porque quería pasar más tiempo con mi hija pequeña, lo que no pude hacer con los otros dos. Primero empecé a trabajar desde casa y ahora vivimos en Bermudas, que es un paraíso. Y eso que mi esposa me dijo que no se iría de Venezuela, porque es “muy venezolana”, salvo que tuviéramos que hacerlo por trabajo. Así que me monté un trabajo en Bermudas (se ríe).

Dice que si se jubila algún día, regresará a Pamplona para cerrar del todo el círculo de su vida. ¿Qué es lo que más echa en falta de Navarra? ¿O ya nada?

Muchísimo, lo que más. Me encanta lo que en Venezuela llamamos ‘convivialidad’, esa camaradería tan típica de aquí, en la que todo el mundo va conversando por la calle, se saluda cuando se encuentra con los amigos... Eso ahora en Venezuela es impensable. En otro terreno, me encanta la verdura de Navarra, el jamón y hasta el pan (risas). Y sobre todo, mi familia.

“Me encanta pasear con mi hija por las calles de la Pamplona de mi infancia”





Miguel Ignacio Purroy Unanua disfruta como el niño que fue paseando por el Segundo Ensanche de Pamplona. Y vuelve a tener 10 años, los que suma ahora su hija Daniela Mariana, al recorrer esa calle con tan pocos portales, que es Doctor Huarte, junto al colegio Vedruna (Carmelitas), y ver la casa en la que vivió con sus padres y sus seis hermanos. Da un salto a su infancia al caminar, de la mano de su niña, por Carlos III, la calle Amaya, en la que se ha comprado un piso frente a la Plaza de Toros, o cruzar por delante del colegio San Ignacio (Jesuitas), en Bergamín, donde estudió y donde comenzó la aventura de su vida. “Cuando le pregunto a mi hija qué es lo que más le gusta de Pamplona, me dice, sin duda, que pasear conmigo de la mano”, se emociona. Una utopía en Caracas, donde transitan por la calle muy poco (y si lo hacen es con guardaespaldas) y conducen en coches con cristales blindados.

El cuarto de los Purroy Unanua nació en la Rochapea, donde su padre, Severiano Purroy Orte, regentaba un lavadero de lanas; en la que transformaba el pelo de las ovejas de la Cuenca de Pamplona en textiles que vendía a empresarios catalanes e ingleses. Pero a los cuatro meses, se trasladó con su familia al número 1 de la calle Doctor Huarte, en un Segundo Ensanche sembrado de grúas de edificios en construcción. Como sus hermanos varones, estudió en los Jesuitas de Pamplona y en el entonces internado de Javier. Y al terminar el Preuniversitario, sintió la vocación para ir al noviciado en Loyola (Guipúzcoa). “Entonces, era muy habitual. De cuarenta compañeros que terminamos el curso, diez fuimos allí para ser jesuitas”. Y cuando le quedaban 26 días para cumplir los 18 años, el 4 de julio de 1965, le “destinaron” a Venezuela, a Los Teques, una ciudad a media hora de Caracas, donde vivió tres años. “Pensaba que me iba a quedar allí de por vida e hice un gran esfuerzo por integrarme”. El noviciado, relata, era “muy abierto” y, además de la formación religiosa, hacían labor social. En su caso, visitar a los presos e iniciarles en actividades culturales (teatro...) Pero los Jesuitas decidieron que su “destino” sería impartir clases de Teología Bíblica en la universidad y le enviaron a estudiar Filosofía a Munich (Alemania). Y allí cambió su destino. “Era el mayo del 68, el país estaba en plena ebullición y me involucré en el movimiento obrero de los emigrantes españoles. Escribí mi tesis sobre Marx. Yo era un poco ‘izquierdoso’ (se ríe) pero siempre desde mi cristianismo y la Teología de la Liberación”.

Fue entonces, confiesa, cuando se replanteó su vocación, se salió de la congregación “pero en excelentes relaciones con los Jesuitas” y regresó a Venezuela, en contra del deseo de su madre. “Me decía: ‘Hijo, si ya no eres jesuita, ¿para qué vuelves?’ Lloró mucho”. Pero él no lo dudó: regresó al Caribe, fue profesor universitario dos años, viajó a Alemania a estudiar Economía y Ciencias Políticas y a los 29 años, regresó definitivamente a Caracas, donde se casó y tuvo dos hijos. “Me encantaba el mundo académico pero decidí probar suerte también en la empresa”. Empezó como gerente de una promotora de viviendas de interés social y de un grupo metal-mecánico, ambos vinculados a empresarios navarros , al tiempo que daba clases de Economía y escribía libros. En 1982 publicó 'Estado e industrialización en Venezuela', que se convirtió en un texto obligatorio para los estudiantes de Economía de todas las universidad del país y a él, en una personalidad. Como la que sigue siendo, aunque él prefiere mantenerse en el anonimato. Y disfrutar como un niño paseando con la suya por las calles de Pamplona que le vieron crecer.

‘Mecenas’ de una orquesta para ‘niños de la calle’
 

Aplausos de más de quince minutos con el público entregado y puesto en pie en grandes salas de conciertos. Ocurrió en Salzburgo (Austria). Pero no después de escuchar a virtuosos de filarmónicas centroeuropeas sino a músicos venezolanos adolescentes que, en su mayoría, provenían de sectores populares pobres. Y ese fue uno de sus logros vitales de los que Miguel Ignacio Purroy se siente más orgulloso. Sucedió a partir de 2004, cuando alcanzó la presidencia del Banco del Caribe (BanCaribe), una de las instituciones financieras privadas más ‘potentes’ de Venezuela. En aquella época, recuerda, él quiso “darle la vuelta” al banco impulsando la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), que entonces comenzaba a ponerse ‘de moda’. Y forjó una alianza con el Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, que integraba a más de 200.000 menores en todos los rincones del país, y financió los primeros viajes al extranjero de la Orquesta Juvenil Simón Bolívar, dirigida por Gustavo Dudamel. “Cada viaje al extranjero nos costaba mucho dinero pero era algo tan maravilloso... A través de la música, muchos niños salían de la pobreza”, asegura. Y rememora lo que apuntaba el fundador de este sistema de orquestas, el músico y educador venezolano, José Antonio Abreu: “Un niño en la orquesta es un niño salvado”. “En las zonas populares del interior, que nunca habían tenido contacto con la música clásica, las familias se emocionaban. Y en los barrios duros de Caracas, era un orgullo que un niño fuera por la calle con la funda de un violín”.

DNI

Hijo de Severiano Purroy Orte, de Lumbier y dueño de fábrica de lanas en la Rochapea; y de Jesusa Unanua Mezquíriz, de Muez; es el cuarto de siete hermanos: Andrés (nefrólogo en la CUN), Francisco Javier (perito agrícola), Maite (enfermera), Antonio (catedrático ingeniero agrónomo de la UPNA y conocido aficionado taurino), José María (consejero en empresas y ex jefe de gabinete de Obras Públicas) y María Jesús (abogada). Nacido en Pamplona el 30 de julio de 1947, Miguel Ignacio Purroy viajó a Caracas como novicio jesuita en 1965. Estudió Filosofía, Ciencias Políticas y Economía en Alemania (Munich y Hamburgo) y abandonó su vocación. A su regreso a Venezuela, se casó y tuvo dos hijos: Laura (37 años) y José Ignacio (30). Divorciado, volvió a casarse en 2005 con la abogada venezolana Rosángela Pino, con quien tiene una niña de 10 años, Daniela Mariana. Catedrático y doctor en Economía por la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, ha compaginado la docencia (Venezuela y Oxford) con el trabajo empresarial (gerente de una constructora de viviendas de interés social, consejero del Banco Central de Venezuela, presidente del BanCaribe...) con la escritura de libros: ‘Estado e industrialización en Venezuela’, ‘Alemania y la crisis del euro’... Ahora es socio de Hotelco International y coordinador de desarrollo hotelero en el Caribe y las Islas Bermudas.
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