Hostelería
Cierre del bar Ilargi: la luna se apaga en Lekunberri
El mítico bar Ilargi echa la persiana después de “42 años y un mes”. Lanzará este jueves el cohete junto a la librería Lanbroa y la panadería Galburu, cuyos cierres dejan un vacío en el comercio local


Publicado el 07/10/2026 a las 05:00
El domingo, a eso de las seis de la mañana, cuando la luna iluminaba charlas amistosas de noctámbulos recelosos de volver a casa, en la barra del Ilargi (luna en euskera) resbalaban lágrimas. Begoña Garro Echarri trataba de animar a desconsolados por la última ronda en un bar mítico que fue, a decir de una de sus impulsoras y últimas propietarias, lugar de encuentro y “socialización” en el entramado de relaciones de Lekunberri.
Situado en la calle Aralar, a la altura de la ermita de El Pilar, el cierre de persiana al alba del domingo dejó un poso de tristeza y lamento en la comunión de regentes, camareras y clientes, extendida al conjunto de la localidad. Su pérdida, junto con las sentidas de la librería Lanbroa y de la panadería Galburu, se convertirá mañana en un reconocimiento a quienes se ocuparon de su atención en esa trama social que conforman el comercio y la hostelería en un pueblo. Por elección vecinal, lanzarán el cohete de fiestas. El cierre de tres establecimientos emblemáticos, con más de tres décadas cada uno, deja un vacío.
Los tres –dice el alcalde, Arkaitz Goikoetxea (EH Bildu)– “han ofrecido un gran servicio al pueblo”. Con su elección para anunciar las fiestas, los vecinos han querido en cierto modo reconocer la importancia de “un comercio de cercanía”. Por el poso dejado en su propia vida, Begoña Garro recuerda con exactitud el tiempo en que el bar Ilargi ha permanecido abierto: “42 años y un mes”.
Su pena es mayor por ausencia de relevo que dé continuidad a su sueño. Con la jubilación hace “año y medio” de Lourdes Echarri, que hoy representará al local en el protocolo anunciador de fiestas, Begoña se había quedado sola. No podrá entregar el testigo por exigencias en la concesión de créditos a interesados en portarlo. Tenían tres ofertas, pero ninguna pudo prosperar por las condiciones bancarias, afirma. El final de una etapa obliga necesariamente a conocer sus inicios.
Fueron “cuatro amigas” –Begoña, su hermana, Alicia; su prima, Ana Telletxea Echarri; y la que ha sido su última socia, Lourdes Echarri Begiristain–, las que unieron sus fuerzas y ataron sus destinos en el establecimiento. Tal y como recoge un escrito anónimo leído por un asiduo con motivo de la despedida, “los inicios fueron muy ilusionantes y duros pero ellas le ponían trabajo e ilusión, y ponían pasteles para la hora de merendar. Conseguían que las etxekoandres (amas de casa) fueran a tomar café y pasteles”. La adaptación de los tiempos obligó a ajustar la oferta a cada momento y demanda. Y así la evolución llenó el bar de “exquisitas hamburguesas, sandwiches.., siempre diversificando para que su clientela acudiera”.
El hábito de asistencia fue traspasándose de padres a hijos para convertir el Ilargi en engarce de distintas generaciones.
CONCIERTOS
Recuerda Begoña Garro que al principio el bar hacía de escala en camino hacia la discoteca de Las Malloas. Por entonces y después también, contribuyó en gran manera a crear ambiente, A la par de su “increíble colección de discos” que disponía, como recuerda la voz anónima del relato histórico, en su interior se escuchó “buena música”. Una de sus últimas regentes recuerda actuaciones en directo de Berri Txarrak, a los que está unido por vínculo de vecindad, Tijuana o Huajolotes, entre otros. El agradecimiento ofrecido en la despedida estuvo aderezado de recuerdos a clientes concretos que dejaron un poso de su persona en tertulias distendidas y encuentros imborrables. El anonimato abrazó a la mayoría en tardes y noches prolongadas. Fueron “miles y miles de personas adorables, del pueblo de toda la vida, las que entraban al Ilargi con la misma familiaridad con la que entraban en el salón de casa”. La luz de la luna permanecerá siempre encendida en la historia de Lekunberri.
