Medio Ambiente

Belate, donde historia y naturaleza se encuentran

Extensas praderas y bosques de hayas y robles conforman el paisaje de los montes de Belate, un lugar tranquilo y bello ajeno al debate político en torno a la obra del túnel 

Belate
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La turbera de Belate, considerada un archivo botánico de la zona, ocupa una superficie de 2,5 hectáreas y tiene una profundidad de 3,8 metros en su parte más profundaARCHIVO
Belate

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María Lizaso

Actualizado el 10/04/2026 a las 15:54

Los montes de Belate atesoran una enorme riqueza tanto medioambiental como histórica, ya que han sido lugar de paso obligado desde hace siglos. Por sus bosques y prados los romanos construyeron hace 2000 años una calzada que les permitió unir Tarragona e Irún. A ellos les siguieron comerciantes, tropas militares, arrieros y peregrinos a Santiago de Compostela. Pero por sus caminos merodearon también ladrones, bandoleros y, como no, contrabandistas. 

Belate se extiende en un total de 26.067 hectáreas repartidas principalmente entre los ayuntamientos de Baztan y Ultzama, aunque también alcanza a Esteribar, Anue, Lantz, Basaburua, Bertizarana, Donamaria, Oitz, Urrotz, Beintza-Labaien, Saldias, Eratsun y Ezkurra. Divisoria de aguas entre el Cantábrico y el Mediterráneo, cobija en su interior bosques de hayas, robles y castaños centenarios, así como una enorme variedad de plantas, algunas de ellas endémicas de la zona. La mayor parte del terreno, el 87,99%, son comunales y propiedades públicas. Una de sus joyas más preciadas es su turbera, recuperada en 2010, y que alberga algunas especies de flora de mayor valor por su originalidad, como las plantas carnívoras Drosera rotundifolia y Pinguicola lusitanica. Por todo esto, el Gobierno de Navarra declaró Belate Zona de Especial Conservación (ZEC) en el año 2014. 

Los hayedos ocupan alrededor del 55% de la superficie total, mientras que los pastizales y los brezales representan casi el 20% de la ZEC. En el resto del espacio destacan los prados y robledales. De hecho, Belate es uno de los lugares Red Natura2000 más importantes para la conservación de los pastizales acidófilos montanos, que se extienden por los rasos de las cumbres que conforman la divisoria de aguas y realizan una importante función de sujeción del suelo en zonas de pendientes acusadas.

Belate cuenta además con numerosas regatas, tanto en la vertiente sur como en la norte, algunas de las cuales acogen especies de flora de interés, como la Soldanella villosa, especie amenazada a nivel regional. 

LA TURBERA, UN ARCHIVO BOTÁNICO

La turbera de Belate merece un capítulo propio al abordar los distintos ecosistemas de este enclave. Ocupa una superficie de 2,5 hectáreas y tiene 3,8 metros en su parte más profunda. Comenzó a crearse hace unos 17.000 años debido a la lenta descomposición de materia orgánica en el agua, en este caso de unos musgos denominados esfagnos. Con el paso del tiempo se ha ido produciendo una acumulación de turba, a razón de 1 centímetro cada 50 años, cuyo análisis permite conocer la evolución del paisaje y de sus diferentes usos, por lo que se les considera verdaderos archivos de la historia de la zona.

Este lugar sufrió una gran transformación a finales del siglo pasado debido a que fue drenada para poder aprovechar la zona como lugar de pasto para el ganado. En 2010 se llevaron a cabo trabajos para revertir ese proceso y permitir que el agua volviera a colonizar el espacio perdido.

Entre las especies de flora que alberga la turbera destacan por su rareza y singularidad la Lycopodiella inundata y la Hydrocotyle vulgaris

REFUGIO DE ANFIBIOS Y AVES

Belate alberga gran cantidad de especies animales, algunas de ellas en peligro de extinción, como el cangrejo de río, que cuenta con un plan de recuperación en Navarra. Entre los anfibios destacan la salamandra, la rana bermeja y el sapo común. La turbera alberga a la lagartija de turbera, considerada ‘casi amenazada’ por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). 

En cuanto a las aves, hay 36 especies reproductoras catalogadas en Belate. Destaca la presencia del pico dorsiblanco, en peligro de extinción. También hay ejemplares de águila real, halcón peregrino y alimoche. Y se han detectado al menos 18 especies de murciélagos de interés. Asimismo, Belate es lugar de paso obligado para numerosas especies de aves migratorias que atraviesan los Pirineos por su flanco oeste. 

Entre los carnívoros, destacan el gato montés, señalada como especie amenazada, y la marta, que ha colonizado la zona procedente del Monte Alduide.  

CUANTIOSO PATRIMONIO HISTÓRICO

Para sentir y disfrutar de la belleza de Belate, lo más recomendable es recorrer sus bosques y prados por alguno de los caminos que lo atraviesan y que están cargados de historia. Una buena opción es el sendero de gran recorrido GR-12, pero también se puede utilizar la antigua calzada romana o el Camino de Santiago baztanés.

La presencia humana en esta zona está documentada desde la época prerromana, gracias a los monumentos megalíticos hallados sobre todo en el cuello de la ermita de Santiago de Belate (ermitako lepoa). Este punto acoge varias construcciones como crómlech, túmulos e incluso un menhir. La mayoría de ellos están datados en la Edad del Hierro ( 900 - 100 a. C.).

La vía romana Tarraco-Oiasso (Tarragona-Irún) atravesó esta zona montañosa desde Arraitz-Orkin (Ultzama) hasta Bentaxar, “con una distancia de 8.310 metros y una anchura estimada entre 7 y 10 metros, mantiene un desnivel medio continuo de 4,2%. Desde Bentaxar a Gaztelu hay una distancia de 18.804 metros y la pendiente media es del 3,7%”. El descenso de Gaztelu a Doneztebe (2.528 m.) tiene un desnivel del 4,3%, tal y como recogen Rafael Zubiria y Juan Mari Martínez en su libro ‘La vía romana Tarraco-Oiasso en Navarra y otros caminos mineros’. Los autores destacan que, pese a tratarse del tramo de la calzada más complicado, mantiene pendientes muy asumibles para una vía comercial. Zubiria y Martínez  sostienen “la existencia de caminos con anterioridad a la llegada de los romanos”, pero estos “no reunirían los requisitos exigidos por los ingenieros romanos para la construcción de las grandes vías que debían articular el imperio”. Recientemente se han descubierto otras dos calzadas mineras que se dirigen al norte, una de Bera a Itxasu por Ibardin y otra de Ventas de Etxalar a Sara por Lizarrieta.

CAMINO DE SANTIAGO BAZTANÉS

La otra gran vía que vertebra Belate es la que utilizan desde hace siglos los peregrinos que se dirigen a Santiago de Compostela desde Bayona a través de Baztan. Una vez cruzado Almandoz y superada la venta de San Blas, la calzada inicia la subida del monte, al este de la carretera, hasta alcanzar su cota máxima de 920 metros en el collado de la ermita de Santiago, documentada ya en el siglo XII. A finales del siglo XX solo quedaba de ella su silueta pétrea, por lo que la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Baztan y Urdax decidió reconstruirla en auzolan y pudo ser reinaugurada en 2016. 

Cerca de allí, a menos de 1 kilómetro de distancia, se encuentra la ermita dedicada a Santa María de Belate, erigida en el s. XII, como parte de un monasterio-hospital. Se trata de una nave de cinco tramos cubierta de cañón apuntado y con una portada de cuatro arquivoltas sencillas.

Otro punto destacado en la fisonomía de Belate es el fuerte de Guenduláin, que fue construido  al terminar la III Guerra Carlista (1872-1876) con el fin de establecer una línea de observación y custodia en puntos estratégicos. 

La carretera a Francia que atraviesa el puerto de Belate (NA-1210) fue abierta en el siglo XIX. Con ella nació la Venta de Ultzama para dar cobijo y manutención a los viajeros. Desde 1896 ha sido la familia de Felisa Goñi Ezcurra la encargada de ofrecer su hospitalidad a quienes les visitan. Sin duda, su tradicional cuajada con sabor a quemado captura la esencia de los pastos, los bosques y l a rica historia de Belate.

De Francia a Santiago pasando por Belate

Esta ruta ha sido usada por mercaderes, tropas militares y peregrinos desde la Edad Media. Frente al Camino de Santiago francés, esta vía ofrecía la ventaja de ser más corta y cómoda. Entre los puntos para asistir a los caminantes, destaca la ermita-refugio de Santiago de Belate, recuperada en 2016 por los vecinos de Baztan.

Ermita de Nuestra Señora de Belate​

Situada en la falda del monte Loiketa junto al nacimiento del río Ultzama, esta iglesia pertenece al antiguo monasterio-hospital de Santa María de Belate, fundado entre 1156 y 1165. En la Edad Media el hospital vivió un período de intensa actividad, pero a partir del s. XVI entró en decadencia y en 1793 fue devastado por las tropas francesas.

La efímera vida del fuerte de Guenduláin

El fuerte de Guenduláin, también conocido como el castillo de Belate, fue construido entre 1880 y 1883, recién finalizada la III Guerra Carlista. De planta de cruz griega, tenía capacidad para alojar a dos oficiales y 70 soldados. Tuvo una vida efímera ya que fue abandonado a principios del siglo XX​.​

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