Fátima Román, la auxiliar de Bera que reanimó a un bebé de un mes en un avión: "No estaba segura pero el masaje cardíaco sirvió para salvar la vida"
Natural de Hernani y auxiliar en la residencia, la urgencia le pilló en pleno vuelo de regreso de vacaciones, entre Las Palmas y Hondarribia


Actualizado el 04/06/2025 a las 20:32
La mañana del miércoles 4 de junio incorporó la novedad en la rutina de trabajo de Fátima Román Salpico de abrazos y palmadas de reconocimientos de compañeros e internos en la Residencia de personas mayores de San José. Hasta en un tablón de anuncios apareció su rostro embutido en un traje de superwoman. Fue un guiño de simapatía y afecto de compañeras. No era para menos. El domingo, en el vuelo de regreso al aeropuerto de guipuzcoana Hondarribia desde Las Palmas de Gran Canaria, logró reanimar a un bebé de una parada cardíaca. Es lo que intuyó quien ejerce de auxiliar de clínica desde hace 21 años en la residencia beratarra tan pronto como sostuvo en sus brazos el pequeño cuerpo sin síntomas aparentes de vida.
En un momento de desesperación, desde las primeras filas de asientos, se oyó el grito desgarrado de una madre. “¿Hay un médico, hay un médico?”. La voz de una azafata recorrió el avión. No hubo respuesta. En medio de las lógicas dudas y de repetir a su marido, Rafa Sarobe Santesteban, que ella era una auxiliar de clínica, Fátima Román respondió a la urgencia. “Lo primero que hice -según relató a El Diario Vasco- fue medirle el azúcar pero dio 160”. Al menos, por esa parte, los niveles no eran malos. “Le toqué el moflete y no notaba nada. No le encontraba el pulso de ninguna manera, ni en el pecho, ni en la muñeca... Nada”.
Consciente de la gravedad, la auxiliar de clínica, originaria de Hernani y de 49 años de edad, colocó sus dedos índice y corazón sobre el torso del pequeño y comenzó a practicar el masaje cardíaco. “Cada año o cada dos años más o menos, hacemos un cursillo en la residencia para que no se nos olvide lo aprendido. Ahora bien, esto del masaje cardíaco se aprende en cursillos de primeros auxilios”, aprecia. La maniobra resultó fructífera para alivio de del pasaje, empezando por la madre desesperada y siguiendo por la vecina de Bera, volcada en una situación más que comprometida. Su intuición e insistencia surtió efecto en el cuerpo, cuyo corazón comenzó a latir. El pulso, que hasta ese momento era inaudible, empezó a recobrar su ritmo.
Con la reacción de vida, Fátima -que viajaba de regreso a casa junto a su marido de nueve días de vacaciones-, sintió esponjarse su propio corazón con un reguero de alegría. “Sabía que lo correcto era estar haciéndole el masaje cardíaco. Es como si se apretara el pantalón de una persona con unos pequeños golpecitos”, reveló a este periódico.
“Sé que el corazón de los bebés late muy rápido, a 160 o 170 pulsaciones por minutos”, describió a El Diario Vasco. A medida que aumentó la secuencia de latidos, la piel recobró su color. Lo peor había pasado. La maniobra, como en situaciones críticas, pareció durar una eternidad. “No sé si fueron dos minutos o una hora. No tengo ni idea. No lo sé. Lo que sí recuerdo es que me dije a mí misma ‘no voy a parar” hasta que lo consiga”, evoca. La hazaña de la vecina de Bera es más que merecedora de admiración. Tiene limitadas sus capacidades visuales, con el reconocimiento del 86% de minusvalía, que no le impide desempeñar sus fuciones en la residencia San José. La ONCE, a la que está afiliada junto a su marido, les animó a difundir la buena nueva.
Desvío a Jerez
El episodio del domingo, difícil de olvidar, no quedó ahí. Cuando el bebé había recuperado su tono vital, recibió una interpelación que aumentó el peso de responsabilidad que estaba soportando. “¿Aterrizamos de emergencia?”, le espetó la sobrecargo de la tripulación. “’Pero, ¿yo tengo que decidir eso?’, le respondí. Que yo no soy nadie”. Consciente de sus capacidades y conocimientos, Fátima Román no pudo salir de su asombro. Eso sí una respuesta suya resolvió la incógnita instalada en el avión. “Si fuese un hijo mío, aterrizaría”. Los suyos tienen 17 y 19 años. No se habló más. El comandante de la aeronave ordenó desviarse hacia el aeropuerto de Jerez de la Frontera. La heroína de Bera hizo el resto del viaje con el bebé en sus brazos y con una idea rondándole en la cabeza: “Sólo pensaba que no se me escapase en el aterrizaje”. Aunque el niño era pequeño con apenas un mes de vida, no tenía suficiente espacio para atarse el cinturón. A su lado llegó un pasajero, que hizo de traductor con la familia del pequeño, originaria de Mauritaria. Por las explicaciones ofrecidas, supo que había nacido con una malformación. Al aterrizar en Jerez, los servicios sanitarios se hicieron cargo de la situación. “El niño lloraba. Estaba súper relajado pero bien”. Fátima lo había logrado.
“No estaba segura pero el masaje cardíaco sirvió para salvar la vida”
“No estaba segura pero luego pensé: ‘el masaje cardíaco ha servido para devolver la vida a un niño’”. Mayor satisfacción no puede sentir un ser humano que ayudar a un pequeño a abrirse camino en la vida. Lo experimentó Fátima Román Salpico cuando la ambulancia, a pie de pista en el aeropuerto de Jerez, trasladó al pequeño al hospital. Al regreso a su asiento en el avión para retomar el vuelo hasta la localidad guipuzcoana de Hondarribia, fue acogida en medio de un estallido de aplausos. Fue sentarse y su cuerpo entró en tensión. Sintió que la adrenalina, hasta entonces oculta bajo el manto de una aparente tranquilidad, explotaba en su interior. Las lágrimas resbalaron por sus mejillas. Tardó horas en digerir el impacto emocional sentido. Esa noche, la del domingo al lunes, no logró reconciliar el sueño. Este miércoles por la mañana, estaba inmersa en su rutina laboral. Después de servir desayunos y la medicación a los mayores de la residencia San José, una compañera le animó a que saliese y se fijase en una pared. Allí estaba su imagen de superwoman. Entre saludos y respuestas a medios de comunicación que querían reflejar su experiencia única, rumiaba un único lamento: “Conocer el estado de salud del pequeño. No sé nada”. Desconoce, porque tampoco no se lo hicieron saber en medio de la situación crítica, el nombre de aquel al que salvó la vida. “Me gustaría que la familia pudiese ponerse en contacto o, al menos, tener información de cómo está el bebé”, reconoció por la tarde, una vez concluida su jornada de trabajo.
Binter, la compañía aérea que operó el vuelo Las Palmas-Hondarribia, le obsequió con un viaje para dos personas a Gran Canarias. “Habíamos pensado en regresar en agosto y ahora nos han ofrecido otro viaje. Tenemos un año por delante para poder disfrutarlo”, afirmó.


