Carnaval
Las carrozas bailan en Sunbilla
Las calles de la localidad del Alto Bidasoa acogieron este domingo 26 de enero el tradicional desfile que este año dio cita a doce carrozas. Decenas de vecinos y foráneos acudieron a disfrutar de los bailes y representaciones

Publicado el 26/01/2025 a las 18:20
A las 11 en punto de la mañana de este domingo 26 de enero, como empujadas por los vientos propios de la alerta naranja, doce carrozas emprendieron desde lo alto de Sunbilla su tradicional recorrido por las calles de la localidad. Tras franquear la zona de los caseríos, se adentraron en el pueblo, donde sunbildarras y foráneos los esperaban apiñados en distintos puntos señalándoles el camino.
Con el viento que también atravesaba el pueblo venían gotas de una lluvia intermitente. Pero esta no complicó el paso de ninguna carroza. Detrás de los aperitivos que abrieron el desfile ambientados con ritmos rurales, venía el automóvil de Mary Poppins en su versión local: Maritxu Popins. Su acompañante en traje rojo de rayas conducía una Vespa y los más pequeños le seguían el paso vestidos como ingleses del siglo pasado. Detrás de ellos, una boca de zorro se abría y se cerraba con un fondo musical que hacía bailar a seis pollos de colores montados por espantapájaros.
Una versión pintoresca y original de Asterix y Obelix caracterizó a la tercera carroza. Una casa típica de la aldea de la Galia y una cesta elevadora desde donde Asterix lo veía todo sacaron más de una sonrisa en el público.
Baile de todas las edades
Todos los personajes bailaban a la vez que luchaban con los soplos de viento. Pero fueron los integrantes de un coro góspel, los asistentes a un llamado “Jubilo Dance” y los bailarines de un “Hip Hop street music de la tercera edad” los que sorprendieron con sus coreografías. Las presentaron en la calle Donibane, uno de los puntos donde se suele aglomerar la masa espectadora para ver la bajada de las carrozas.
Otro punto similar es el cruce del puente que atraviesa el Bidasoa. Allí se encontraba Mila Errea Larramendi, una pamplonesa de 61 años a la que le contaron hace tres del carnaval rural y le gustó tanto la idea que no ha dejado de acudir desde entonces. “Son carrozas muy imaginativas y le dan vida y mucho ambiente al pueblo”. Lo que la atrapó, sin embargo, fue el hecho de que en el desfile ningún vecino se queda sin bailar: “Es muy bonito porque es intergeneracional y participa todo el pueblo”.
De las favoritas
Hacia el final de la exhibición de las carrozas, la grandeza de un castillo medieval dieval se alzó entre las casas rurales de Sunbilla. Detrás de él desembarcaron hombres con pintura en la cara, hacha en mano y prendas de cuero. La guardia del rey los enfrentó con espadas pero los escudos de madera vikinga se impusieron e invadieron el castillo. La actuación de esta cuadrilla de jóvenes sunbildarras implicó a su público y le sacó varias sonrisas. El grupo de amigas de June Barragues Txapartegui la disfrutó en primera fila. La irundarra de 18 años detalló que el año pasado se quedaron sin ver el desfile y que tenían muchas ganas de que llegara la temporada de carnavales para visitar el pueblo, que queda a solo media hora de su ciudad natal. ¿La razón? La originalidad de las carrozas. “En Sunbilla es todo muy diferente y más colorido”, comentó.
Pasadas las doce del mediodía, la música seguía retumbando en las paredes de las casas sunbildarras. El viento aún acompañaba a los personajes cuando desfilaron por el puente del Bidasoa e hicieron una última parada antes de llegar a la carretera de salida de la localidad de Malekerra.
