Iglesia
Curtis Williams, de Chicago a San Miguel de Aralar
Curtis Williams, 61 años, trabaja en San Miguel de Aralar desde septiembre, atiende la recepción, las visitas guiadas... como un ermitaño del siglo XXI y profundiza en su proyecto de peregrinaciones. Católico converso desde los 16 años, en el clima de aquellos años en Mississipi, donde estudió Secundaria


Actualizado el 10/01/2025 a las 23:39
Curtis Williams atiende amable con su acento americano la recepción y la tienda de San Miguel de Aralar. Abre el santuario cada mañana, duerme allí, como un ermitaño del siglo XXI. Un hombre de 61 años, con una densa historia, que arranca en Joliet, una ciudad del extrarradio de Chicago.
Curtis estudió Primaria en su ciudad y Secundaria en Mississipi, de donde era originario su padre. Aquellos años le marcaron. Menciona la película ‘Arde Missisipi’ (1988) para explicar el clima que se vivía allí. “Había mucha memoria viva de todo lo malo que había pasado, del racismo, del Ku Klux Klan, el anticatolicismo era fuerte, la población católica rondaba el 2%, pero tenía amigos católicos en el norte”, apunta que se desplazó luego a Philadelphia y a la Universidad de Chicago, donde cursó Ciencias Religiosas. Pone en contexto su conversión al catolicismo, con 16 años.
Su vida se estabilizó como profesor de Secundaria en un instituto carmelita. Hasta que leyó un libro que supuso un definitivo punto de inflexión: “Un abrazo para el apóstol de la autora canadiense-inglesa Laurie Dennett, sobre su experiencia de peregrinación a Santiago de Compostela en 1985, cuando no había llegado el boom del Camino, lo hizo para recaudar fondos dirigidos a una asociación benéfica con la leucemia”. Esta obra fue inspiración el primer Camino de Curtis. Lo empezó desde Chartres, como ella, era su único referente. Pero lo tuvo que cortar en San Juan de Ortega por la muerte de su madre. Regresó a Estados Unidos y al año siguiente partió desde San Juan de Pie de Puerto. Era 1996. Llegó a Santiago. “No sabía nada de España y me fascinaban las diferentes culturas a lo largo del Camino, las diferencias entre Navarra, Castilla, Galicia... Había estudiado castellano en la Universidad, pero no lo hablaba por falta de uso y pensé que me gustaría estar aquí unos años, vine a hacer un máster en la Universidad de Navarra, en Lengua y Literatura españolas, en 1998, con la idea de estar un par de años uy volver. Pero no he vuelto, he acabado aquí”, sonríe al otro lado del mostrador. Sumaba 26 años en Pamplona, donde fue profesor hasta 2016. Entonces se embarcó en su proyecto en torno a las peregrinaciones, que la pandemia mermó. No sucumbió y en ello sigue.
En septiembre recaló en el santuario de Aralar para cubrir la baja de Pedro Saralegui, por unas seis semanas. Antes se había reunido con Mikel Garciandía, obispo de Palencia y actual responsable de Santuarios, Cofradías y peregrinaciones en la Conferencia Episcopal. Él sabía del proyecto de Curtis en torno a las peregrinaciones y la juventud. Lleva años enfrascado en ello y puede que Aralar sea el lugar en el que fructifique “porque el hilo conductor era el Camino, pero también otras peregrinaciones, con la idea de tener una formación durante el trayecto”. Se ha reunido con el propio Mikel Garciandía, y con su hermano Alfonso, capellán de Aralar, además de sor Guadalupe Escudero, en Zamartze.
“Hay un autor católico inglés, Joseph Pearce, que vive en Estados Unidos y tiene una historia de conversión muy interesante, en su juventud formaba parte de grupos de derecha, contra los inmigrantes, racistas.. fue varias veces a la cárcel por sus publicaciones que incitaban al odio. En su última estancia en prisión encontró libros de G.K. Chesterton, autor inglés católico. Su vida cambió. Fue una conversión fuerte. Ahora es profesor de literatura y ha escrito biografías de varios literatos, entre otros Cherteston. En 2023 vino a hacer un Camino conmigo centrado en Tolkien, es un experto en él, y en El Señor de los Anillos. Un viaje de 16 días con conferencias sobre el trasfondo de la obra de Tolkien. Fue un exitazo y este año habrá otras formaciones, y un retiro sobre la oración contemplativa en las obras de Santa Teresa de Ávila y San Ignacio de Loyola, no solo es vacación religiosa o activa, sino la oportunidad de algo más. A ver hasta dónde llega todo esto, de momento está en sus inicios”, señala. Ahora se centra en el santuario, en mostrarlo, en castellano e inglés y quiere aprender euskera, al menos como para poder guiar en este idioma a los visitantes o atenderles en la recepción.
Considera que el santuario “debe ser un lugar vivo, estar abierto y algo más, acoger cursos de espiritualidad, formaciones, retiros, visitas escolares: “Que no sea un museo encima del monte de piedras bonitas del siglo XVI”.
