Inundaciones
José María Zelaieta, damnificado en la riada de Baztan en 2014: "Desmonté pieza a pieza el coche y lo recuperé”
La familia de José María Zelaieta perdió tres coches en Baztan en 2014 y un cuarto pudo repararse en el taller. Dice que el dinero del Consorcio de Seguro “no es suficiente” para restituir un vehículo


Publicado el 17/11/2024 a las 05:00
Tres coches de la familia de José María Zelaieta Sarratea, jefe de la brigada de obras del Ayuntaminto de Baztan hasta su jubilación hace dos años y rostro conocido en el valle bajo el seudónimo de Zaldubi por su origen en una zona de Irurita, no lograron salvarse. Fueron declarados “siniestro total”, cuando el Consorcio de Seguros realizó su valoración de daños y las calles del centro de Elizondo quedaron despejadas del torrente de agua y barro que arrastró el río Baztan. Aquel amanecer del 4 de julio de 2014 fue de pesadilla y locura.
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José María Zelaieta se incorporó a su puesto de trabajo en el ayuntamiento a eso de las “siete menos cuarto”. “Llovía a mares”. “¡Oye Zaldubi, habrá que activar la alarma!”, escuchó del secretario municipal a la vista de las circunstancias más que preocupantes. “La plaza parecía un río”. En estas, en un inciso, trató de desandar el camino que media hasta su casa, a escasos metros, en el edificio de la Herriko Etxea. “El agua me llegaba a la cintura” y su coche, un Mitsubishi Did Montero, se encontraba cubierto con poco más de un metro. “Menos mal que no llegó al motor”. Ahí radicó su esperanza.
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Cuando amainó la tempestad y el tiempo devolvió la calma a Elizondo, comenzaron los trámites con el Consorcio de Seguros. “Tres coches fueron a desguace y un cuarto, que tenía a mi nombre aparcado, me lo arreglaron”. Zaldubi informó a la entidad consorciada de su propósito de recuperar el Mitsubishi Did Montero, con la intuición aleccionada de su etapa de mecánico. “Voy a sacarlo adelante, les dije. Y lo conseguí”, rememora en el mismo lugar de la calle Jaime Urrutia en que halló el vehículo movido por la fuerza de la corriente. Con el dinero obtenido, vía seguro, la ayuda “de dos primos” y la experiencia adquirida se armó de valor para deshacer “pieza a pieza” el coche. Dos meses después volvió a arrancarlo. Ahora bien, lo que más le costó fue “secar el tapizado con una máquina a presión. Igual estuve un mes” hasta que desapareció la última gota de agua y barro.
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De aquella experiencia, imposible de olvidar con una sensación de “impotencia” que cala aún con sólo evocarla, recuerda que “el dinero que ofrece el Consorcio de Seguros no es suficiente” para reponer un coche que sea declarado “siniestro total”. “Hay que soltar más dinero. Si al menos diesen un coche similar al que se pierde”, aprecia con la imagen intacta del sobrecogedor episodio de Baztan.
