Festividad
Alsasua abona sus raíces por San Pedro
La festividad de San Pedro desnuda el centro urbano y convoca a un numeroso gentío alrededor de la ermita dedicada al santo. El templo, donde fue nombrado García Ximénez rey de Navarra en el año 717, estrena tejado con donativos recaudados por las parroquias de la localidad y Urdiain


Actualizado el 29/06/2023 a las 18:48
Y a lo dijo el párroco de Alsasua, Patxi Izco, en su homilía ante robles centenarios: “El árbol tiene sus raíces sujetas a la tierra”. Utilizó el símil para hacer comprender la necesidad de escarbar en los fundamentos que cimientan la identidad de una persona y de un pueblo. Regresar a las campas de San Pedro, donde se alza la ermita dedicada a su veneración compartida con Urdiain y se conserva un capítulo de la historia de Navarra, supuso “tocar la raíz de nuestro pueblo, renovar la raíz de nuestra identidad”. La romería aunó convicciones y tradiciones regadas con el paso del tiempo. Sus últimas palabras, antes del canto de despedida, recordaron la reposición del tejado de la ermita histórica, que comparte Alsasua y Urdiain. La recaudación de 20.000 euros bajo la fórmula crowdfunding sufragó la inversión realizada en el sostenimiento de un edificio que, como bien dijo, “lo que es de todos, es de todos”.
La conclusión de la misa dispuso a la corporación municipal, que se había desplazado a pie desde el centro urbano, para abrir el reparto de vino en tazas plateadas y afrontar la jornada con el reconstituyente de un bocadillo. Para toda la jornada, las barricas, custodiadas por la Brigada Municipal de Obras y Servicios, almacenaban 500 litros de vino al fondo de un improvisado mostrador, al que se dirigieron las cuadrillas para rellenar sus recipientes. La tradición dicta la obligación del Ayuntamiento de proveer al conjunto de la población reunida el líquido elemento que calienta el cuerpo y aviva el alma. Además, después de comer, los trece miembros de la corporaicón tienen el cometido de distribuir los puros. Para tal propósito, había del orden de 750 unidades.
“En el día grande” de Alsasua, que el alcalde ensalzó como “el mejor día del año” desde su condición de un vecino más, la amenaza de lluvia, palpable en los nubarrones que cubrían la cercana sierra de Urbasa, no fue impedimento en familias y cuadrillas de amigos para reunirse en torno a una mesa de camping e instalarse bajo la protección de carpas por si el tiempo adquiría trazos grises de lluvia.
Bucólica fue la estampa de un paraje idílico, moteado de claroscuros por los haces de sol que se filtraban entre las ramas pobladas de los robledales.
Rebasado el mediodía, con su réplica de primeras horas de la tarde, se bailó el zortziko. La costumbre concede el cometido al alcalde de abrir el círculo vespertino en el descampado que acota la ermita y un roble apagado por la furia de un rayo.


EL RAYO DE 1987
Días antes al encuentro de ayer, los operarios del Ayuntamiento se afanaron por retirar otro ejemplar alcanzado también por un rayo en 1987. El impacto fue de tal calibre que un agente de la Policía Municipal salió despedido. El apunte, ofrecido por el alcalde, trascendió en los instantes previos a la llegada del presidente del Parlamento y predecesor en sus mismas funciones locales, Unai Hualde.
Los preparativos de la fiesta de ayer exigieron de dedicación durante dos días -martes y miércoles- a trabajadores adscritos a la Brigada Municipal de Obras y Servicios, bajo la coordinación de su responsable, Félix Benjumea. La esperada afluencia obligó a DYA Sakana a reforzar su equipo de prevención y asistencia, al igual que Policía Local.
Mañana la Brigada de Obras y Servicios intensificará la limpieza del entorno y del centro urbano con el empleo de 10 y 4 operarios en los dos espacios diferenciados. Su objetivo: retirar cualquier resto que afee un recinto de alto poder cautivador, en el que este domingo los vecinos de Urdiain tomarán el relevo. El próximo año el calendario bisiesto reservará el último sábado de junio para la romería de Alsasua. Al día siguiente, el turno corresponderá a Urdiain. La anécdota fue apuntada por Félix Benjumea en un lugar donde crecen robles centenarios y se respira tradición. Por San Pedro.
