Tradiciones 

Un día de guardar en Etxarri Aranatz

La romería a la ermita de San Adrián vacía el centro urbano de la localidad y empuja al grueso de sus vecinos a revalidar una tradición a cinco kilómetros de sus viviendas

Fotos de la romería a la ermita de San Adrián./
Fotos de la romería a la ermita de San Adrián./CEDIDA

Natxo Gutiérrez

Actualizado el 16/06/2023 a las 20:06

Hubo encuentro numeroso en la ermita de San Adrián y sus alrededores en el día por excelencia del año en el sentimiento popular de Etxarri Aranatz. Su centro urbano quedó despoblado con el compromiso revalidado de sus vecinos de encontrarse en las estribaciones de la sierra de Aralar. Aparcadas por un momento las obligaciones de la rutina, primó la celebración a la sombra de un frondoso robledal, que fue acogido como una bendición en un día de sol y buen temple.

Determina la costumbre iniciar la programación con el desplazamiento a pie de las autoridades municipales, precedidas por los sones del txistu y el tamboril. La casualidad quiso que la fiesta coincidiese con la despedida de Silvia Marañón como alcaldesa. El destino, a cinco kilómetros de distancia del centro urbano, deparó a la comitiva el regusto de saborear la denominada fritada, un tentempié preparado a base de carne guisada y sopa de pan.

En “un día especial”, como se siente el dedicado a la romería de San Adrián, no faltó el Auzate, que es el obsequiado por el Ayuntamiento como aperitivo al vecindario. Como sucede en otros pueblos de Sakana, el vino es servido en tazas plateadas, con ajuste al legado transmitido entre generaciones.

Por el mismo respeto a las tradiciones fue guardada la asistencia a la ermita por quienes procuran conservarla. El origen del templo está asociados a un despoblado, cuyos habitantes acabaron integrándose en lo que hoy es el centro urbano de Etxarri Aranatz.

El fuego desatado en 1983 calcinó la cubierta de madera y devoró la imagen del santo. Un año después, el templo volvió a abrirse.

En cumplimiento a la costumbre, el regreso de ayer por la tarde al pueblo se hizo a ritmo pausado, marcado por el camión de las barricas de vino. Fue un ingrediente más en una fiesta única de Etxarri Aranatz. 

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