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Las flores del caminero en el homenaje a los mayores de Alsasua

Florentino Echávarri, de 98 años, quiso colocar el ramo del homenaje a los mayores de Alsasua en el cementerio donde descansa su mujer. Próxima al centenario, Mª Luisa Martín compartió agasajo

Ampliar Rodeado por los sones de intérpretes de la Escuela de Música, Florentino Echávarri Bengoechea, junto a sus hijos, José y Milagros Echávarri Pérez; su nuera, Gabriela Barrena María; su yerno, Miguel Díaz; su nieta Edurne Echávarri Barrena; y su biznieta, Ohiane Seco Echávarri.
Rodeado por los sones de intérpretes de la Escuela de Música, Florentino Echávarri Bengoechea, junto a sus hijos, José y Milagros Echávarri Pérez; su nuera, Gabriela Barrena María; su yerno, Miguel Díaz; su nieta Edurne Echávarri Barrena; y su biznieta, Ohiane Seco Echávarri. eduardo buxens
Actualizado el 16/09/2022 a las 20:40
Caminero en tiempos de pala sobre carreteras nevadas o polvorientas, Florentino Echávarri Bengoechea quiso este viernes entregar un ramo de flores a la que fue su compañera en el camino de su vida. Desde la silla de ruedas a la que está unida en sus desplazamientos por las limitaciones propias de su de edad, expresó a su familia su deseo de acudir al cementerio y honrar la memoria a su mujer, de la que hace tres años se despidió y a la que conserva viva en su corazón. Florentino nació el 3 de junio de 1924 en Oteiza de la Solana y allí fue donde comenzó, en compañía de Irene Pérez González, a trazar su periplo que hilvanó por diferentes localidades hasta recalar en 1966 en Alsasua.
Este viernes fue, por segunda vez, agasajado por el Ayuntamiento de la localidad por ser hombre experto en los avatares de la vida. Acompañado por tres de sus cinco hijos, nietos y biznietos, brindó una sonrisa a la delegación municipal, que se acercó hasta su hogar con el alcalde, Javier Ollo (Geroa Bai) a la cabeza. La nómina de corporativos se amplió con Peio Iglesias, Santiaga Luceño, Jokin Zelaia y Pedro Jiménez, de la misma formación; y Josu Rubio y María Isabel López de Uralde, de EH Bildu.
El rostro del veterano caminero se iluminó al reconocer a su biznieto de 11 años de edad, Aitor Seco Echávarri, entre los intérpretes de la Escuela de Música que le agasajaron con una pieza del cantautor catalán Lluís Llach.
El detalle de ediles y músicos, rematado con la imposición del pañuelo de fiestas, se desarrolló en un día de Alsasua dedicado a festejar la experiencia, a veces olvidada, de los entrados en edad y la sabiduría de la vida.
El tributo a la longevidad dedicó un apartado igualmente estelar a reconocer a María Luisa Martín Martín. Nació el 29 de diciembre de 1922 en la localidad cacereña de Nuñomoral. Mujer “de gran vitalidad” a lo largo de su existencia, como la definió una de sus ocho hijos, Esperanza Moro Martín, el período de reclusión en el hogar por la dichosa pandemia frenó su rutina de salir a pasear. Su marido, Emilio Moro, fue empleado en Igartex. A los ojos de sus descendientes, María Luisa, próxima al centenario, tuvo arrojo para superar momentos delicados que le deparó el porvenir. “Sacó adelante con esfuerzo a todos sus hijos”. Eran diez. Viven ocho. Cuando se acercó el Ayuntamiento a desearle felices fiestas, permaneció alimentando sus sueños sentada en un sillón.
Hasta llegar a su hogar, la comitiva municipal dio un pequeño rodeo, orientada por la dirección que obraba en el registro municipal. En los instantes de confusión hasta dar con las señas adecuadas, el alcalde cayó en la cuenta de la homenajeada. “¡Pero si es la Luisa!”, se le escapó de forma espontánea. “Claro, es la abuela de un amigo mío”, explicó su reacción. “¿La madre de Curro?”, le interpeló un vecino en el camino. “La misma”, respondió.
Es lo que tiene vivir en un pueblo en el que el anonimato de la ciudad está superado por la trama de la empatía entre conocidos con nombre y apellidos.
El homenaje personalizado a los mayores de la localidad tendrá su continuidad a la conclusión de las fiestas. Una representación municipal se desplazará a la residencia donde vive la alsasuarra de más edad. Se trata de María Rico Salgado, nacida el 29 de julio de 1921.
70 COMENSALES
El acto particular de este viernes se extendió al conjunto de la población que mira el presente desde la atalaya de la edad. Hubo un segundo capítulo en el reconocimiento brindado, como fue la comida servida con presencia de 70 comensales.
Fue la guinda al ecuador de las fiestas, que encaran la recta final con las fuerzas renovadas por gestos humanos como los ofrecidos.
El caminero no se olvidó de Irene. Para ella fueron sus flores.    
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