Baztan-Bidasoa

El misterio de Bera y el rock and roll: cuna de músicos solicitados por multitud de estrellas del pop

¿Qué tiene bera para que sea la cuna de músicos solicitados por multitud estrellas del pop? Tratamos de desentrañar el misterio de esta riqueza creativa con el testimonio de seis músicos . ‘Bera is different’

De izquierda a derecha: Igor Telletxea, Raúl García, Estitxu Pinatxo, Beñardo Goienetxe y Joseba Irazoki en su localidad natal de Bera
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De izquierda a derecha: Igor Telletxea, Raúl García, Estitxu Pinatxo, Beñardo Goienetxe y Joseba Irazoki en su localidad natal de Bera
De izquierda a derecha: Igor Telletxea, Raúl García, Estitxu Pinatxo, Beñardo Goienetxe y Joseba Irazoki en su localidad natal de Bera

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R. Mendiri

Publicado el 05/12/2021 a las 06:00

El de Bera es uno de esos casos excepcionales, un extraño vergel sonoro que lleva décadas dando grandes músicos a la escena de rock’n’roll, principalmente en euskera. Su ubicación fronteriza, tanto con Francia como con Gipuzkoa, y el carácter culturalmente inquieto de los beratarras han ido forjando una escena de una riqueza inusitada. Mikel Erentxun y Duncan Dhu, Miguel Bosé, Nacho Vegas, David Bisbal, Ana Torroja, Belako, Willis Drummond, Atom Rhumba, el ya desaparecido Rafa Berrio, Fito o La Oreja de Van Gogh. ¿Qué tienen en común todos estos músicos, algunos del circuito más mainstream imaginable? Bera. En sus filas, ya sea como músicos o como técnicos en la producción escénica, figuran profesionales nacidos en esta localidad de apenas 3.700 habitantes, unidos por una común devoción por la música, y que combinan estos trabajos al lado de estrellas rutilantes con proyectos más personales y sugerentes.

En esta conversación a cinco, reunimos a Joseba Irazoki, de 47 años; Beñardo Goietxe Laurnagarai, de 52 años; Raúl García Etxeberria, de 51; Estitxu Pinatxo, de 33, e Igor Telletxea Irazoki, de 43 años. Todos beratarras. La cita es en un bar del pueblo, junto a un arroyo del Bidasoa, que pone banda sonora de fondo a la conversación con el rumor de sus aguas al resbalar sobre una pequeña presa. Desde Pamplona, hablamos con otro beratarra ilustre en el mundo de la música, el cantautor Petti.

LA HERENCIA MUSICAL

“Llegó a haber dos bandas simultáneas en Bera. Esto viene de mucho antes que nosotros. Lo que pasa es que ha derivado en otras corrientes. Pero el arraigo viene de atrás. Evidentemente no iba a haber rock en los años 30. Pero siempre ha habido mucho movimiento musical y lo que hay ahora es un reflejo de lo que ha habido siempre en el pueblo”. Son palabras de Igor Telletxea, baterista y profesor de percusión en Bera, curtido con estrellas como Mikel Erentxun, pero también en infinidad de bandas más pequeñas, o con artistas de la escena más tradicional como Maixa ta Ixiar.

Raúl García, de Noise Hole y ahora en Mugaldekoak, toca la guitarra durante un concierto
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Raúl García, de Noise Hole y ahora en Mugaldekoak, toca la guitarra durante un conciertoEduardo Buxens
Raúl García, de Noise Hole y ahora en Mugaldekoak, toca la guitarra durante un concierto

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Noise Hole (agujero de ruido). Es el grupo primigenio en el que confluyeron Beñardo, Joseba, Raúl, Igor y Petti. Una banda de garage punk y power-pop formada a finales de los 80 del pasado siglo, que cimentó amistades y que representa esa heterodoxia musical que caracteriza la denominación de origen rockera de Bera. “Hacíamos punk, power-pop, garage... Ese rollo. O al menos lo intentábamos. Mucho volumen, mucho fuzz... Y tres guitarras”, cuenta Beñardo.

La vida en la frontera no espera”, cantaba Radio Futura en 1985, en el disco De un país en llamas, su trabajo más osado hasta aquel momento, y que nos sirve de pretexto para volver a la extraña conjunción astral que ha propiciado la aparición de todos estos músicos. “El hecho de que seamos un pueblo de la muga, de frontera, no sé por qué, pero creo que afecta. En todo el Bidasoa, también en Irun y en Onddarbi, siempre ha habido mucho movimiento musical y cultural”, continúa Estitxu, que comenzó en la música de romería y que ha ido definiendo su estilo, al menos en parte, en el legado de las grandes voces femeninas del soul y del jazz: Ella Fitzgeral, Aretha Franklin, Nina Simone, Etta James y Roberta Flack, a quienes dedica su proyecto Dama Beltzak. Pinatxo es conocida por su participaciones en varios programas televisivos.

La frontera nos ha marcado estilísticamente, por decirlo de alguna manera. Estar cerca de Francia ha generado músicas que se han salido un poco del tiesto. Y en Bera, nos hemos salido en algún momento del tiesto también. Tener relación con Lapurdi o la proximidad de Burdeos y de bandas francesas que estaban más adelantadas culturalmente, ha podido influenciarnos. Han pasado giras de grupos que igual iban a Biarritz y que han terminado tocando en el bar del pueblo. Todo eso va influenciando la música que haces”, prosigue Joseba, de acuerdo a esa idea de que Bera está marcada de alguna manera por la frontera.

Joseba Irazoki tiene uno de los currículums más extensos. Músico de vocación experimental, es un guitarrista de espectro amplio, capaz de adaptarse a formatos comerciales, pero sin perder la personalidad arrolladora con su instrumento, y que demuestra en directos entregados e intensos. Empezó tocando en bandas siendo casi un niño, con 14 años, en las filas del grupo Zup. “Tocábamos en el cuarto de un colega”, recuerda.

La vocalista Estixu Pinatxo
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La vocalista Estixu Pinatxoj. inziarte
La vocalista Estixu Pinatxo

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Después llegaron Onddo, el proyecto de Petti, y un sinfín de colaboraciones: Atom Rhumba, Nacho Vegas, Mikel Erentxun, Rafa Berrio, Maixa ta Ixiar, Bidertzean, Anje Duhalde, On Benito o Xabier Montoia. Todo ello combinado con una trayectoria en solitario rica y con el sonido de su guitarra como elemento nuclear. Joseba es una especie de Kim Salmon beratarra, un músico de creatividad inagotable y acreedor de un interesantísimo bagaje, capaz de composiciones sin concesiones y que divagan y crecen orgánicas con la guitarra durante cerca de casi 20 minutos.

EL CALDO DE CULTIVO

“A finales de los 80 y en los 90, aquí había más músicos antes que nosotros. Los tíos de Igor, Mikel y Fernan Irazoki, ya tocaban en M-ak. Fernan puso una tienda de discos y empezó a traer gente para impartir clases de guitarra. Allí empezamos Petti y yo. Luego hubo otro guitarrista del pueblo que comenzó a dar clases particulares. Fermín Iraola es quien movió también mucho”, cuenta Beñardo Goietxe, que ahora milita en las filas de Mugaldekoak, un proyecto que bebe del country americano con momentos de power-pop y que se presenta en formato banda o músico-literario, al lado del poeta de Vitoria Edu Zelaieta.

“La escuela de música a su vez se puso en marcha y la gente empezó a aprender instrumentos. La afición hacia el rock y el pop-rock es un cúmulo de casualidades. Nos conocíamos todos y compartíamos gustos musicales, discos... Todo eso hace una piña, una afición que se mantiene en el tiempo. En algún caso como Petti, Joseba, Estitxu o Igor a un nivel más profesional”, continúa Beñardo.

Raúl García es su compañero de filas desde los inicios en Noise Hole. Combina la música con las clases de teatro, trabajo que, como la mayoría de sus compañeros y buena parte de los beratarras, desarrolla en la vecina Gipuzkoa. Como recuerda este guitarrista, lo de Bera era algo diferente, ya desde el repertorio de las fiestas del pueblo. “Yo siempre comento el caso del grupo Laket, grupo de Bera de verbena. Era una banda atípica, que hacía versiones de canciones más rockeras que se salían de la línea general de una verbena. Igual tocaban canciones de The Police o de Pink Floyd. Nosotros flipábamos”, recuerda.

Beñardo Goienetxe, con su Telecaster, en un directo
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Beñardo Goienetxe, con su Telecaster, en un directoMathilde Brugiere-Garde
Beñardo Goienetxe, con su Telecaster, en un directo

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El caldo de cultivo ya estaba creado. En Bera hay una inclinación especial con la música que, como se ve, se remonta a varias décadas atrás. Y esa afición natural tenía que verse refrendada por un apoyo institucional. “Desde el ayuntamiento siempre se ha apoyado. El mismo Kultur Batzordea ha sido fuerte, con una programación cultural de todo tipo bastante buena, tanto de teatro como de música. Y el tema del local, por supuesto. Empezamos a ensayar en la escuela de música hace 20 años. Con el cierre de las fronteras en Europa, se quedó el edificio de la aduana, a 5 kilómetros de Bera, sin utilidad. Así que en el ayuntamiento pensaron que era una buena idea llevar allí a los rockeros para que no molestasen a nadie (risas). Siempre nos lo hemos gestionado nosotros, pero nos han pagado luz y agua y eso es un regalo divino. Hemos funcionado así muchos años y está guay. Quizás algún año ha habido más bajón pero ahora está a tope la aduana. Eso es un chollo”, relata Irazoki, que dibuja un contexto de continuidad en las nuevas generaciones. Parece como si esa ubicación, en la misma frontera con Francia, reafirma la idea de que Bera está musicalmente marcada por la muga.

Cuando empezamos con Noise Hole, ni siquiera estaba construida la escuela de música, así que el ayuntamiento nos dejaba ensayar en las piscinas. Era en el bar de la piscina”, añade Raúl. “Y antes de aquello, en la época de Laket, yo iba con mis tíos a lo que ahora es la biblioteca y ensayaban allí, que también era municipal”, apostilla Igor.

ERTZ FESTIBALA

A la frontera como contexto de creatividad burbujeante sumado al apoyo municipal, con esa aduana como epicentro creativo, se suma un nuevo elemento que también ha propiciado la riqueza musical de Bera en su vertiente más outsider, el vanguardista festival Ertz. Surgido del grupo cultural del mismo nombre, este encuentro con las “las otras músicas” pervivió durante una década -entre 200 y 2009- “con el objetivo de trabajar diferentes aspectos del arte contemporáneo y, en especial, las propuestas de carácter experimental”, según se describen en su página web, todavía activa.

“Lo estaba dirigiendo Xabier Erkizia, que en el mundo de la música experimental ha sido un referente. Ese festival era internacional y venían artistas del mundo experimental de primer nivel. Fue importante para que en Bera se escucharan músicas diferentes. Aunque también hay que decir que a partir del tercer año venía más gente de fuera que del pueblo”, dice Joseba Irazoki entre risas. Queda claro que no todo el pueblo comulgaba con esa vertiente más rompedora.

Con todo, los músicos de Bera se han labrado una doble vertiente, desde las bandas más personales y también infrecuentes, con una deriva más comercial, como músicos acompañantes. Tanto Joseba como Igor viajaron con Duncan Dhu en una minigira de dos actuaciones en Estados Unidos -Chicago y Los Ángeles- y también en otros puntos de Latinoamérica. “Aquello era algo gordo. Éramos un equipo de 14 personas. Y en el escenario estábamos 5 o 6”, recuerda Igor Telletxea.

“Cuando das esos saltos, aunque sea música comercial, estás tocando delante de 3.000 personas. Tu material y tu equipo no pueden fallar. Tienes que estar al 100%. Cuando entras en esos proyectos hay una evolución. Son retos. La primera vez que toqué me di cuenta de que se da un salto. No son posibles los fallos. Das un salto de calidad por autoexigencia, por el trabajo que haces en casa”, añade Joseba Irazoki. Pese a todo, son partidarios de formatos más pequeños. En Perú, en un festival, llegaron a tocar con Duncan Dhu ante 30.000 personas. “La sensación es que la gente está demasiado lejos. A mí me pareció frío”, confirma Joseba Irazoki.

De la Velvet a M-ak

Como se ve, son múltiples los factores que han propiciado una escena tan poderosa en un pueblo como Bera. Pedimos a los cinco músicos reunidos en la localidad que nos citen una banda y una canción que les hayan influido de alguna manera. Raúl García, de 51 años y profesor de teatro para personas con discapacidad, se decanta por la banda de Memphis de garage punk -sonido suavizado con los años- Reigning Sound. La canción que elige es Purple Haze, de Jimi Hendrix. Su compañero en Mugaldekoak, Beñardo Goietxe -profesor de euskera-, se queda con una banda local, M-ak y con uno de sus temas, Barkatu ama.

Joseba Irazoki, que vive exclusivamente de la música, se decanta por uno de los tótems de la música subterránea, la primera banda de Lou Reed, The Veltet Underground. Como ‘pelotazo musical’, elige Tomorrow, de los británicos The Durruti Column. Estitxu Pinatxo, que ha pasado por varios concursos televisivos de talentos musicales, se queda con una cantante y compositora estadounidense, Beth Hart y su tema Am I the one. Por último Igor Telletxea -profesor de percusión- se queda, al igual que Beñardo, con el grupo beratarra M-ak y “con cualquier canción de su disco Barkatu ama”. 

PETTI Y LA GUITARRA 

Petti, en un concierto reciente. El próximo 16 de diciembre actuará en el teatro Victoria Eugenia de San Sebastián
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Petti, en un concierto reciente. El próximo 16 de diciembre actuará en el teatro Victoria Eugenia de San SebastiánJON IRAUNDEGI
Petti, en un concierto reciente. El próximo 16 de diciembre actuará en el teatro Victoria Eugenia de San Sebastián

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Petti (Juan Luis Pérez Mitxelena, Bera, 1973) actuará el próximo 16 de diciembre en el teatro Victoria Eugenia de San Sebastián/Donostia, un escenario noble que demuestra el alcance de este músico que un día dejó el bar de Bera en el que trabajaba para lanzarse al mundo de la música con el LP de debut, Amets bat (1999). Ahora, atesora un corpus discográfico de una docena de álbumes. “Yo curraba en un bar en el pueblo y metía un montón de horas, así que tenía mucho tiempo para escuchar música. Le solía comprar los discos a Juancar Bloody Mary de Irun. Él me recomendaba cosas y me las ponía en el bar. De ahí es de donde me viene mi inspiración, por decirlo así. Pero tampoco he buscado hacer nada en concreto”, dice por teléfono.

Petti está afincado en Pamplona. Desde que se lanzó al mundo de la música, ha podido vivir de ella, pero llegó la pandemia y se vio arrollado por ella como tantos otros artistas. Eso le obligó a buscar un trabajo más allá de la guitarra. “ A mí me ha ido bastante bien. No me puedo quejar. Me puse a buscar curro porque veía lo que nos venía encima con la pandemia. Pero ha sido curioso. Cuando encontré el curro, me empezaron a salir un montón de conciertos, más que nunca. Ha sido todo un poco paradójico. Me vino todo de golpe”, comenta.

El cantautor beratarra, en una imagen de 2016
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El cantautor beratarra, en una imagen de 2016Cedida
El cantautor beratarra, en una imagen de 2016

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LA IMPORTANCIA DE LA MUGA

Petti, como el resto de músicos que aparecen en el reportaje, es un rockero de largo recorrido, que ha compartido vivencias y primeros pasos con buena parte de ellos. “Nosotros empezamos en los 90. Entonces estaba más tranquilita la cosa. Los chavales siempre hemos tenido bastante ayuda del ayuntamiento, que pagaba la luz de los locales. Eso ha influido para que otros chavales se animaran. En lugar de estar en el bar metido, cogían un instrumento y se ponían a tocar algo. Imagino que estar en la muga y tener opciones de movernos al otro lado para ver conciertos que no solían venir a este lado, o que lo hacían en Barcelona o Madrid, ha sido también algo que nos ha influido”, sostiene.

Petti canta mayoritariamente en euskera con un sonido eminentemente americano. “Mi progresión ha sido empezar en un grupo de punk rock. Luego me metí con Joseba Irazoki en el grupo Zup, que era más experimental. Y después me dio el puntazo de hacer canciones yo solo. Ahí empecé a hacer cosas más acústicas y luego, con banda, con los hermanos Telletxea y también con Joseba Irazoki. Ahí empezamos a meter más electricidad. El tercer disco Etxeko Uzta (2002) fue casi todo eléctrico. De ahí, ha sido ir y venir. He hecho eléctrico y también algún disco acústico hasta que llegamos al último, Manipulazio Estrategiak, que es una mezcla de todo lo que he hecho hasta ahora. También está el saxo de Gorka Benítez”, relata.

Asegura que hay tal complicidad con los músicos que le acompañan, que apenas ensayan. “Cuando tenemos el concierto, como somos 9 o 10 personas en el escenario, lo que solemos hacer es quedar temprano por la mañana, hacemos el montaje y después tenemos dos o tres horas antes del concierto para mirar todas las dudas que tengamos. Pero hemos dado tantos conciertos que todo sale bastante rodado”, comenta. En sus conciertos combina el formato acústico -con una formación de cuerda-, con el eléctrico, sin el trauma que supuso el salto de Dylan en aquel concierto de 1965 del Newport Folk Festival, cuando le gritaron “traidor” por salir con una banda y con guitarra eléctrica.

No obstante, las influencias de Petti van por otros derroteros. “Yo creo que es una mezcla de gente que va de Nick Drake a Tom Waits pasando por Screaming Trees y grupos más cañeros. Yo cojo la guitarra y me pongo a tocar. Lo que sale es lo que se queda en las canciones. No busco un estilo concreto ni acercarme a nadie. Es lo que sale en el momento”, zanja.

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