Tradición

Vuelve el transporte por cable al valle de Araitz

El valle de Araitz reedita este domingo el sistema de transporte por cable con el que se acercaba hasta los caseríos la hierba de las Malloas. En los años 60, desapareció de los cielos de Aralar

Enganchado a un cable, un fardo desciende de las Malloas hacia uno de los pueblos de Araitz
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Enganchado a un cable, un fardo desciende de las Malloas hacia uno de los pueblos de Araitz
Enganchado a un cable, un fardo desciende de las Malloas hacia uno de los pueblos de Araitz

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Natxo Gutiérrez. Pamplona

Publicado el 09/07/2021 a las 06:00

Sin la hierba de las Malloas “no se podía sostener el caserío”. Tal convicción perduró en la memoria de la familia Estanga, en Gaintza, por el nutriente que crecía en las alturas y era poco menos que maná caído del cielo para asegurar la robustez del ganado. Cuando la economía doméstica descansaba en el resultado del primer sector, los habitantes del valle de Araitz se regían por esta creencia. Debían abastecer el sabai o desván de provisiones para épocas de estabulación de los animales. Los núcleos urbanos estaban rodeados de cultivos de cereal y en la cima crecía la hierba tierna y vigorosa. Este domingo, sus descendientes reeditarán la técnica del transporte por cable (tirolinas). La cita en Gaintza recuperará, aunque sea a modo de demostración, una práctica que trazó el cielo de 49 líneas suspendidas entre los años 20 y 60 del siglo pasado.

Antes de importarse su invento de Italia, con prueba más que satisfactoria en los valles pirenaicos en el movimiento de la madera, la obtención de la hierba de las Malloas tenía su precio. Una caminata de 3,5 kilómetros hasta acariciar la cumbre, a 1.200, 1.400 y , hasta 1.500 metros de altitud, absorbía un primer derroche de sudor. Luego, el movimiento semicircular del cuerpo doblado con la guadaña en la mano requería de un segundo esfuerzo. La faena se remataba con el regreso al hogar. Los animales servían, hasta cierto punto y altura, de apoyo por las pendientes irregulares de las estribaciones de la sierra de Aralar.

El primer tendido para hierba dibujó una línea “desde Alixate en dirección al paraje de Maiko Muñoa, pendiendo un desnivel de 250 metros. Su colocación -señala en el libro Las Malloas de Aralar, de Juan Mari Ansa Munduate- corrió a cargo de Juan Miguel Iriarte del caserío Perunea, quien de esta manera se convirtió no sólo en el primer cablista autóctono de Intza, sino de todo el valle”. A aquella prueba le sucedieron proyectos calcados hasta completar el entramado de 49 líneas, que surcó el cielo del propio Intza, Errazkin, Gaintza y Uztegi, además de Betelu.

FARDOS DE 50 Y 70 KILOS

El sistema se apoyaba en el grado de inclinación de las laderas para acercar fardos de 50 y 70 kilogramos incluso hasta el propio caserío. Lo que hasta entonces era una tarea ardua y costosa, el modelo del cable aportó una ventaja en cuestión de tiempo. En pocos minutos, la hierba reposaba en el desván.

La idea de la instalación de fraguó en la inquietud y el esfuerzo físico de los visionarios en el valle de sus beneficios. José Estanga, de Gaintza, con un vecino suyo esperó en Betelu con una yunta de bueyes un pedido de cable de Altos Hornos de Vizcaya. No es difícil imaginar la exigencia para llegar a la cumbre con rollos de “25 y 50 kilos de peso”, imposibles de ser transportados por animales en tramos de pendiente pronunciada.

Los detalles son parte de la memoria en el valle de Araitz, que este domingo entretejerán una demostración. La organización del denominado Araizko Kablearen Eguna (Día del Cable de Araiz) descansará en el colectivo Araizko Zaporeak. Constituido en 2017, su objetivo se centra en “trabajar activamente para el impulso y desarrollo del valle en diferentes ámbitos, pero muy especialmente, en la economía tradicional (caserío, productos locales, artesanía, etc.), y en su relación con otros sectores como los servicios, el turismo, etc. Se trata de, tomando como base la herencia de paisaje, patrimonio, y culturas heredadas, poner las bases para el futuro del valle, ajustándose a los tiempos, de forma sostenible, y sin olvidar dicha herencia”, como se puede leer en un comunicado difundido ayer por el Consorcio Turístico del Plazaola. La entidad figura en calidad de cloaboradora, al igual que el Ayuntamiento del valle.

El encuentro del domingo arrancará con una proyección para acto seguido presenciar la antigua técnica sobre un cable de 400 metros recuperado por Gaintza en una labor de trabajo voluntario, también conocida como auzolan.

El modelo empleado, con implicación de diferentes vecinos, reproduce la tarea de la recogida de la hierba de las Malloas que involucraba a todos los miembros de la familia. Del empeño compartido dependía la consecución del alimento del ganado para el invierno y con él su propio sustento. Una mirada a las alturas servirá este domingo para comprobar que allí reposaba el bien del porvenir.

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