Aniversario
Recuerdo a Beiro en Leitza “para no olvidar”, a pesar de la pandemia
Vecinos organizaron un responso y una ofrenda de flores y recibieron “por sorpresa” a la viuda y al hijo del guardia civil


Actualizado el 25/09/2020 a las 06:00
Amaneció plomizo este jueves en Leitza, distinto de aquel soleado 24 de septiembre de 2002 en que ETA aniquiló los sueños de una familia joven, la del guardia civil Juan Carlos Beiro, asesinado con una bomba trampa a tres kilómetros de Leitza, en la misma muga con Guipúzcoa. En aquel lugar, algunos vecinos, compañeros, la viuda, María José Rama, y uno de sus dos hijos, recordaron al agente con unas flores y un responso. Fue un encuentro de pocas personas, con distancias, sin abrazos, sin el calor de las manos amigas, con el fin de preservar las medidas de prevención derivadas de la pandemia por covid-19.
“Es un pequeño acto para no olvidar”, explicaban los vecinos de Leitza que organizan el encuentro desde hace 17 años, desde el primer aniversario de la muerte de Juan Carlos Beiro en el atentado terrorista. No hicieron ninguna invitación oficial, ni tampoco en medios de comunicación, ni por ninguna otra vía. Solo querían recordarle.
Dadas las circunstancias, no esperaban a la familia. Pero María José Rama acudió. Lo hizo acompañada de su hijo Carlos, uno de los mellizos del matrimonio. Condujo desde su domicilio en Asturias, participó en el acto e inmediatamente después, emprendió regreso a casa, agradecida, “como siempre” por el homenaje a su marido. 800 kilómetros para no olvidar y con el único objetivo de preservar su “dignidad”. En el lugar donde lo mataron colocaron la placa en su memoria, que posteriormente retiraron como hacen desde hace unos cuantos años. Inazio Azcoaga, párroco de Leitza, ofició un responso y la viuda y su hijo posaron unas flores bajo la placa. Con esta ofrenda acabó el acto, y se retiró la placa, que se conserva el resto del año en la casa cuartel de la localidad.
El próximo año, 2021, será el último antes de que el crimen prescriba, pasados 20 desde el atentado. Y quienes participan del acto de homenaje esperan que sea “un día especial”. Tal vez María José Rama pueda dar entonces ese abrazo que este viernes estuvo prohibido a quienes recuerdan aquel fatídico 24 de septiembre en la orilla de la carretera. Entretanto, se fundieron en un encuentro de corazón.
Se fue de Leitza María José Rama con la pena de “no poder dar un abrazo” a quienes nunca han dejado de arroparles desde que ETA arrebató la vida a su marido. La pandemia le cubría parte del rostro, pero sus ojos, su mirada, sigue siendo la misma que cada 24 de septiembre desde 2002, pide justicia y que el crimen de Juan Carlos Beiro no quede impune.
“No dije nada a nadie, no avisé de que vendría porque me parecía que este año cuanta menos gente hubiera en el homenaje, mejor, por la situación que vivimos, aunque se respeten todas las medidas de prevención, seguridad y protocolo”, explicaba María José Rama, ya concluido el acto en recuerdo de su marido. “Pero tenía que venir, por dignidad, para que no se olvide su memoria, que sepan que aquí lo mataron. “Ha sido emotivo y bonito como siempre, lo agradezco tanto a la gente que se junta aquí...”, destacaba Mª José.
En 2022 el asesinato prescribirá. “Me quedan dos años para pedir justicia y para que se siga investigando. Dentro de dos años ya van a ser libres, aunque aparecieran. Bueno, como tantos otros”, comentaba Mª José Rama en referencia a otros asesinatos también pendientes de resolver.
En estos años, la viuda solo ha faltado en una ocasión al acto de Leitza. Fue en 2018. “Estaba recién operada de cáncer de mama, me extirparon un pecho. Gracias a Dios ya estoy recuperada, me queda una pequeña intervención, pero es estética”, apuntaba.
