En primera persona

La “superabuela” de Cascante fallece a los 101 años

Benita Melero Fernández, trabajadora incansable y alma de su familia, muy conocida en la localidad, falleció el 27 de diciembre tras una gripe. Deja el recuerdo de una vida marcada por su generosidad y vitalidad

Benita Melero, de 101 años, y su nieta Sonia, de 48, a mediados de mes en su casa de Cascante,
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Benita Melero, 101 años, y su nieta Sonia Gorrindo, de 48, en marzoiván benítez
Benita Melero, de 101 años, y su nieta Sonia, de 48, a mediados de mes en su casa de Cascante,

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Iván Benítez

Actualizado el 01/01/2026 a las 21:46

Benita Melero Fernández se apagó el pasado 27 de diciembre en Cascante. Tenía 101 años y los últimos días los pasó luchando contra una gripe que terminó por dejarla sin fuerzas, hasta impedirle caminar. El próximo 12 de enero habría celebrado su cumpleaños número 102. "Se ha ido cuando vio que no podía seguir haciendo lo que quería”, escribía tres días después Sonia Gorrindo, su nieta. Con su fallecimiento, Cascante se ha quedado momentáneamente sin personas centenarias, una circunstancia que rompe, solo de forma pasajera, una estadística que parece acompañar al municipio desde hace años. El vacío durará poco, apenas una semana. El domingo, 4 de enero, M.ª Jesús Tabuenca cumplirá 100 años y devolverá al pueblo ese rasgo casi identitario, el de una longevidad con carácter, especialmente entre las mujeres. 

"¡AY, SI FUERA JOVEN!"

El pasado marzo, Benita recibió al periodista en su hogar, sentada en su habitación, frente a la televisión encendida. Se disculpaba con humor por sus limitaciones físicas: “No oigo y me fallan las rodillas, pero tengo buen pico y buena cabeza”, decía sonriente, después de haber desayunado y limpiado una habitación con dos camas, una estantería llena de muñecos y un televisor. A su lado estaban su hija, M.ª Carmen; su nieta, Sonia Gorrindo, de 48 años, y la concejala de Bienestar Social, Asun Romeo. Cuando esta última le enseñó una fotografía en el móvil, Benita reaccionó con picardía: “¿Ya estoy ahí dentro? ¡Ay, si fuera joven!”, exclamó mientras se acercaba con decisión. “Si por ella fuera, se subiría a una silla a limpiar”, bromeaba Sonia entre risas. “Yo soy la que más me parezco a ella. Tenemos el mismo genio”. 

Un carácter fuerte que forjó desde la infancia. Benita compaginó la escuela con el trabajo en el campo, en una época en la que el esfuerzo era la norma y la infancia se acortaba pronto. “Arrancaba los espárragos más rápido que los hombres, trabajaba más duro que ellos”, recordaba con orgullo, como si aún tuviera la tierra entre las manos. Cuando le preguntaban por el secreto de su longevidad, no dudaba: “El trabajo y las arvejas”.

 —¿Arvejas? 

—¡Sí, arvejas! —respondía sorprendida—. ¿No has oído hablar nunca de ellas?

Benita Melero, 101 años
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Benita Melero, con 101 añosIván Benítez
Benita Melero, 101 años

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Pero su vida no fue solo sacrificio. Le gustaba “aldraguear, callejear y chismorrear”, pasear hasta el Romero y, sobre todo, bailar con su marido, Juan Roncal, con quien compartió viajes y aficiones. Al recordarlo, pedía que le acercaran una fotografía suya tomada en uno de sus viajes a Benidorm. “Bailábamos agarrados”, decía emocionada, con la mirada aún brillante. 

Para su familia, Benita seguía siendo el alma de la casa. Madre de Juan José y María Carmen, y yaya de Iván, Piluca, Raúl, Paola, Sonia, Javi, Diego y Laura, disfrutaba especialmente de sus biznietos Lara, Naiara, Martín, Irati, Ander y Leire. “Es una luchadora y sigue viva porque se siente necesaria”, afirmaba Sonia en marzo. “Sigue siendo la que mejor prepara las migas, la que mejor baila… Lo que más le gusta es dar. Siempre ha sido muy generosa”.

Tenía, además, un apetito envidiable. La noche antes de la entrevista, con 101 años, había cenado un bocadillo de tortilla con pimientos, un detalle sencillo que resumía su manera de estar en la vida. Su biznieta Naiara, hoy de 22 años, la entrevistó cuando era niña para un trabajo del colegio. Aquel diálogo conserva la memoria de un tiempo duro y austero. 

Benita Melero Fernández, en el centro y entre sus hijos Mª Carmen y Juan José Roncal, acompañada por la concejala Asun Romeo -a la izquierda- y el alcalde de Cascante Alberto Añón -a la derecha
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Benita Melero Fernández, en el centro y entre sus hijos Mª Carmen y Juan José Roncal, acompañada por la concejala Asun Romeo -a la izquierda- y el alcalde de Cascante Alberto Añón -a la derechaR.V.
Benita Melero Fernández, en el centro y entre sus hijos Mª Carmen y Juan José Roncal, acompañada por la concejala Asun Romeo -a la izquierda- y el alcalde de Cascante Alberto Añón -a la derecha

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—Yaya, ¿cuándo tenías mi edad qué comías? 

—Pan negro que traía mi padre. Y contenta, porque no había otra cosa. El pan blanco ni lo probábamos. La fruta, muy poca; algún melocotón del huerto. Poco pescado y muy poca carne. Todo natural. 

—¿Cómo era el colegio?

 —Era muy buena estudiante. Tenía que andar dos kilómetros todos los días. 

—¿Usabais cuadernos? 

—Un libro que aún tengo y un pizarrín con una goma de lana que me hizo mi madre. 

—¿Y en casa? 

—Fregábamos con tierra y hierbas. No había váter ni electricidad. Solo velas y candiles. 

Tres días después de su fallecimiento, su nieta Sonia escribía un mensaje de despedida que resume el sentir de toda la familia:  "Todos los que te queremos sabíamos que había llegado tu momento. Nos dejas un legado de fuerza, 101 historias contadas, 101 momentos vividos, 101 consejos de vida y 101 motivos para quererte”.

Cascante despide así a una de sus mujeres más queridas, ejemplo de una generación forjada en el trabajo y la resistencia. “Hasta siempre, superabuela. Yayo, espérala, que ya está llegando”.

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