Apertura de fronteras

Las Marín se reúnen de nuevo en Tudela

Coloma vive en Tarazona, a apenas 22 km de Tudela, donde residen sus otros tres hermanos: Esperanza, Sagrario y Paco. No se veían desde el 21 de septiembre y ayer volvieron a hacerlo

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Jesús Manrique

Actualizado el 10/05/2021 a las 06:00

"¿Me conocéis ‘michicas’?”. Esas fueron las primeras palabras que salieron de la boca de Coloma Marín Vela, tudelana de 59 años residente en la localidad aragonesa de Tarazona, al reencontrarse con sus dos hermanas, Esperanza y Sagrario, en el paseo de Invierno de la capital ribera.

Y no era para menos. No se veían desde el 21 de septiembre del año pasado, la última visita que hizo Coloma a sus hermanas por el cumpleaños de Sagrario y de su sobrina-nieta Irene. Casi ocho meses que se les han hecho eternos por la prohibición de salir de sus respectivas Comunidades y que ayer, por fin, terminaron con un abrazo, aunque, eso sí, con sus mascarillas bien colocadas y la cierta tranquilidad que les daba que Coloma y Sagrario ya han recibido la primera dosis de la vacuna y Esperanza, las dos. Solo faltó su cuarto hermano, Paco, persona de alto riesgo y al que tenían previsto ver más tarde.

El encuentro estuvo lleno de sonrisas, de emoción y también de sorpresa, sobre todo cuando Coloma vio a dos de sus sobrinos-nietos: Irene e Íñigo, de 10 y 4 años. “¡Pero cómo habéis crecido!”, exclamó. Un café para charlar y ponerse al día fue el mejor colofón para un día tan esperado.

RELACIÓN MUY ESTRECHA

Y es que los Marín Vela siempre han estado muy unidos. Coloma se marchó a Tarazona con apenas 5 años a vivir con una tía, algo bastante común en esa época. Allí se casó con Javier Mañero y tuvo dos hijos: Óscar y David. Pero su relación con Tudela siempre ha sido intensa.

No hay mes en el que no bajara a la ciudad a estar varios días con sus hermanas y, por supuesto, nunca faltaba a las fiestas de Tudela. “Toda mi familia la tengo aquí. Bajaba todos los meses hasta el 21 de septiembre pasado. A Sagrario aún la vi en octubre, antes del cierre perimetral, porque estuvo en Los Fayos -localidad cercana a Tarazona donde tienen una casa familiar”, explicaba Coloma.

Unos meses que no han sido fáciles, sobre todo porque Tarazona ha vivido momentos complicados y, por ejemplo, ha estado cerrada desde Semana Santa hasta ayer domingo por la alta incidencia de casos. Algo que también ha impedido a Coloma ver desde entonces a uno de sus dos hijos Óscar, a su nuera Leticia y a su nieta Vega, que viven en Zaragoza. Su escape han sido sus otros dos nietos, Daniel y Álex, hijos de su hijo David, y de su mujer Silvia.

He echado mucho en falta no poder bajar a Tudela. Iba mucho y no he podido estar con mi familia. Y sobre todo porque yo soy muy amorosa. Me gusta abrazar a la gente, besarla... Eso sí lo he echado también mucho en falta”, reconocía, aunque también daba un ejemplo de optimismo. “A mi lo de no salir de casa no me ha causado agobio porque estoy bastante acostumbrada por los vértigos que sufro. Pero hoy -por el domingo- doy gracias y no solo por poder estar en Tudela. Lo importante es que nos podemos juntar todos de nuevo. Estamos todos bien y eso no lo pueden decir muchas familias que han perdido a sus abuelos, sus padres, hermanos... Hay que pensar en positivo y me siento afortunada de poder reencontrarme con todos”, recalcaba.

E hizo otra reflexión. “Esto nos ha tenido que cambiar, aunque enseguida olvidamos. Lo que está claro es que lo material no vale para nada. Lo que sirve es poder estar con tu gente, abrazar, hablar... Y en eso los niños han sido un ejemplo a seguir. Se han adaptado sin protestar”, añadía.

LA VÍA DEL WHATSAPP

Al otro lado de la frontera, en Navarra, estaban sus otros tres hermanos, que también han sufrido su ausencia. “Nuestra relación es muy estrecha. O viene ella o vamos nosotros a Tarazona, nos vemos en Los Fayos... Y esto ha sido muy largo. Además, ella disfruta mucho en Tudela porque salimos mucho, hablamos... Todo este tiempo ha sido una pena. Nos hemos acordado mucho de ella. Nos ha hecho mucha ilusión verla de nuevo”, reconocían Sagrario y Esperanza.

A pesar de todo, la imposibilidad de verse cara a cara la han solventado, en parte, gracias a llamadas, videollamadas y WhatsApp. “El problema es que no las entendía mucho porque no oigo muy bien”, bromeaba Coloma.

“El grupo de WhatsApp echaba humo. Fotos, vídeos... Lo que más pena nos daba es cuando igual algún día nos íbamos a almorzar o comer a la ermita del Cristo u otros sitios, le mandábamos una foto y ella no podía estar. Pero, por fin, estamos otra vez juntas. Este reencuentro nos ha hecho mucha ilusión”, concluían Esperanza y Sagrario.

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