Hija Predilecta

Forcada: “Tudela es mi hogar. Nunca he pensado en irme de aquí”

A sus casi 100 años de vida, la decoradora María Forcada recibirá el miércoles el título de Hija Predilecta de Tudela en reconocimiento a una trayectoria profesional con la que ha llevado el nombre de la ciudad por toda Europa y América

La decoradora María Carmen Forcada González posa en el salón de su casa, ubicada en la céntrica avenida Zaragoza de Tudela.
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La decoradora María Carmen Forcada González posa en el salón de su casa, ubicada en la céntrica avenida Zaragoza de Tudela.Blanca Aldanondo
La decoradora María Carmen Forcada González posa en el salón de su casa, ubicada en la céntrica avenida Zaragoza de Tudela.

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Diego Carasusán

Actualizado el 12/07/2020 a las 06:00

Corría el año 1961 cuando María Carmen Forcada González (Tudela, 1920) abrió su tienda de decoración en la avenida Zaragoza de Tudela. Desde el interior del establecimiento veía cómo algunos curiosos se paraban ante su escaparate sorprendidos por la puesta en marcha de un negocio al que no pocos le auguraban una vida muy corta en una ciudad “donde la decoración de las casas se limitaba a un tresillo de skay verde y una mesa camilla”. Todavía recuerda el día en el que, desde el interior de la tienda, escuchó a una de esas curiosas decir: “Esta mujer no tiene vida aquí ni para 3 meses”. Un augurio tan nefasto como equivocado, ya que aquella aventura emprendedora perduraría durante 53 años, dejando el sello de María Forcada en más de 1.000 proyectos en Europa y América. A un mes vista de cumplir sus 100 años, Forcada recibirá este miércoles día 15 de julio el título de Hija Predilecta de Tudela, un reconocimiento que la ciudad no tributaba desde 1993, cuando el homenajeado fue el arquitecto Rafael Moneo.


¿Cómo suena eso de Hija Predilecta de Tudela?

Así como fuera de aquí sí que he recibido premios y reconocimientos, en Tudela nunca me habían hecho nada. En cualquier caso, no creo que merezca algo así y tampoco lo echaba en falta, ya que siempre me ha gustado trabajar sin armar mucho ruido.

La proyección de su empresa alcanzó fama internacional. ¿Nunca se planteó trasladar su negocio fuera de Tudela?

No. Aquí está la casa de mis padres, tenía mi tienda, conocía a la gente... En definitiva, Tudela es mi hogar. Instalarme en Madrid o Barcelona hubiera supuesto mayor proyección, pero Tudela me ha permitido preparar mis proyectos con más tranquilidad y mimo.

Y también le ha aportado ese singular carácter ribero...

Estoy orgullosa de haber mantenido siempre esas señas de identidad. Tengo casi 100 años y puedo decir bien alto que no he cambiado ni el acento. ¡Faltaría más!

¿Qué recuerda de aquellos inicios en el mundo de la decoración?

Fueron muy duros. En mi casa no cayó nada bien que abandonara el negocio familiar, dedicado a la distribución de mercancía a las tiendas de la comarca, para establecerme por mi cuenta en un negocio como el de la decoración, que tan poco futuro parecía tener en aquella Tudela de los años 60. Me fui sola, sin una peseta, y sin la bendición de mi padre. De él aprendí a dirigir un negocio. Era muy buen empresario. Fue la mejor herencia que me pudo dejar.

¿Y cómo logró prosperar?

En este negocio, como en todo en esta vida, debes conjugar mucha ilusión, algo de talento y, por supuesto, sacrificio. Lloré infinidad de veces pensando que me había equivocado pero, poco a poco, fueron llegando los encargos y, a los dos años, ya tenía un montón de proyectos en marcha.

¿Y la opinión de su padre cambió?

Para entonces ya estaba muy malico y no pudo disfrutar del hecho de que su hija hubiera conseguido abrirse paso. Pero recuerdo un día que le acompañé al médico. Él entró en la consulta y yo me quedé en la sala de espera. Desde fuera oí la conversación que tuvo con el doctor y recuerdo que le confesó que, pese a todas las reservas que había tenido, ahora reconocía la valía de su hija y que se iba a morir contento por lo bien que me estaba yendo. De todos los premios que he recibido en mi trayectoria profesional, aquellas palabras de mi padre son el mejor galardón.

Su sello ha quedado impreso en más de 1.000 proyectos tanto en Europa como en América.

He decorado desde palacios y catedrales a bares, tiendas e, incluso, comisarías de Policía.

¿Y con cuál se queda?

Con todas. Cada una de ellas tiene su encanto. No se puede elegir. La labor del decorador es amoldar su proyecto al lugar, a la persona, al presupuesto, a la vida que se le va a dar a ese espacio... Por eso cada obra es especial.

¿Hubo alguna que le superara?

Siempre me he crecido ante los retos. Lo que sí ha habido es gente a la que sabía que no iba a poder dar lo que quería de mí. Los gustos son muy diversos, y siempre he pensado que es mejor renunciar a un encargo antes de hacerlo sabiendo que va a quedar tu firma en una obra que no has disfrutado.

¿Se encontró con muchas trabas por el hecho de ser mujer?

En la época en la que abrí la tienda, era un desdoro que una mujer regentara un negocio. Noté cómo algunas amigas se separaban de mí e, incluso, tenía una tía que nunca entró en la tienda. Cuando iba a alguna obra, los albañiles me miraban con recelo. Yo optaba por callar y mandar, con mano izquierda, pero firme. Siempre he pensado que, como decía Frida Kahlo, si las mujeres queremos la luna, tendremos que bajárnosla solas. Como mujer soltera, es cierto que ha habido ocasiones en las que he echado en falta la compañía de alguien con quien compartir mis sentimientos, pero también me ha dado la posibilidad de moverme con total libertad.

Además de todos sus trabajos, en Tudela siempre quedará la Casa del Almirante, palacio renacentista del siglo XVI donado en 2007 al Ayuntamiento para fines culturales y educativos.

Ese edificio se había convertido para mí en una obsesión. Me daba mucha pena ver cómo, poco a poco, se iba deteriorando. Un día los cuatro hermanos propietarios de él vinieron a la tienda y me lo ofrecieron. Lo adquirí en 1976 y me puse manos a la obra para arreglarlo. En 2003 lo doné a la Universidad Pública de Navarra (UPNA) para que pudiera ofertar en él actividades culturales pero, tras 4 años de espera, me demostró que no tenía interés. Acabé muy desencantada y decidí revocar la donación.

Y entonces apareció el Ayuntamiento.

Llegamos a un acuerdo de donación con el fin de dotar al edificio de vida acogiendo actos que elevasen el nivel cultural de Tudela. Y lo estamos logrando.

A punto de cumplir los 100 años..., ¿qué le queda por hacer?

Veo todas las penurias que pasan los inmigrantes que vienen en busca de una vida mejor, y pienso que yo vivo en pecado. Lamento que el cuerpo ya no me siga para poder ayudar más a quien lo necesita de verdad.

“Tenemos una presidenta de la Ribera que debería mirar más hacia el sur”

María Forcada no puede evitar mirar a Tudela con ojos de decoradora y es incapaz de reprimir un suspiro de lamento al analizar el urbanismo de algunas de sus calles.


¿Cómo decoraría usted Tudela?

Durante muchos años se han estado construyendo bloques de pisos enormes junto a casas más bajas de toda la vida, y eso ha destrozado la estética de nuestro casco urbano. Para mí, ver esas moles es un dolor, y todo se debe a una falta de proyecto de ciudad.

Pero de Tudela siempre se resalta la joya que es su Casco Antiguo.

El problema que yo veo es que contamos con un barrio viejo muy grande, y es muy difícil de actuar en él, pero también creo que se debería haber hecho algo más para potenciar el comercio de la zona y, así, ofrecer a los jóvenes más oportunidades para establecerse allí.

¿Qué opina de esa percepción que tienen algunos habitantes de la Ribera de que son tratados como navarros de segunda?

Esta es tierra de grandes personalidades, desde Benjamín de Tudela a Rafael Moneo. ¿Navarros de segunda? Nunca. Nosotros siempre hemos sido y somos de primera categoría.

Pero las decisiones se toman desde Pamplona...

Ahora tenemos una presidenta de la Ribera, de Cintruénigo, que debería mirar más hacia el sur, pero está mirando más al norte.

¿Y qué se puede hacer para revertir esta situación?

Lo mismo que cuando me preguntan cuál ha sido el secreto de mi éxito en mi carrera profesional: seguir dando lo mejor de cada uno en la tarea que tiene encomendada; poner el máximo de ilusión, talento y sacrificio en el trabajo; y respetar la casa del otro igual que se debe hacer valer la de uno mismo. Sin más.

Cómo convertir en siete días una casa en ruinas en un ‘palacio’ para los Reyes
Tras más de 1.000 proyectos ejecutados en 54 años de carrera, María Forcada guarda en su memoria cientos de anécdotas, muchas de las cuales, como apunta, “deben quedar en secreto”.

Y es que detrás de sus obras hay auténticas aventuras vividas entre las estanterías de anticuarios ingleses o en los pasadizos subterráneos de París, siempre en busca de ese mueble, tela o pieza que aportara el toque de magia que distingue a sus creaciones.

Una búsqueda que nunca termina en un mundo en constante evolución como es el de la decoración. “Cuando empecé primaba el estilo español, pero pronto fue el inglés el que lo inundó todo. Tras una época de mezcla entre antiguo y moderno, este último estilo se impuso”, explica Forcada, quien añade que, actualmente, “estamos en otra época distinta: la de Ikea”. “Ahora todas las casas son iguales, sin personalidad, pero son cómodas y baratas, y eso es lo que gusta a la gente. Contra esto, poco se puede hacer. Muchos decoradores han cerrado, y los que quedan solo encuentran proyectos para cosas muy privadas”, afirma la tudelana.

AL SERVICIO DE TUDELA

De ese particular baúl de los recuerdos de María Forcada, la decoradora rescata el encargo que el Ayuntamiento de Tudela le hizo en 1988 con motivo de la visita a la ciudad de los actuales Reyes Eméritos Juan Carlos I y Sofía.

“La Casa Consistorial estaba en obras, y se decidió que la recepción iba a ser en la Casa del Reloj, ¡pero esta estaba en ruinas! Solo tenía una semana para adecuar un edificio en el que, al entrar y mirar al techo, te encontrabas directamente mirando al cielo. Lo consulté con mi equipo y, entre todos, decidimos aceptar el reto”, recuerda Forcada, quien todavía se ve subida en el quiosco de la plaza de los Fueros, con un altavoz en mano, dirigiendo a las más de 50 personas que participaron en el proyecto. “Al final, todo salió muy bien”, concluye con una sonrisa de satisfacción, a la vez que apunta que “siempre he acudido gustosa y altruistamente a la llamada de Tudela”.

Ya jubilada, Forcada continúa conectada al mundo del arte. “Sigo las publicaciones de decoración, me intereso por las nuevas corrientes y, ‘a bordo’ de mi tablet, visito todos los museos del mundo. Mi sobrina -María Forcada Huguet- ha seguido mis pasos, pero no me pide consejo. Ella sabe mucho”, explica la decoradora, quien tiene muy claro que respondería si Tudela volviera a requerir de sus servicios: “Le diría que ya no puedo..., pero luego me lo pensaría mejor y me pondría a sus órdenes”.

SU DNI

Nacimiento Tudela, 17 de agosto de 1920.

Estudios Realizó diversos cursos de Decoración en Barcelona y Andorra.

Carrera profesional Inauguró su tienda el 16 de julio de 1961 en la avenida Zaragoza de Tudela. Posteriormente abrió otro local en la calle San Marcial, donde instaló una galería de arte. Se jubiló en 2015, a los 94 años.

Premios y galardones Empresaria del Año de la Asociación de Empresarios de la Ribera (2002); Cruz de Carlos III El Noble, otorgada por el Gobierno de Navarra (2008); y Cruz de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio, del Ministerio de Educación (2018).

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