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Educación

Antiguos alumnos valoran su paso por los Jesuítas de Tudela, que se irán de la ciudad en septiembre

La presencia de los Jesuitas en Tudela desde el año 1600 ha supuesto una aportación destacada en la educación de generaciones de tudelanos y foráneos

El arquitecto tudelano Rafael Moneo.

El arquitecto tudelano Rafael Moneo.

CEDIDA
21/05/2020 a las 06:00
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La presencia de los Jesuitas en Tudela desde el año 1600 ha supuesto una aportación destacada en la educación de generaciones de tudelanos y foráneos. Ahora han anunciado su marcha de la ciudad, aunque no afectará a su colegio, San Francisco Javier, que seguirá la andadura que inició en 1891 con el equipo de profesionales laicos que lo atiende actualmente. Un centro que, en su extensa trayectoria, ha formado a miles de estudiantes, un buen número de ellos destacados en distintos ámbitos. Hombres como José Javier Uranga (1925-2016), director de Diario de Navarra durante cerca de tres décadas, o los también periodistas Manuel Leguineche (1941-2014) y Miguel de la Quadra Salcedo (1932-2016), este último reconocido aventurero, pasaron por sus aulas junto a otros del ámbito de la política como el expresidente del Gobierno foral Miguel Sanz o el que fuera alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna (1943-2014), empresarios, deportistas... Algunos de ellos valoran su marcha.

Rafael Moneo: “Fue un instrumento de introducción a la vida real bueno y poderoso”

 

El reconocido arquitecto tudelano Rafael Moneo Vallés -fue el primer español galardonado con el premio Pritzker- valora con una sensación de “tristeza y pena” la marcha de los Jesuitas de su ciudad natal. “Ha sido una institución pedagógica de Tudela importantísima. El colegio ha cumplido un papel importante y, desde luego, para los que hemos vivido en el siglo XX ha sido el primer contacto con lo que significa educación y cultura. Realmente creo que era un centro de enseñanza bueno”, afirma Moneo, que estudió 8 años en el centro -entre 1947 y 1954-, cursando “el Preparatorio y los siete años de Bachiller”. Entró a los 10 años, cuando “el colegio tenía 415 estudiantes de los que 70 u 80 éramos tudelanos y estábamos mediopensionistas”. “Llevaba fama en todo el País Vasco y Navarra, y venían muchos alumnos de Bilbao, San Sebastián, Vitoria, Mondragón, Eibar, Pamplona, Zaragoza, Madrid... con lo que nos daba esa sensación de contacto con las gentes”, apunta Moneo que, a sus 83 años, afirma que estudió en ese centro “porque creo que entonces era el único de segunda enseñanza que había en la ciudad”. Al margen de la educación, que, según indica, “en conjunto creo que era muy buena”, considera que lo más valioso “era esa sensación de aprender a vivir en comunidad, ya que la vida en el colegio era como un pequeño reflejo de lo que la vida era luego”. “No solo los estudios, sino también las relaciones con los demás que estaban en el colegio, hacían de este centro un instrumento de aprendizaje, de introducción a la vida real, muy bueno y poderoso, y del que guardo buenos recuerdos y amigos”, dice.

De la enseñanza recibida, afirma que era disciplinada. “Los jesuitas eran ordenados, muy reglamentados... nos educábamos también en un sentido de aprender a valorar lo que significa la lucha por la vida”, asegura. “Discípulo de los Jesuitas ha sido tanta gente que, aunque luego se hayan separado incluso de la iglesia, han valorado lo que la Compañía de Jesús les ha dado”, afirma. Recuerda su etapa en el colegio como “7 años lentos en mi vida”. “Muchas veces pienso que nunca el tiempo ha transcurrido tan espaciosamente como en el colegio, y ello hace que esos años han dejado un poso profundo e importante”, comenta.

José Ellacuría: “Decidimos hacernos jesuitas tras estudiar en Tudela”

 

Han pasado más de tres décadas desde que fue asesinado en el campus de la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador, de la que era rector, el jesuita, filósofo y teólogo Ignacio Ellacuría Beascoechea (1930-1989). Murió, junto con otros 5 jesuitas y dos colaboradoras, a manos de militares salvadoreños durante la Guerra Civil en ese país.

Ignacio Ellacuría, natural de Portugalete (Vizcaya), era el cuarto de cinco hermanos de los que “todos menos el pequeño” se ordenaron sacerdotes. Así lo explica José Ellacuría, dos años mayor que su hermano Ignacio, quien recuerda que “4 de los 5 estudiamos en el colegio de Tudela”.

“Han pasado más de 80 años desde entonces”, afirma, al tiempo que define a Ignacio en esa época de estudiantes como “uno más entre sus compañeros”. “Entre sus galones, contaba que le habían hecho ‘jefe de filas’ cuando estaba en Primero”, indica. “Tenía el carácter igual que como se desarrolló después, aunque no tan marcado. Las cualidades las tenía dentro”, explica, al tiempo que destaca que era buen estudiante y que “sacó las mejores notas de la Reválida”.

De aquella época recuerda que estaban en el colegio internos, y que sólo volvían a casa en Navidad. Reconoce que entonces, “el concepto de relación personal era totalmente distinto al de ahora”. Por ejemplo, los hermanos no dormían en la misma habitación por el hecho de serlo, sino que “cada curso tenía su sitio”. “Teníamos una relación normal de hermanos. Estábamos en grupos distintos, con diferentes amigos”, añade.

“Decidimos hacernos jesuitas tras estudiar en Tudela. Después de la Reválida entramos en el noviciado”, explica. En este sentido, dice que el Padre Lasa, fundador del barrio de Lourdes de Tudela, “era el Padre Espiritual, y no consideró a Ignacio entre los ‘futuribles’ para entrar en el noviciado, mientras que a mí sí”. “Ignacio, cuando hizo la Reválida, le dijo al Padre Lasa: ‘Yo también quiero entrar en la Compañía de Jesús’. Y mire hasta donde llegó, hasta el martirio”, comenta. Recuerda que el colegio de Tudela “ha dedicado una de la orlas a Ignacio por el ejemplo de su vida y martirio”. “No cabe duda que los 7 años de colegial fue una buena base de su personalidad futura”, explica.

José Antonio Pérez-Nievas: “Soy muy positivo en el recuerdo del colegio”

 

“El esfuerzo y la lealtad son las dos virtudes que yo más he encontrado apoyadas por los Jesuitas”. Así define el empresario e ingeniero industrial tudelano José Antonio Pérez-Nievas y Heredero los valores que recibió en el colegio de Tudela.

Pérez-Nievas, que obtuvo en 2018 el Premio a la Trayectoria Empresarial y Profesional de la Cámara Navarra de Comercio, reconoce que le da “una pena grande” la marcha de los Jesuitas de la capital ribera. “Educaron a una generación de chicos importantes”, afirma, al tiempo que reconoce que “soy muy positivo en el recuerdo del colegio”.

Pérez-Nievas, de 83 años, es de la Promoción del 54. “Somos del mismo curso Moneo y yo, que era el mejor amigo que tenía, y recuerdo esos años con alegría. Hice buenos amigos allí”, refleja. Considera que “por lo que veo por mis nietos”, la educación que recibió él “era diferente a la actual”. “Yo era mediopensionista. Iba al colegio a las 8 de la mañana y volvía a las 8 o 9 de la noche. En las comidas, generalmente, no se podía hablar, y había uno que leía mientras comíamos”, afirma.

Preguntado por si guarda recuerdos especiales de algún Jesuita, afirma: “El Padre Lasa. Era el director espiritual de todos nosotros ‘por real decreto’. Era un tío buenísimo e hizo un gran trabajo en Tudela”.

Gárate: “Los valores que aprendimos son muy importantes en la vida”

 

José Eulogio Gárate desarrolló la mayor parte de su trayectoria como futbolista en el Atlético de Madrid y fue 18 veces internacional con la Selección Española. Pero mucho antes, concretamente a los 12 años, recaló, procedente de Eibar, en el colegio de los Jesuitas de Tudela, “donde estudié hasta Preu incluido”. “Fui porque dos amigos míos estudiaban allí. Me hablaban de los campos de fútbol que había en el colegio, que jugaban con balón de cuero... eso en 1955, una época que, claro, no es misma. Había una colonia importantísima de estudiantes del País Vasco en Tudela”, afirma Gárate quien, a sus 75 años, reconoce que en aquella época ya tenía afición por el fútbol y jugó en el equipo del colegio. “Entonces lo importante era el fútbol para los chavales, que era el deporte rey, a pesar de que no había los medios de ahora”, dice.

“Hace 60 años la sociedad nada tenía que ver con la de ahora. Es decir, venían unas generaciones de postguerra en las que la educación, la forma de actuar, no tiene nada que ver con la de hoy”, explica. Se considera “uno de los afortunados de poder haber cultivado la cultura a través de la enseñanza jesuística, donde aprendimos principios y valores como la disciplina, el respeto, el esfuerzo en el trabajo y la educación en sí, que son muy importantes en la vida”. Una suerte de haber recibido esa educación en la que, según afirma, coinciden “el grupo de 10 o 12 amigos que compartimos esos años en Tudela y que nos reunimos y estamos en contacto”. En lo académico, dice que había un profesorado muy bueno y “cuando íbamos a Pamplona a hacer la Reválida y a Zaragoza el Preuniversitario los resultados eran inigualables, diría yo”.

Recuerdo de Azkuna de su paso por Tudela

 

Iñaki Azkuna, alcalde de Bilbao desde 1999 hasta su fallecimiento en 2014, escribió en 2010 un discurso sobre su relación con los Jesuitas a lo largo de su vida, en el que se refirió en estos términos a su época de estudiante en el colegio de Tudela. “De Durango a Tudela a terminar el bachillerato. Interno como otros muchos chicos vascos en el colegio bendecido de Tudela, allá cerca de la Mejana, donde la naturaleza y la madre tierra lucen con todo su esplendor. Me aclimaté pronto al colegio. Los estudios, regular, pero el deporte: fútbol, los 1.500m., el saldo de altura, muy bien. Había que conseguir el récord... Al fútbol peleábamos a muerte contra los de sexto y, generalmente, perdíamos. Es natural. Con ellos jugaban Eulogio Gárate, que luego recaló en el Atlético de Madrid; de Diego, que jugó en el Deportivo de la Coruña, e Ilundain. En la portería, Juan Pedro Arrate, el de Orobio, que llegó a ser un magnífico pediatra en el Hospital de Basurto y nos dejó todavía hace muy poco con harto dolor del personal por la pérdida de una magnífica persona. Perdíamos en general, pero luchábamos como si nos fuera la vida en ello. En el fondo, yo era un irresponsable porque mis padres se sacrificaron por darme una carrera y yo pensando en batir el récord del salto de altura. Pero bien mirado, ¿cuándo iba a batirlo, a los 17 años o a los 67 que tengo ahora?. Tudela fue muy gratificante para mí, y mis buenos recuerdos sobrepasan a los malos momentos”.

“Reconocimiento” de antiguos alumnos



La Asociación de Antiguos Alumnos del colegio manifiesta “el impacto” que le supone la despedida de los Jesuitas de Tudela . “A nosotros, y a la gran mayoría de los que fueron sus alumnos, nos han dejado no solo recuerdos imborrables, sino también agradables y profundos, grabados en los años de Bachiller, y ahondados por causa de la nostalgia, del reconocimiento a la formación que nos infundieron, y porque el paso del tiempo nos ha hecho descubrir, poco a poco -ahora que ya somos adultos- cómo dedicaron sus vidas a encauzar las nuestras. No lo podemos olvidar. Gracias por todo”, afirman.

Por su parte, Alfredo Igartua, antiguo alumno, dedica el siguiente soneto al colegio:
Entre oraciones, juegos y latines/Minerva fuiste de dorada infancia/ fértil tu pecho de ciencia en abundancia./Cómodo lecho de sueños infantiles.
Cálido hogar de impulsos juveniles/ pingüe aroma del alma tu fragancia/ que aún nos habla de Dios, en la distancia/ sonidos persistentes, tus clarines.
Pusiste ley al mar, freno a los vientos/ de adolescencia ardiente y alocada/ escultor hábil de múltiples talentos.
Fragua sublime de ansias acabadas./ Hoy, yo te doy, en un puro lamento/ suspiros tristes, lágrimas cansadas.

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