Comercios
Carnicería El Prado, tradición e innovación de la mano desde 1936
Este negocio, ubicado en Tudela, lucha por adaptarse al mercado actual mientras mantiene la esencia desde sus inicios


Publicado el 07/08/2026 a las 05:00
La tradición y el orgullo familiar son los motivos que han llevado a David Ruiz Fuentes, tudelano de 51 años, a continuar una trayectoria en el sector de la carnicería que ya abarca tres generaciones.
El regente de la Carnicería El Prado, ubicada en el número 12 del paseo Pamplona de la capital ribera, recuerda la figura de Martina Ruiz, su abuela. Ella abrió el primer negocio familiar en la calle Rúa de Tudela en 1936.
“En aquella época todo se compartía, la gente se acercaba al local para disfrutar en compañía durante un periodo tan duro”, rememora David. “Aunque yo no la conocí, algunos clientes todavía se acuerdan de ella”, añade.
Sin embargo, su legado se mantiene vigente gracias al esfuerzo de su nieto y al respeto que guarda por la profesión. “Seguimos el camino que inició ella”, señala Ruiz. “Mantenemos la esencia de elaboración propia y las mismas recetas de mi abuela, al mismo tiempo que tratamos de innovar con nuevos productos”, asegura.
Actualmente, este local destaca, precisamente, por sus morcillas o salchichas caseras, así como por su amplia oferta de cachopos, hamburguesas o chuletones. Además, apuesta claramente por la ganadería local. “Vendemos cordero de la Ribera, ternera navarra y producto de la zona, lo más cercano posible al kilómetro cero”, subraya el propietario. Su horario es de lunes a sábado, entre las 8 y las 14 horas.
SANGRE DE COMERCIANTE
David afirma con orgullo que “ha mamado el negocio y el emprendimiento desde siempre”. Después de su abuela, fue su padre, Julio Ruiz, quien tomó las riendas del emprendimiento familiar.
Tras haber trabajado en Francia o haber viajado por todo el norte de España representando a una franquicia del sector cárnico, decidió volver a sus orígenes y retomar aquello que comenzó su madre.
De este modo, cuando le llegó el turno a David, asegura que “no llegué a plantearme otra cosa”. Desde los 16 años aprendió en otras carnicerías ubicadas en Ablitas o en el barrio de Lourdes. Hace aproximadamente dos décadas, tras la jubilación de su padre, se quedó con el local actual.
Desde entonces, reconoce haber pasado por “momentos satisfactorios y momentos muy duros”. David considera que mantener su negocio “es como criar un niño”. “Se trata de luchar y sufrir por él, esforzarte para sacarlo adelante y tratar de dar lo mejor de uno mismo”, apunta.


UNA MIRADA AL FUTURO
El carnicero reconoce que el sector y el negocio local “no pasan por un buen momento”. Ante la competencia de las grandes superficies, David solo ve una opción: “Seguir apostando por la elaboración propia y por la tradición, pero adaptarnos para no quedarnos atrás”.
El carnicero también considera que internet y las redes sociales constituyen una oportunidad de mercado que no debe dejar pasar. “Antes existía el boca a boca, y ahora la web se ha convertido en el nuevo escaparate para darte a conocer”, explica.
No obstante, estima que “gestionar un pequeño comercio ya no es apetecible, el sacrificio supera a la recompensa”. Por ello, considera que, a falta de unos diez años para su jubilación, su hijo Íñigo no continuará esa tradición familiar que ha perdurado por casi un siglo.
“El relevo generacional es muy complicado hoy en día”, recalca David, quien desea que su hijo siga “su propio camino”. Por ello, su primera opción es “acabar vendiendo o alquilando el negocio”.
Mientras tanto, seguirá ofreciendo a sus clientes esos productos con 90 años de tradición que se han convertido en historia viva de Tudela.