Cuando una hija salva la vida a su padre

La tudelana Katia Osta Castillo logró reanimar a su padre, de 82 años de edad, quien estuvo a punto de entrar en parada cardiorrespiratoria. Con la ayuda de los policías municipales José Blas Jiménez y Andrea Marquina, todo quedó en un susto

La tudelana Katia Osta Castillo -en el centro-, junto a José Blas Jiménez Casamián y Andrea Marquina Oliveros, los agentes de la Policía Local que le ayudaron a reanimar a su padre
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La tudelana Katia Osta Castillo -en el centro-, junto a José Blas Jiménez Casamián y Andrea Marquina Oliveros, los agentes de la Policía Local que le ayudaron a reanimar a su padre
La tudelana Katia Osta Castillo -en el centro-, junto a José Blas Jiménez Casamián y Andrea Marquina Oliveros, los agentes de la Policía Local que le ayudaron a reanimar a su padre

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Diego Carasusán

Actualizado el 11/09/2025 a las 22:55

No tenía que haber estado allí en ese momento, pero la casualidad hizo que estuviera..., y eso salvó la vida de su padre.

Eran las 20.30 horas del pasado viernes 5 de septiembre cuando la tudelana Katia Osta Castillo acudió a casa de sus padres, en la calle Almajares de la capital ribera, a atender una llamada de su madre, Ángeles Castillo.

“Estando allí me comentó que mi padre (Esteban Osta López -82 años-) estaba como adormilado, pero que no quería ir al médico”, recuerda Katia, quien entró en el salón del domicilio familiar a ver cómo se encontraba. “Poco más de una hora antes había traído a mi hijo en coche, y estaba perfecto, pero entonces me lo encontré sentado en el sofá y no respondía. Mi madre le gritó: ‘¡Esteban, Esteban!’, y se quedó como dormido”, apunta la tudelana.

Entonces Katia recordó todos los pasos que aprendió durante el curso de Reanimación Cardiopulmonar (RCP) que había recibido recientemente como trabajadora administrativa en el Hospital Reina Sofía de Tudela. “En ese momento fue como si el bombero que dio el curso se me pusiera al lado y me fuera recordando, uno por uno, los pasos a seguir”, explica Katia.

Así, lo primero que hizo fue llamar al 112 y, acto seguido, inició la reanimación con compresiones torácicas y ventilaciones. “En el curso nos enseñaron un truco que consiste en llevar el ritmo de la reanimación cantando La Macarena..., y eso hice. Pensé: ‘como me esté escuchando mi padre, en una situación tan extrema como esa, y yo cantando La Macarena, va a pensar que me he vuelto loca”, recuerda la tudelana, quien al día siguiente, el 6 de septiembre, cumplía años. “A la vez que cantaba le decía a mi padre que no se podía morir..., que no me podía hacer eso y que no me podía dejar el día de mi cumpleaños”, explica Katia.

LA AYUDA DE LA POLICÍA

Mientras realizaba la RCP a su padre, al domicilio familiar llegaron tres agentes de la Policía Municipal que fueron alertados de la emergencia y que se encontraban en esa zona de la ciudad.

Mientras uno de ellos tomó el relevo a Katia en la reanimación, los otros dos agentes -José Blas Jiménez Casamián y Andrea Marquina Oliveros-, comenzaron a preparar el Desfibrilador Externo Semiautomático (DESA) que llevaban en el coche patrulla.

Katia se reencontró esta semana con estos dos agentes en una cita convocada por Diario de Navarra y, entre los tres, recordaron la actuación que salvó la vida de su padre.

Según explicaron los agentes municipales, “Katia no quería parar su reanimación hasta que alguien le tomara el relevo..., y eso fue fundamental”.

“Cuando haces el curso -recordó Katia- te das cuenta de que la RCP cansa mucho, pero en ese momento, con la adrenalina a tope y viendo que mi padre se podía morir, no sentí nada”.

Los agentes comprobaron que Esteban respiraba. De hecho, el DESA no se activó, con lo que le colocaron en posición de seguridad hasta que aparecieron los servicios médicos.

EL REGALO DE CUMPLEAÑOS

Los sanitarios desplazados al lugar estabilizaron al tudelano gracias al uso de la máquina de reanimación automática y le trasladaron al Hospital Reina Sofía de Tudela todavía en estado semiinconsciente.

“No llegó a entrar en parada cardiorrespiratoria, pero sufrió una serie de arritmias que ralentizaron mucho el ritmo cardiaco. Si no hubiéramos actuado, habría entrado en parada seguro”, explicó Katia. De hecho, el estado de su padre era tan grave que tuvo que ser derivado a Pamplona.

Entonces llegó el final feliz de semejante situación. “Yo nací a las 00.20 horas del día 6 de septiembre y, en ese mismo momento, estando ya en Pamplona con mi padre, y haciéndonos a la idea de lo peor..., despertó. De alguna forma, él me había dado la vida el mismo día que yo se la devolví..., pero con 53 años de diferencia”, explicó Katia, quien reconoció sentirse “muy contenta porque he tenido el mejor regalo de cumpleaños que podían darme: tener a mi padre a mi lado”.

RCP EN LOS COLEGIOS

Esa satisfacción de Katia fue compartida por los agentes municipales actuantes quienes, durante los días posteriores al suceso, siguieron con especial atención la evolución positiva de Esteban.

La del viernes no fue, ni mucho menos, la primera intervención de estas características que los policías José Blas Jiménez y Andrea Marquina han realizado.

Entre los dos agentes acumulan ya 8 intervenciones en este tipo de sucesos. “Hay veces que, como en el caso de Esteban, todo ha salido bien. Cuando consigues salvar la vida a alguien experimentas una de las mejores, si no la mejor, de las sensaciones que se pueden tener en este trabajo. Pero hay otras ocasiones en las que no hemos tenido tanta suerte, y es entonces cuando te preguntas si podías haber hecho algo más”, explican los policías tudelanos.

En este sentido, ambos agentes quieren lanzar un mensaje a la ciudadanía para concienciar a los vecinos de la importancia de saber cómo actuar en este tipo de circunstancias y, “como en el caso de Katia, poder salvar la vida a su padre”.

En concreto, Andrea apunta que sería “muy interesante” que este tipo de formaciones en RCP comenzaran, incluso, en los colegios, “a edades tempranas, porque cada uno de nosotros puede ser la clave para la resolución positiva de casos de este tipo”.

Por su parte, su compañero José Blas incide también en la necesidad de establecer un plan de reciclaje de este tipo de formaciones “porque, aunque es algo muy sencillo de aprender, también se corre el riesgo de que se olvide con facilidad”.

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