Comercio local

Nenúfar, una floristería con más de 40 años de andadura en Tudela

Su propietario, Jorge Clemos Manrique, reconoce estar "enganchado" a su trabajo, que califica de "vocacional", y del que le gustaría no jubilarse

A: BLANCA ALDANONDO
F: 28/10/2024
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Jorge Clemos Manrique, en la puerta de su floristería Nenúfar, situada en la céntrica calle Capuchinos de Tudela
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M. T.

Publicado el 20/11/2024 a las 19:21

El tudelano Jorge Clemos Manrique puso en marcha hace más de 40 años, junto con su madre Carmen, ya fallecida, la floristería Nenúfar, situada en la céntrica calle Capuchinos de la capital ribera. “Empezamos en un local situado unos metros más arriba del actual, al que nos cambiamos cuando fuimos creciendo para poder atender a más público. Cuando se jubiló mi madre me quedé yo al frente del negocio, y mi intención es seguir mucho tiempo, siempre que pueda, trabajando un poco menos. Me gustaría no jubilarme. Cuando me voy más de cuatro días, lo echo en falta. Estoy enganchado”, afirma Clemos, quien no duda al afirmar que lo que hace “es vocacional”. “Tienes que vivirlo, porque eres el que compras, el que estás con el cliente e interpretas lo que quiere... Si no te gusta esto, es mejor que te dediques a otra cosa”, explica.

A sus 56 años, recuerda que decidieron abrir Nenúfar porque “desde pequeño me gustaba mucho la naturaleza, y a mi madre también”. “Los dos teníamos ganas de emprender”, señala Clemos, al tiempo que explica cómo fueron sus inicios en este campo, cuando contaba apenas con 17 años. “Había estudiado en Madrid en la escuela del padre Mundina, donde empecé a formarme en botánica. A partir de ahí, aumentaron mis ganas de conocer las plantas, que me gustaban mucho de toda la vida,y continué en la Escuela Española de Arte floral. Tenía muy claro que era esto lo que quería hacer. Después continué formándome, porque hay que actualizarse continuamente”, comenta.

El propósito de poner en marcha Nenúfar fue, como explica, ofrecer al cliente de Tudela y la comarca “otra manera más innovadora de ver el arte floral; es decir, era un negocio más abierto a montajes de ramos o centros distintos, un poco diferentes”. “En esa época, en las grandes ciudades como Barcelona o Madrid se conocía ya otro estilo y con otras características que le daban más riqueza al producto floral”, afirma. Desde entonces, no ha dejado de realizar sus creaciones para sus clientes. “Cada día me llena lo que hago, porque lo realizo con cariño, igual un ramo de 20 euros que otro de 100. Y el verdadero orgullo es que la gente sea feliz con lo que se lleva para cada ocasión, y que te responda con una sonrisa; que confíen en tí siempre es una satisfacción” comenta. De hecho, considera que “no eres nada” sin los clientes y sin los empleados de una tienda como la que regenta, y en la que ahora trabajan tres personas, incluido él. Y es que, en su opinión, “es muy difícil” llevar adelante un negocio pequeño porque supone muchas horas de trabajo. “No puedes dejar a un cliente tirado. Por ejemplo, si llaman para preparar flores para alguien que ha fallecido, sea el día que sea voy, porque, sentimentalmente, la gente necesita en ese momento un servicio y se lo das encantado”, afirma.

Entre sus flores favoritas dice que “hay muchas, la peonía, por ejemplo, los tulipanes...pero me gustan todas, ya que todas son bonitas”. No obstante, considera que, en cuanto a preferencias, “vas cambiando de tipo de flor con la edad, según el estado de ánimo, etc.”. “Yo me sorprendo cada día, porque salen variedades nuevas, hay grandes maestros que te enseñan a ver el arte floral de otra manera... En este negocio, si quieres que vaya bien, la mente tiene que estar abierta a los cambios, y hay que buscar innovación”, afirma. En cuanto a las preferencias de sus clientes, señala que normalmente se decantan por la rosa, aunque “muchas flores son de temporada y, según la época del año, se adaptan a lo que hay”. “También es verdad que la gente tiene cada vez más información y va pidiendo cosas más especiales, y que cada vez hay más variedades de flor todo el año”, incide. “La globalización es para todo, también para las flores. En doce horas te pueden llegar en avión desde Ecuador o Sudáfrica. Por ejemplo, ahora tengo hortensia fresca todo el año”, explica Clemos, padre de tres hijos aunque, según dice, no se plantean continuar con el negocio.

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