Patrimonio
Un libro explica cómo se restauró el Cristo de la Columna de Cascante
Sus autores son la encargada de los trabajos, Miriam Pérez Aranda, y el historiador Ángel Santos; la talla, del siglo XVII, sufría problemas de carcoma


Publicado el 02/10/2023 a las 17:11
La alarma saltó en las fiestas de Cascante del año 2000. Durante el traslado de la talla del Cristo de la Columna (obra datada en el siglo XVII) desde su capilla al presbiterio de la iglesia de la Asunción, los fieles se dieron cuenta de lo que ocurría. Al colocar las andas para el traslado apareció bajo las mismas una gran cantidad de serrín. Era el síntoma evidente de un problema de carcoma y de un ataque de estos insectos xilófagos que ya había empezado a afectar a la parte inferior de la talla.
Se decidió entonces hacer una intervención para eliminar esta plaga. Los trabajos supusieron un coste de 5.000 euros, que fueron sufragados gracias a una colecta realizada entre los feligreses.
El 7 de noviembre de 2021, 176 días después, el Cristo de la Columna regresó restaurado a la iglesia de la Asunción.
Dos años más tarde de aquel final feliz se ha publicado el libro titulado El Cristo de la Columna de Cascante. Estudio histórico, artístico y restauración, obra de la restauradora aragonesa encargada de la reforma Miriam Pérez Aranda, y del historiador Ángel Santos Herreros.
La obra repasa los avatares del trabajo de reforma de esta talla de estilo naturalista realizada en 1645 por el escultor Francisco Guerra, por encargo de la Cofradía de la Vera Cruz.
PASO A PASO
La presentación del libro tuvo lugar en Cascante durante un acto al que asistieron los dos autores del mismo, quienes fueron entrevistados por los jóvenes investigadores locales Julen Sesma y Ion Guardia. Todos ellos acercaron al público presente los detalles artísticos de la talla y el proceso de restauración llevado a cabo.
Al finalizar el acto se procedió a la firma de los ejemplares adquiridos por parte de las personas asistentes.
La edición consta de 300 ejemplares que se pueden adquirir por el precio de 10 euros cada uno.
Según explicó Pérez, cuando la talla llegó a sus manos “estaba con mucha suciedad, afectada por el incendio de 1940, quedando en superficie todo el hollín producido por las llamas”. “Las sucesivas limpiezas realizadas incrustaron esa suciedad dentro de la imagen. Por ello, lo primero que hubo que quitar fue esa suciedad”, explicó.
“Presentaba un problema de carcoma que hubo que tratar para salvar la escultura. La dejé un mes con una cámara de veneno para tratar la carcoma. Luego le apliqué una cámara de protección e inyecté un producto anticarcoma en cada uno de los agujeros que tenía la imagen. Creamos una cámara que no tuviera oxígeno durante un mes y medio y vigilé que no salieran nuevos agujeros”, relató Pérez.
El tratamiento fue un éxito, pero todavía quedaban más labores por realizar. “Después de atajar el problema de la carcoma llegó el momento de realizar una limpieza mecánica, laboriosa y lenta de la talla, hasta recuperar la imagen original”, explicó la restauradora aragonesa, quien reconoció estar satisfecha con el resultado final.
Finalmente, Pérez apuntó varios detalles que dan muestra del éxito de la reforma. “El público se tiene que fijar, sobre todo, en los colores de la talla: el paño de pureza tiene dos líneas -una roja y una azul-, las llagas de la flagelación, se aprecian los nudillos, las venas, la cara de sufrimiento, las gotas de sangre… con sus colores originales quedando la imagen tal y como se diseñó”, concluyó.