Fiestas de Navarra
Un capón, empotrado contra el bar en las fiestas de Ribaforada
La res se lanzó contra la fachada de la Cafetería 2000 y destrozó la cristalera. Dentro había 50 personas, las más cercanas un matrimonio mayor y su hija. No hubo heridos graves


Publicado el 27/08/2022 a las 06:00
Como cada día de fiestas desde hace años, el matrimonio de Ribaforada formado por Ángel Zardoya y Teresa Sánchez, de 89 y 86 años, salió de casa poco antes de las seis de la tarde para acudir a la Cafetería 2000, a escasos 20 metros de su vivienda. El objetivo no era otro que coger un buen sitio para ver el encierro desde un lugar privilegiado y, en principio, lejos del peligro de los astados. Les acompañó su hija Maite y consiguieron una mesa junto a la cristalera que les daba una visión perfecta de la calle.


Junto a ellos, unas 50 personas estaban en el interior del local cuando los toros y capones de la ganadería Merino Garde, de Marcilla, saltaron a la calle. Todo iba bien hasta que se acercaron cuatro de los animales. Lo primero que hicieron fue, precisamente, acercarse a la cafetería, pero dieron media vuelta y se fueron al otro lado de la calle.
La segunda vez no hubo tanta suerte. Dos de ellos volvieron frente a la cafetería y uno, un capón de 6 años que el ganadero Manuel Merino describió como “inquieto y muy nervioso”, saltó sin que nadie lo esperara hacia la cristalera apoyándose en las sillas que había junto a ella, y la destrozó asomando la cabeza justo junto a la mesa donde estaban Ángel, Teresa y su hija Maite. “Todo quedó en un susto y, por suerte, no hubo que lamentar nada importante. Sólo pequeños cortes en el brazo de mi madre, que le curaron en el mismo lugar los médicos”, relataba Maite, que añadía que, en ese momento, su madre se estaba comiendo un polo tranquilamente.


A quien también le pilló comiendo dentro del bar fue a su propietario desde hace 42 años, Félix Ansó. “En fiestas comemos cuando podemos y, de repente, se oyó un fuerte ruido porque el cristal es muy gordo. Cogió impulso en las sillas que estaban justo en la calle pegadas a la fachada y si no es porque al impulsarse el toro las rompió y perdió altura, entra en el bar”, relataba ayer. “Nunca había pasado nada igual. A veces rompen sillas, lanzan las mesas, incluso una vez rajaron el cristal, pero romperlo entero, nunca. Fue como una explosión”, añadía.