Ocio
Tres décadas con la ‘magia’ del títere
Han pasado treinta años desde que el Colectivo Humo de Tudela inició su andadura en el teatro de títeres. Una trayectoria que conmemora con una exposición sobre su trabajo que se puede contemplar en el museo Muñoz Sola hasta finales de agosto


Publicado el 13/08/2021 a las 06:00
Surgió hace tres décadas en Tudela con el propósito de ofrecer teatro de títeres y, desde entonces, ha realizado entre 60 y 70 obras y proyectos, trabajando distintas técnicas, que ha llevado en cartel por distintas ciudades de la geográfica española, además de alguna vez en Francia, y también en festivales. El Colectivo Humo repasa ahora esta dilatada trayectoria con la exposición ‘La magia del títere’, que se puede contemplar hasta el 29 de agosto en las bodegas del Museo Muñoz Sola de la capital ribera -los sábados 21 y 28 se ofertan visitas guiadas-. “He pretendido que se viera un poquito el trabajo, de todo tipo de técnicas, que hemos hecho en estos treinta años”, afirma Manuel Aliaga Berdonces, quien formó esta compañía junto con Santi Mozo Gil -el primero lleva la dirección y la faceta artística, y el segundo la parte técnica-. Una muestra con algunas de las escenografías y títeres que les han acompañado en esta trayectoria, cuya entrada es gratuita ya que “el pago es que la gente que la ve diga que le ha gustado, porque lo que se busca es que participen en esta celebración”, añade Aliaga, quien también ofrecerá en esta pinacoteca el día 21 el taller infantil y juvenil ‘Zootropos’.
EL OFICIO DEL TITIRITERO
Aliaga, natural de Fitero y de 59 años, reside en Tudela desde los 23 o 24. Estudió Psicología pero cuando se le pregunta cuál es su oficio afirma: “Siempre digo que soy titiritero, una palabra que me encanta. Lo digo orgulloso. Me dedico solo a esto desde hace 37 años”. Y es que fue en 1983 cuando se sumó, como explica, “al teatrillo móvil Riki-Rake, de Cascante, y, partir de ahí, es cuando empiezas a descubrir un mundo, una historia, una tradición que es muy rica, y un arte popular de calle, de pueblo”. “Éramos jovencitos, muy punkis -también lo eran las marionetas-, y estuvimos hasta 1990, que es cuando acabó el proyecto de Riki-Rake”, refleja, al tiempo que añade que entonces decidió formar el Colectivo Humo junto con Santi Mozo, “que era nuestro técnico en Riki-Rake”. Un nombre, el de esta compañía, que surgió de un error. “Bromeé con una amiga, diciéndole que me iba a tener que llamar Colectivo Uno. Me entendió mal y dijo: Qué bonito, Colectivo Humo. Y así se quedó”, explica.
El inicio fue con una obra para adultos de títere de hilo. “Luego hice espectáculos de guiñol, de teatrillo de papel, que es en lo que estoy ahora, otros para escenarios de gran formato... de todo tipo, porque para vivir de esto tienes que tocar muchos palos y no digo que no a nada”, comenta
Cuenta con entre 60 y 70 títeres y marionetas, realizadas por él mismo. “Soy como muy imaginativo desde niño. Siempre tengo libretas, como digo, llenas de abortos, porque pongo en ellas cosas que no haré en la vida. Pero voy dibujando en esas libretas y un día aquello confluye y nace una criatura, una obra, y ya está. Funciona así, tal vez de un modo muy caótico. No soy una persona metódica”, comentó. “Los títeres los hago todos en el taller. Es un gran trabajo y también un gran placer. Para realizarlos, si tienes prisa, puedes hacerlos muy rápido con goma espuma, pero siempre que puedo uso materiales más naturales, como pasta de papel, cartón piedra o madera”, indica.
Dice que los espectáculos del Colectivo Humo son para un público familiar “porque si son buenos para niños, normalmente también lo son para adultos, cosa que no ocurre al revés”. Y explica qué hace para crear esos espectáculos: “pienso en el niño que fui, en el niño que llevo dentro, y si me divierto y veo que funciona para mí. creo que para los demás también”.
Aliaga reconoce que por la pandemia de la covid-19 ha trabajado menos, “pero tampoco lo he pasado mal ya que, al final, como no sales de casa tampoco gastas”. “Sería un miserable si dijera lo contrario”, asegura, al tiempo que considera que, por contra, las compañías grandes de cinco o seis actores “lo han pasado muy mal”. “Ahora se está notando un poco más de movimiento, y la gente está con ganas”, afirma, Aliaga, quien muestra su intención de continuar con este oficio, aunque intentando ofrecer actuaciones en lugares más cerca de Tudela porque “me gusta la riqueza en tiempo”.
Por lo que se refiere al futuro de este trabajo, considera que, “como siempre, creo que seguirá siendo difícil vivir de ello aunque, mal que bien, creo que continuará porque no puede morir ya que la gente necesita que le cuenten historias”.
En su opinión, espectáculos de títeres como los que ofrece son más importantes que nunca para que los niños, en este mundo de las nuevas tecnologías, “vean algo que no es digital, que es analógico, y que se den cuenta de que lo interactivo está ya inventado desde hace mucho, y esto sí que lo es”. Unos niños que, como dice, “son muy graciosos, creativos y artistas natos, y me gusta vivir esa parte espontánea”.