Cierre de Trenasa
Las "caras" del cierre de Trenasa Castejón
Cuatro de los 109 trabajadores de la planta del grupo CAF en la villa ferroviaria relatan su situación ante el anuncio de cierre de la empresa realizado hace casi un mes por la compañía, con el consiguiente despido de toda la plantilla


Actualizado el 25/10/2020 a las 06:00
Ha pasado casi un mes desde que el 25 de septiembre el Grupo CAF anunciara su decisión de cerrar su filial Trenasa de Castejón y, en consecuencia, el despido de sus 109 trabajadores. Unas frías cifras de un número, en este caso el 109, que representan a otras tantas personas, con nombres y apellidos e historias a sus espaldas que contar sobre su andadura en esta planta de la villa ferroviaria dedicada a la construcción de chasis de vagones de tren, tranvía y metro y de su montaje interior, y lo que supone quedarse sin empleo, además, en unas difíciles circunstancias como las actuales debido a la crisis del coronavirus.
TRAS CASI UN MES
Adrián García Saltra, Javier Ordoyo Casas, Adrián Ciria Reoyo y Maider Oiz Sayas, cuatro de los integrantes de la plantilla de la planta ribera con edades entre los 31 y 42 años, relatan cómo están viviendo este proceso, a una semana de finalizar el periodo de negociación con la empresa. Todos ellos coinciden a la hora de mostrarse pesimistas respecto a que se pueda revertir la decisión de CAF de cesar la actividad de Trenasa. Y es que, como aseguran, conforme pasan los días, ven más difícil que se evite este cierre cuyo anuncio fue tan “inesperado” para ellos porque, como explican, tenían proyecto de trabajo “hasta 2023”. Con ganas ya de que “finalice todo esto”, reconocen que hasta que no llegue ese momento no se plantearán alternativas para su futuro laboral.
Adrián García Saltra 38 años (Castejón)
Natural de Castejón y residente en Villafranca, Adrián García lleva unos 10 años trabajando en Trenasa aunque, como asegura, “soy de los veteranos de entrada en la empresa, pero de los que han despedido varias veces”, concretamente en dos ocasiones hasta ahora.
Recuerda que entró en la planta en 2008 y su primer despido fue en 2013. “Al poco tiempo, no se si fue a los 4 meses, me llamaron para ir a Madrid y, al final, como no te dan tiempo como quien dice a haberte posicionado en otra empresa, y además con la crisis no había mucho donde elegir, acabas volviendo sabiendo que te acaban de despedir, como quien dice”. Estuvo 11 meses en la capital de España “haciendo para CAF reparaciones y cosas en los trenes de alta velocidad”, explica. Regresó luego a Trenasa, donde había trabajado como operario de montaje, “y me mandaron a la zona de estructuras”, señala, al tiempo que añade que tres o cuatro meses después nació el segundo de sus tres hijos, y un mes más tarde, “el mismo día que volví del permiso de paternidad, me despidieron”.
“Tuvieron muy poco tacto. Me daban la enhorabuena y me despedían el mismo día. Dejaron a gente con 4 o 5 meses de antigüedad y nos despidieron a otros que llevábamos varios años en la empresa. Entiendo que como llevaba ya un año y medio en esa segunda etapa, si cumplía los dos me tenía que quedar y, entonces, era más fácil decir, pues fuera”, asegura. Añade que le volvieron a llamar después de algo más de dos años, justo cuando acababa de tener su tercera hija. “Acepté, pero la condición era que volvía de ETT tras 6 años de experiencia laboral. Me tuvieron por la empresa temporal once meses, y cuando ya un poco dimos a entender a Trenasa que nos íbamos a empezar a buscar la vida, nos volvió a incorporar y, al año, nos hizo fijos”, indica, al tiempo que reconoce no entender “cómo pueden tener esa facilidad para despedir y cerrar empresas ni la facilidad que se les da para hacer lo que quieren”.
Dice que tanto él como otros compañeros “tenemos años de experiencia”. “Haces el esfuerzo de irte fuera para mantener el trabajo, y en el momento en que vuelves les da exactamente igual los méritos y el esfuerzo personal que hayas podido hacer. A nivel personal, te sientes maltratado en ese sentido. La sensación que tienes es que igual tú has ofrecido más a la empresa que lo que te ha ofrecido Trenasa a ti, y encima para este final. Es injusto”, refleja. Respecto al futuro, dice que encontrará trabajo, aunque “ahora mismo la Ribera parece un solar para buscar empleo”.
Adrián Ciria Reoyo 31 años (Tudela)
El tudelano Adrián Ciria Reoyo, trabajador en Logística de Trenasa desde hace tres años, se sincera sobre la situación que está viviendo con el anuncio del cierre de la planta. “Esto es infernal. Solo quiero que se acabe, sea como sea, de una vez. La incertidumbre de no saber qué va a pasar contigo, de no poder moverte para buscar otro trabajo... Todo es como que nos sentimos atados de pies y manos porque no nos podemos mover. Que esto pase rápido”, afirma.
A sus 31 años, reconoce que no tiene ninguna esperanza de que, finalmente, no se produzca el cierre, “porque no es solo tema económico”. “Ya en una reunión, el abogado dijo que era una decisión empresarial. O sea que la empresa ha decidido que cierra, y se cierra, punto. Por más que queramos”, indica, al tiempo que reconoce que no le había tocado nunca una situación como esta “y esto es una amargura”. Y es que, según dijo, antes que en la planta de Castejón trabajó en Alstom Buñuel, “pero salí antes del cierre de esa empresa, así que no me lo ‘comí’, como otros compañeros”.
“Estamos esperando a ver si algún político mueve algo”, porque, según indica, soluciones, hasta ahora “ninguna”. Añade que “hemos leído que el consejero Manu Ayerdi dijo lo mismo de Trenasa que de Gamesa Aoiz, y mire como han terminado, con el cierre”.
Ciria, que también reconoce que no ha cobrado aún el ERTE del SEPE, explica que cuando le hicieron fijo en Trenasa estaba pensando en comprarse un piso “y afianzar ya con mi pareja todo”. “Y todo se ha ido al traste. Ahora, con una mano delante y otra detrás, y no sabes a dónde ir, qué hacer ni por dónde tirar, porque en la Ribera cada vez hay menos industria y menos puestos de trabajo. Y si te haces autónomo es arriesgándote a todo, pero en el paro no puedes estar porque ahí te consumes”, señala. Concluye afirmando que “he hablado con gente que me ha dicho que cuando termine aquí la llame par trabajar, pero no puedo moverme hasta que esto acabe”.
Javier Ordoyo Casas 42 años (Alfaro, La Rioja)
Javier Ordoyo, de Alfaro (La Rioja), situada a unos 5 kilómetros de Castejón, es, como él mismo afirma, de los trabajadores “antiguos” de Trenasa, ya que lleva en la empresa 12 años ininterrumpidos. En este tiempo, “hemos pasado por no sé cuantos ERTEs, dos EREs, y este, que espero que no, sería el último”.
Tras considerar que “cada vez que pasan los días es más difícil que la fábrica siga abierta”, cree que, de producirse el cierre, “dentro de un año o dos CAF volverá a tener mucho trabajo y volverá a abrir, con otro nombre, como almacén, etc.”.
Reconoce que se esperaba que en enero pudiera haber despidos “como ha ocurrido en otras ocasiones”, pero no el cierre total. “El tema es triste. Al final, da mucha pena que, sabiendo que tenemos trabajo, porque lo tenemos hasta el 2023, que nos cierren así, a las buenas. Te sientes un poco con rabia e impotencia”, explica, al tiempo que añade que, “llevamos un mes tras el anuncio del cierre y, psicológicamente, la gente se cansa”. “Es duro y difícil”, añade.
Ordoyo, de 42 años, casado, padre de dos hijas y especialista en mecanizado, reconoce que con la pandemia del coronavirus “no es el mejor momento para que te ofrezcan mucho empleo”. No obstante, dice que “siempre he tenido trabajo” y que, hasta ahora, nunca le han despedido de ninguna empresa. “Tengo confianza aunque, de momento, no he pensado en nada. Hasta que no me despidan y tenga mi finiquito en casa, no voy a pensar nada”, concluye.
Maider Oiz Sayas 33 años (Buñuel)
Maider Oiz Sayas, de 33 años, natural de Barcelona y residente en Buñuel, lleva trabajando en Trenasa tres años, y anteriormente otros ocho en Alstom Buñuel, empresa dedicada a fabricar turbinas de aerogeneradores eólicos que cerró sus puertas en 2016. “Es un poco triste, la verdad, que con 33 años te toquen dos cierres de empresas. Al principio dices que no puede ser, que no me puede tocar otra vez y en tan poco tiempo, porque parece mentira, pero no podemos hacer nada. Está la cosa mal”, asegura. En este sentido, y aunque reconoce que no están para bromas, afirma sonriendo que algunos compañeros de la planta de Castejón “me dicen que a ver dónde voy a ir ahora para no ir ellos”.
Oiz, casada y madre de un niño de 4 años, reconoce que no se esperaba el anuncio de cierre de Trenasa porque “teníamos trabajo hasta 2023 con un proyecto que duraba estos dos años” y que, a falta de una semana del cierre de las negociaciones, “conforme pasan los días, tenemos menos esperanzas de que no se cierre”. “Luchamos por el no cierre pero, si nos vamos a la calle, al final, a luchar porque nos vayamos todos en las mejores condiciones”, considera, al tiempo que dice no comprender los motivos para el cese de la actividad.
“Supuestamente son pérdidas, y el proyecto de dos años de trabajo que se iba a hacer es de Francia para reacondicionar trenes. Y ahora se acaba de terminar, mientras estábamos en la puerta de la fábrica, una nave de pintura que era nueva. No entendemos muchas cosas, la verdad. Creo que ven menos trabajo y han dicho: lo primero nos quitamos esta planta y a repartir el trabajo con las otras del grupo CAF”, refleja.
Oiz, trabajadora de la sección eléctrica de la empresa, explica que estuvo una semana de ERTE en julio, además de septiembre y octubre. “No he cobrado del SEPE el ERTE, que es el 70%. Lo que cobro es el 15% de la empresa, de momento, aparte de que ahora nos hemos salido del ERTE para hacer la huelga. Menos mal que mi marido trabaja”, comenta.
Respecto a sus planes de futuro, afirma que “ahora, la verdad, es que no sé qué voy a hacer”. “Llevo idea de estudiar, pero vaya, no lo sé. Quiero que se acabe todo esto, y a ver qué pasa. Mientras estoy aquí tampoco estoy pensando en lo que voy a hacer. Ojalá Trenasa se quede abierta, pero si se cierra, cuando se termine habrá que sentarnos un poco y ver qué hacemos”, explica.
Reconoce que, con el handicap de la covid-19, “en estos momentos está complicado de cara a buscar trabajo. Hay poco movimiento. En la Ribera, la situación está mal”, concluye Maider Oiz.