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Epidemia de coronavirus

Voluntarias italianas en el Villa Javier de Tudela

Tres jóvenes italianas que realizan un programa de voluntariado europeo en Tudela afrontan la crisis del coronavirus lejos de sus familias aunque con similares medidas de confinamiento. No obstante, no se plantean volver a Italia hasta concluir su labo

Voluntarias italianas en el Villa Javier de Tudela
Voluntarias italianas en el Villa Javier de Tudela
Actualizado el 29/03/2020 a las 06:00
Vivir la crisis del coronavirus lejos de su país natal. Esto es lo que les está ocurriendo a tres jóvenes italianas que realizan un programa de voluntariado de la Unión Europea en el servicio de atención a personas desfavorecidas Villa Javier de Tudela. “No hemos vivido esta lamentable crisis allí, pero la estamos viviendo aquí”, comentan Flaminia Benincampi, natural de Roma, de 25 años; Sara Lorenzi, de Trento, de 30 años; y Elisa Mascali, de Sicilia, de 28 años.
Benincampi y Lorenzi llegaron a la capital ribera, sin conocerse entre ellas, a principios de febrero para trabajar como voluntarias en Villa Javier dentro del programa Erasmus + Juventud, que se prolongará hasta noviembre. Mascali está en Tudela desde el pasado mes de septiembre con otro programa de voluntariado europeo que durará hasta finales de agosto. “Cuando empezamos no había ningún problema, que nosotras sepamos, en España y empezaba a haber algunos problemas de coronavirus en Italia, pero nada como ahora; nada que hiciese pensar lo que iba a ocurrir”, dicen las dos primeras.
A pesar de la gravedad de la crisis que viven tanto España como Italia, las tres reafirman que no se han planteado regresar a su país antes de concluir su voluntariado. “Aquí, por lo menos, con todas las medidas de seguridad, puedo echar una mano a la gente, mientras que en casa no estaría haciendo nada y sé que mi familia está bien”, comenta Mascali, graduada en Cooperación Internacional y Desarrollo, y que eligió hacer este voluntariado “porque siempre he tenido el deseo de ayudar a otros y trabajar en esto”.
CONCIENCIAS
También las familias y amigos de Benincampi y Lorenzi se encuentran “por el momento, bien”, según les transmiten a través del contacto que mantienen con ellos por WhatsApp. “No pueden hacer nada. Solo pueden salir al trabajo, como es el caso de mis padres, y al supermercado. Están encerrados en casa y hay multas si están en la calle, como aquí”, señala Benincampi, al tiempo que reconoce que le impresiona ver vacías las calles de una ciudad tan turística como Roma. “Mi padre me envió hace unos días una imagen con la cámara del móvil de una calle que siempre estaba llena de coches en ese horario y ahora está súper vacía”, afirma.
“Todas las tiendas, restaurantes, etc. han tenido que cerrar, igual que aquí”, añade Mascali. Y es que ahora en Tudela les está tocando vivir la misma situación que si hubieran estado en Italia. “Mi padre, cuando aún no se habían tomado aquí las medidas, me decía que a qué esperaban”, comenta Mascali. Benincampi reconoce en ese sentido que es difícil tomarlas mientras piensas que estás libre del virus”. “Nosotras estábamos más concienciadas por lo que nos decían nuestras familias que estaban pasando”, refleja. “Cuando las cosas se ponen mal ves que esto es una realidad y no una idea”, considera Mascali. “Es un peligro si no se respetan las medidas”, coinciden las tres, al tiempo que lamentan el número de víctimas que está dejando la pandemia.
ESPERANZA, SIEMPRE
Benincampi, Lorenzi y Mascali dicen que no les ha costado adaptarse a Tudela “porque la gente es muy amable, en Villa Javier también, y nos encontramos bien”. Las dos primeras trabajaban hasta esta crisis en el laboratorio de Villa Javier, donde hacían recetas para elaborar comida en el comedor, y en la huerta social. “A la huerta podemos seguir yendo ahora a trabajar porque no hay nadie y es un espacio abierto”, dicen. Mascali estaba en el servicio de ludoteca y guardería para niños mientras sus padres acudían a talleres y cursos, pero se han cerrado por la crisis del coronavirus. Ahora las tres trabajan en el autoservicio de alimentos gratuito El Capacico y en el comedor. Un servicio que también ha sufrido cambios, ya que los usuarios, en vez de comer en las instalaciones, reciben las comidas y cenas en taper. Unos taper en cuya preparación y distribución participan las voluntarias italianas.
”Cuando mi padre me preguntaba si volvía a casa por el tema del coronavirus yo le decía que prefería estar aquí porque podía salir, pensando que era algo que no me podía tocar, y ahora estamos así”, dice Mascali. “Íbamos de pinchopote y a bares y discotecas. Tenemos una cuadrilla de amigos en Tudela. Y todo eso, ahora, fuera. Cuando salimos de Villa Javier a las 14 horas vamos directamente a casa y ya está”, indican.
No obstante, como asegura Lorenzi, “hay que mirar siempre el lado positivo de tener que estar sin salir, como que puedes tener más tiempo para algo que pensabas que no lo ibas a tener nunca; estar más cerca de la familia; o mejoras de medio ambiente al haber menos vehículos circulando”.
Benincampi y Lorenzi comparten piso en Tudela y dicen que pasan las tardes cocinando, leyendo, estudiando y viendo películas. Mascali también cocina. “Lo que más me cuesta es no poder ir a misa. Sé que se puede seguir por Internet, pero no es igual”, afirma.
Las tres coinciden al comentar los grandes problemas económicos que dejará esta pandemia en Italia, España y otros países, aunque, según dicen, “siempre hay que tener esperanza”. En Tudela, esperan “poder seguir ayudando a un montón de familias”. Nos gusta el trabajo que hacemos”, dicen.
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