FIESTAS DE ESTELLA 2019

La bravura y Esaú triunfan en el coso estellés

El sevillano cortó tres orejas, López Simón dos y Joaquín Galdós arrancó una antes de viajar a Perú, donde torea hoy

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La bravura y Esaú triunfan en el coso estellésEduardo Buxens
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Pablo García-Mancha

Actualizado el 04/08/2019 a las 08:28

Hubo dos corridas en una en el inicio de la Feria de Estella. La primera monótona, con fases sueltas de buen toreo pero lastrada por el escaso vigor de los toros de Buenavista. Pero en éstas, salió el quinto, Pasacalles, un tío por cierto, y cambió el panorama de forma radical. Y es que había un toro en la plaza, un bello ejemplar de armónicas hechuras pero hondo y serio, montado por arriba, con sus flancos de toro bravo y una raza infinita que demostró desde que se hizo presente en el ruedo cuando lo recibió el sevillano Esaú Fernández a porta gayola en los mismísimos medios con una larga cambiada.

El toro marca las diferencias, y la corrida a partir de ese momento se convirtió en un espectáculo radicalmente distinto a lo vivido en los capítulos precedentes. El toro fue bravo en el caballo y persiguió a los banderilleros en la salida de las suertes. Hubo una vez que remató en el burladero y crujieron los cimientos de la plaza. El ruedo de Estella, al que habían querido convertir en pipí-can, recuperó su esencia de templo. Un toro bravo en la arena y Esaú Fernández que quiso corresponder a la entrega del cornúpeta con una faena seria y templada que abrió de forma vibrante de rodillas y con la mano derecha. El público se dio cuenta de inmediato que lo que estaba sucediendo tenía importancia y Esaú le dio sitio a Pasacalles para lancearlo en dos series en redondo en las que fue capaz de domeñar una embestida tan codiciosa como seria y repetidora.

Pero lo mejor estaba por llegar porque si por el pitón derecho fue bueno, por el izquierdo multiplicó su clase y su largura. El Esaú un pelín amontonado de los lances en redondo se recreó al natural, con alguno de extraordinario compás y temple. Tan bueno fue el toro que cuando más le obligaban por abajo, más largo y con más emoción se iba tras los vuelos enterrando literalmente el morro en la arena de Yerri.

Toro de bandera que cambió el sino de la tarde y que recibió una hermosísima vuelta al ruedo tras despenarlo el sevillano con una estocada desprendida y un certero golpe con el verduguillo. Dos orejas sin tacha para un torero que ayer en Estella quizás se reencontró con la profundidad de una embestida que por su calidad y exigencia podría desnudar a muchos matadores del escalafón. Tuvo suerte, es verdad, pero estuvo a la altura de un ejemplar que pedía oficio, colocación y corazón para entenderlo.

Fue lo mejor de la corrida y eso que el resto de los astados de Clotilde Calvo derrocharon tanta calidad en sus embestidas como escasez de fuerza y de vigor.

Cambio en el orden
La tarde comenzó rara porque el orden de lidia lógico se trastocó puesto que el diestro de menos antigüedad, el peruano Joaquín Galdós, actuó en primer lugar y cuando pasaportó al cuarto emprendió la marcha del coso sin pasear la oreja. Hoy torea en Perú y solicitó que se cambiaran los turnos de los matadores y que al acabar su actuación le dejaran irse de la plaza. Y así hizo.

El peruano, de la generación de Roca Rey y con el que coincidió como novillero hace unos años en la Feria de Peralta, no tuvo demasiadas opciones. El primero fue el más débil de la corrida, lo lanceó con extrema suavidad pero emborronó la obra con un bajonazo inopinado. Cortó una oreja al cuarto, un toro feo pero con cuello, al que lanceó muy bien al natural. Tiene buen concepto Galdós pero apenas pudo demostrarlo ayer en Tafalla. Se vio un esbozo.

López Simón
Alberto López Simón cumplió a secas. Daba la sensación de que la corrida era una tarde más en su temporada y sin apretar el acelerador fue capaz de arrancar una oreja a cada toro sin el mayor esfuerzo. El tercero de la corrida fue un animal terciado y de embestida plana.

El joven matador de Barajas se templó con él al natural, siempre de uno en uno y después hizo dos finales de faena. El primero por luquesinas para llevar al de Clotilde Calvo hacia las tablas. Cogió el estoque de acero y volvió a firmar la faena por manoletinas.

a estocada le sirvió para recoger el primer trofeo. El sexto fue un toro precioso, burraco y bajo, y el de embestida menos aterciopelada. López Simón lo toreó sin demasiado aliento ni encaje. Esó sí, alargó la faena con extrema facilidad, pero sin transmitir a los tendidos la más mínima gota de emoción. Toreaba con ánimo de oficinista. Logró una buena estocada, sumó otra oreja y acompañó a Esaú en la salida a hombros de coso de Yerri.

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