Hostelería
Los hosteleros que dejaron San Miguel de Aralar comienzan una nueva etapa en el santuario de Codés
De más de 1.200 metros de altitud a 800: Manuel Sala y Miren Bihotza se encuentran ya en su nuevo destino para hacerse cargo del bar, comedor y también de la hospedería en este enclave de Tierra Estella


Publicado el 18/10/2026 a las 05:00
Tras dejar atrás el último día de septiembre el bar-restaurante de San Miguel de Aralar que habían regentado durante tres años y medio, Manuel Sala Domínguez y Miren Bihotza Zulaica Setién comienzan una nueva etapa como hosteleros. Lo hacen en otro santuario que les ha traído hasta Tierra Estella. Nuestra Señora de Codés, en Torralba del Río, se alza a 812 metros de altitud frente a los 1.234 que lo hace su anterior destino. El matrimonio vive jornadas intensas para la puesta a punto de un servicio que, además del bar y de un comedor para 60 comensales, cuenta con una hospedería de diez habitaciones de la que también van a encargarse. Poco a poco, dicen en esta toma de contacto, porque hay mucho por hacer.
“Solo para calentar el comedor de 120 personas, se necesitan 200 litros de gasoil”, decía Manuel Sala en esa despedida de Aralar. Una decisión a la que se vieron abocados por el incremento de los gastos a los que debían hacer frente en un contexto de fuertes subidas de la energía.
El santuario de la Virgen de Codés se ha convertido en su nuevo lugar de trabajo y de residencia porque la distancia a cubrir hace inviable los viajes diarios a Lekunberri, donde tienen su casa. Así que se quedan en este enclave de Tierra Estella de bellos paisajes que atraen a numerosos montañeros los fines de semana. Este sábado 10 de octubre comenzaron a atender a los primeros clientes.
Fue -cuenta Miren Bihotza- de un grupo de vecinos de esta zona que visitaron San Miguel de Aralar de quienes recibieron el empujón que les faltaba para dar el paso. Barajaron incluso regresar a Tenerife, la tierra natal de Manuel. Pero apostaron por seguir en Navarra y terminaron de decidirse tras concretar los detalles de la gestión con el sacerdote Isidro López-Davalillo, encargado del santuario.
Dice Miren, que se define como muy exigente con los detalles de su oficio, que ahora hay darle una vuelta a todo para que luzca como merece. "Como le digo a Isidro, nos hemos puesto de plazo de aquí a Navidad para tenerlo todo a punto. Así que iremos abriendo los fines de semana, luego desde el jueves y así hasta hacerlo todos salvo uno que cerraremos por descanso semanal".
MENÚ DEL DÍA Y HUEVOS.COM
Esta pareja de hosteleros que antes de hacerse cargo del negocio de restauración de San Miguel ejerció su actividad en Arbizu, explica cuál es su idea. "Venimos con la misma que en Aralar. Menús del día, platos combinados, bocatas y huevos.com, que digo yo. Luego de cara al fin de semana ya menús más elaborados", explica esta hostelera vasca de origen que tiene en la cocina sus dominios aunque hace de todo cuando el negocio lo requiere. Con ellos, se ha instalado también en Codés una de las tres trabajadoras con las que contaban en su proyecto anterior.
Los tres se las apañarán al menos al principio. "Lo que son las cosas. Fíjate que cuando conocí a Isidro yo no sabía que esto existía, pero hay mucha gente que lo conoce y viene", relata.
Añaden que después de tantos años en el sector han hecho muchos clientes algunos de los que son ya amigos. Hay, en torno a ello, numerosas anécdotas de encuentros con los que se quedan de su experiencia. Miren y Manuel se familiarizan con el entorno de la mano también del sacerdote responsable. "Venimos de un sitio en el que el pueblo más cercano se encuentra a 17 kilómetros, así que para mí tener que desplazarme a Torralba a llevar el cartón porque no hay aquí contenedores para todos los residuos no supone esfuerzo", añade Miren Bihotza.
Los dos están ilusionados. Y con la expectativa de un invierno más suave que el han dejado atrás. También conscientes de las dificultades. "Estar 24/7 con la misma persona no resulta sencillo pero nosotros decimos que el vivir en estos sitios une más a la pareja. En cuanto a la gente, espero que nos vaya bien. Siempre hemos tenido la suerte de, allí donde hemos estado, nos han querido aunque somos conscientes también de que no le puedes gustar a todo el mundo", coincide este matrimonio de veteranos del sector.
Ella, con 56 años y él, con 64 tienen claro que la hostelería tiene que gustar para ejercerla, que todo trabajo de cara al público te va minando mucho. Pero se muestran convencidos y optimistas, a la vez que encantados con unos alrededores que ofrecen también un rincón privilegiado para observar las estrellas. "De San Miguel nos hemos ido con mucha tristeza y a toda la gente a la que hemos dejado le hemos dicho gracias. Ahora decimos que bienvenidos a Codés", concluyen.