Afición

La campana que unió a Diego con Arellano: "No todos los días un chico de 15 años dedica tanto tiempo a investigar, aprender y cuidar un patrimonio"

La afición llevó a un joven pamplonés a Arellano donde se documentó sobre la historia de sus campanas y acabó arreglando una de ellas

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A la izquierda, Diego del Castillo y su tío, José del Castillo, en su primera visita al campanario de Arellano cuando el joven tenía 12 años; a la derecha, tío y sobrino en una de sus visitas más recientes tras arreglar la campanaCEDIDA
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Sheyla Muñoz

Publicado el 05/09/2026 a las 19:30

Desde bien pequeño, a Diego del Castillo Martínez de Azagra le han fascinado las campanas. “Yo creo que desde que tengo uso de razón, desde los tres años o así. Cada vez que veía un campanario o escuchaba unas campanas me paraba y me quedaba mirándolas”, cuenta este joven pamplonés de 15 años. Con el paso de los años la afición se fue acrecentando y él fue interesándose más por conocer otros aspectos sobre ellas como sus nombres, los tipos o su historia.

Una afición ésta que nadie más en su familia compartía hasta ahora y en la que Diego ha ido introduciendo a su tío, José del Castillo. Y fue precisamente con él con quien visitó el campanario de Arellano, pueblo en el que su tío conserva varios amigos. “Le preguntó si podíamos subir al campanario, fuimos y la verdad es que nos sorprendió gratamente. No pensábamos encontrarnos un campanario así en un pueblo pequeño”, relata refiriéndose a las dos campanas grandes y otras dos más pequeñas que habitan en el campanario de esta localidad de Tierra Estella.

De ellas, prosigue el relato, le llamó la atención la inscripción grabada en una de las campanas de menor tamaño. ‘En memoria de Victoriana Arizaleta’ rezaba la inscripción. “Me despertó curiosidad y con mi tío buscamos información. A través de ‘Patrimonio para jóvenes’, supimos que fue una mujer con historia en el pueblo y que, para la época -principios del siglo XIX- se movió mucho. Ejerció también como matrona en la zona. La campana tenía también inscritos los nombres de María y José, probablemente santos, y el año 1878. Podría ser que la familia mandase hacer la campana pequeña en su honor”, expone el joven.

Además, como curiosidad, añade, esta campana tenía un yugo de metal que parece ser que sustituiría al original ya que este material, explica, comenzó a utilizarse más tarde. “Es otra de las curiosidades de que encontramos en este campanario”, refiere Castillo sobre esta campana de párvulos, nombre con el que se conocía a este tipo de campanas que se hacían sonar para anunciar el fallecimiento de un niño o niña.

“En el caso de la de Arellano se ve que no se tocó mucho porque no hay apenas marca en el lugar donde debe pegar el badajo”, refiere acerca de un campanario que conoce a la perfección tras varias visitas desde que lo visitó por primera vez en 2023, cuando tenía 12 años. Y en una de estas visitas fue cuando descubrió que el badajo de este campanillo estaba atado con una cuerda que no se encontraba en muy buen estado por lo que se animó a cambiarlo. “Me gusta ver cómo los profesionales acometen los trabajos de restauración y entre mi tío y yo lo arreglamos”, agrega satisfecho.

Una vez solventado el desperfecto, esta campana volverá a sonar y la fecha elegida para ello no es casual, será el día de la mujer rural, una jornada que se conmemora el 15 de octubre. Con su sonido se quiere poner en valor el papel de las mujeres rurales, como lo era Victoriana Arizaleta. Concluido el arreglo, Diego tiene bien claro que seguirá acudiendo a Arellano siempre que pueda, “sobre todo a su campanario”, dice, pero en su agenda también están las visitas a otros campanarios. Algunos, como el de la catedral de Pamplona o el de la iglesia del Cerco de Artajona, donde se bandea manualmente ya los conoce.

Carta desde Arellano como agradecimiento

A través de una carta, se ha hecho público el agradecimiento del pueblo con este joven y su tío. “En nombre de todo el pueblo ya les dimos las gracias personalmente pero queríamos hacerlo de forma pública. No todos los días un chico de 15 años dedica tanto tiempo a investigar, aprender y cuidar un patrimonio que, además, ni siquiera pertenece a su pueblo, sin pedir nada a cambio y asumiendo los gastos del arreglo. Muchas gracias Diego y Juan por vuestro trabajo, vuestra generosidad y el cariño con que habéis tratado una pequeña parte de la historia de Arellano”, dice la misiva firmada por Natalia Embade y Pedro González.

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