La modista de la calle Nueva de Estella que arregla ropa y viste muñecas

Hace algo más de un año Lourdes Angulo cogió el relevo del taller de costura Los Retokes  tras la jubilación de su anterior propietaria y volvió con ello a un oficio muy querido para ella  que aprendió joven en su Ecuador natal 

La modista Lourdes Angulo en su taller de arreglos de Estella.
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La modista Lourdes Angulo en su taller de arreglos de Estella. M.p.a.
La modista Lourdes Angulo en su taller de arreglos de Estella.

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María Puy Amo

Publicado el 24/05/2026 a las 11:20

Cremalleras y arreglos de puños en invierno. Bajos, sobre todo, pero también ensanchar o estrechar prendas de la pasada temporada cuando llega el buen tiempo. En el taller de costura Los Retokes se notan las estaciones. Su propietaria, la modista Lourdes Angulo, lo ha comprobado así en el año largo que lleva al frente de este pequeño negocio de la calle Wenceslao de Oñate de Estella, conocida popularmente como calle Nueva. 

La jubilación de Yolanda Murugarren, su anterior titular, le abrió la puerta y con el traspaso retomó el oficio aprendido muy joven en su Ecuador natal. La adolescente hija de modista que estudió corte y confección recién dejado el colegio es hoy una mujer de 52 años madre de cuatro hijos ya adultos que lleva en Navarra más de la mitad de su vida. “La verdad es que estoy muy contenta. Por fin tengo mi propio taller, con una responsabilidad muy grande por mantener lo que ella dejó y satisfecha porque la gente vuelve. Siento que es lo mío realmente”, cuenta esta emprendedora sobre un proyecto que nació el 15 de marzo de 2025. 

El goteo de clientela es constante en una mañana cualquiera. Abre al público de 8 a 14 horas porque las tardes -cuenta- se reservan para el trabajo interno que realiza en solitario y requiere no pocas horas. Una labor artesanal que se centra sobre todo en esos pequeños arreglos cotidianos porque -como explica- no hay mentalidad de prendas por encargo y a medida, principalmente por el coste que suponen. 

UN TALLER  Y UN COLORIDO ESCAPARATE

Esa faceta creativa y del diseño la vuelca en sus muñecas. Relata que tiene decenas y confecciona su ropa como muestra en la entrada de su tienda. Un alegre y colorido escaparate que ella va variando. “Antes iba cambiándoles de traje cada semana, ahora lo hago cada mes. De carnavales, de falleras, de sevillanas, este mes de africanas y el próximo de azafatas de vuelo”, muestra sobre una pequeña exposición que mudará en verano hacia la indumentaria de las fiestas navarras.

 Una afición que le encanta, subraya esta vecina de Estella afincada en la ciudad desde 2014. Para cuando se instaló en ella llevaba un largo recorrido en su tierra de adopción. Desde que llegó a Pamplona en diciembre del año 2000. Sola, con la dirección de una amiga como única referencia, dejando en Ecuador a sus dos hijos mayores al cuidado de su abuela y embarazada de los mellizos que nacieron ya en Navarra. Su nuevo hogar al que trajo más tarde a los mayores y donde crecieron todos los hermanos. “Yo quería tener a mis cuatro hijos juntos y en 2003 pude traer a los mayores”, rememora.

 Subraya Lourdes que a lo largo de todos estos años el trabajo no le ha faltado, ha luchado por sacar adelante con su esfuerzo a su familia y siempre se ha sentido bien acogida. Desde aquel  empleo de sus inicios en una casa pamplonesa que le proporcionó el primer sueldo y con ello la posibilidad de comprar una máquina de coser de segunda mano. “Empecé a hacer sobre todo bajos, otros encargos y luego vestidos de quinceañeras, una tradición muy importante en Ecuador que se mantiene aquí cuando las chicas llegan a esa edad”. En superficies comerciales, como empleada de servicios múltiples en el Ayuntamiento de Berriozar, cuidando a mayores y siempre -añade-´formándose con cursos de materias muy distintas que tenía la oportunidad de hacer. 

Pese a momentos difíciles, que los ha habido en un largo recorrido, no duda al afirmar que ha sido feliz y hecho amistades en todos los sitios en los que ha estado. También en Estella. A la localidad llegó por un empleo en la hostelería, en el popular Mi Bar de la plaza del Azucarero. Allí, primero como trabajadora y luego, tras la jubilación de su propietario, regentándolo, pasó seis años. Hasta que la pandemia recondujo una vez más su trayectoria hacia una tienda de arreglos de nuevo en la capital navarra. La etapa que precedió al negocio de la calle Wenceslao de Oñate. “Un amigo me habló de que se jubilaba la dueña, vine a verlo, me lancé y hoy estoy muy contenta de haberlo hecho”, dice  convencida del paso dado un año atrás y confiada en su futuro.

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