Iglesia

Las benedictinas se despiden de Navarra

El monasterio de San Benito de Estella cerrará sus puertas el 16 de marzo con la marcha a Burgos de sus ocho religiosas. Las últimas monjas de la congregación en la Comunidad foral dijeron este domingo adiós en una emotiva y arropada eucaristía

Benedictinas de Estella
AmpliarAmpliar
En el centro, las benedictinas de Estella junto al arzobispo, compañeras llegadas de otros monasterios y sacerdotes asistentesSONIA SALSAMENDI
Benedictinas de Estella

CerrarCerrar

María Puy Amo

Actualizado el 02/03/2026 a las 08:39

A un par de semanas de cerrar su convento de Estella para trasladarse al de San José, su nuevo hogar en la ciudad de Burgos, las últimas benedictinas de Navarra se despidieron este domingo de una tierra a la que están unidas desde hace 800 años. Fue un adiós emocionado y agradecido a esta hoy pequeña comunidad de ocho religiosas que tiene como abadesa a la madre María Teresa Pérez Montero. La monja estellesa que puso voz a sus compañeras al final de la eucaristía presidida a las 17.30 horas por el arzobispo de Pamplona y Tudela, Florencio Roselló. Muy arropadas y con continuas muestras de cariño. Así vivieron esta tarde de domingo las religiosas de clausura. Acompañadas por las de otros monasterios de su congregación que viajaron de Oñate (Guipúzcoa) o de Burgos, por una amplia representación sacerdotal de la diócesis navarra, por familiares y por los vecinos de Estella que abarrotaron la iglesia del convento al que se trasladaron en 1971 desde el antiguo del paseo de Los Llanos. Un moderno edificio junto a la basílica del Puy en cuya explanada los coches aparcados mostraban que este 1 de marzo era un día especial.

A estas decenas de coches y a la gratitud visible también en la imagen de gente siguiendo la ceremonia desde el pasillo aludió el arzobispo en su homilía. Porque dejar su monasterio -siguió- no significa que la comunidad haya fallado ni que no haya sido fecunda su historia. “Humanamente, podemos pensar que es un momento triste, un final, una pérdida. No es nada de eso. La Palabra de Dios hoy precisamente nos ha invitado a mirar esta hora con esperanza. Cuando Jesús dice ‘ha llegado mi hora’ no habla de fracaso ni de derrota. No es una hora oscura, sin sentido. Es la hora en que se cumple la voluntad del Padre. También es que algo nuevo empieza”.

Habló de una vida monástica que ha sido siempre “una peregrinación interior, una obediencia confiada y sobre todo disponibilidad total” porque las hermanas “pertenecen a Dios y las llama a otro lugar”. No es fácil -reconoció el arzobispo - cerrar una etapa, pero marcharse “no significa perder la identidad ni el carisma, que sigue siendo el mismo”, como sostener a la Iglesia con su oración.

Cogió el testigo la abadesa, María Teresa Pérez. Con sus palabras se despertaron sentimientos y recuerdos. Se ponen en camino -comenzó- y se marchan a Burgos con dos propósitos claros. El primero, para atender mejor a las hermanas mayores. El segundo, para tratar de dar vida nueva al carisma monástico y crear una comunidad más fuerte que pueda atraer a quienes se sientan llamadas a la vida contemplativa. “Es verdad que los tiempos que corren parece que no invitan a ello, pero estamos convencidas de que Él lo puede todo y que sus caminos no son los nuestros”.

Hay en este momento “incertidumbres, miedos y alegrías” porque -afirmaba- todo son retos cuando el Señor dirige a una nueva etapa. “No vamos a negar que esta partida nos duele, pero la asumimos como una prolongación de la fidelidad que Dios nos pidió el día que comenzamos nuestra vida monástica. Dejamos atrás muchas cosas. Nuestra tierra navarra, nuestro monasterio, nuestras familias, nuestros amigos, dejamos una diócesis a la que amamos de todo corazón”.

La abadesa de San Benito tuvo palabras de profundo agradecimiento para todos quienes compartieron esta despedida, entre ellos la comunidad de monjes de Leyre. Con el adiós a tantos que llevarán “siempre en su corazón”, terminaba la celebración. Intervino al final Charo Ugarte, vecina de Estella que dedicó unas palabras a la comunidad.

Un día también de reencuentros y sonrisas

El de este domingo fue al mismo tiempo un adiós marcado por los  reencuentros y las sonrisas. Hasta el monasterio benedictino de Estella, que se queda vacío a la espera de que se concrete su  futuro, se desplazó el obispo de Vitoria, el navarro Juan Carlos Elizalde. La comunidad de monjes de Leyre, con su abad y abad emérito. Religiosas de otras congregaciones de Estella, como las de Recoletas, ahora única comunidad de clausura de la ciudad, o las de Santa Ana, de presencia centenaria en la educación local.  Y las queridas compañeras benedictinas. Las del Monasterio de San Lorenzo de Oñate o las burgalesas que ampliarán la vida de  su convento con la llegada de las navarras. Junto a todas ellas, María Ángeles Villena, la presidenta de la congregación monástica de Santa Hildegarda, que agrupa a 24 comunidades de benedictinas de España.  

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora