Navarros globales
Fútbol navarro al otro lado del charco: "En el equipo hay de todo menos de Estados Unidos"
Santi Molina Villafañe, estellés con sangre argentina por parte de madre y de padre, cruzó al país norteamericano para hacerse un hueco en el mundo del fútbol, ahora en Iowa


Actualizado el 25/05/2025 a las 22:39
Fue el pasado 10 de agosto cuando Santi Molina Villafañe (Estella, 2002) hizo las maletas y cruzó el charco para defender la camiseta de los Mohawk Valley de Utica, en el estado de Nueva York. No era la primera vez que se subía a un avión para atravesar el Atlántico, ya que sus raíces argentinas por parte de padre y madre potencian un viaje casi anual al país del mate, su bebida favorita con la que atiende la llamada de este medio. “Llevaba tiempo queriendo salir, no sabía si a Estados Unidos u otro sitio”, confiesa explicando que dio el paso gracias a una agencia.
Tras completar las gestiones y el viaje, Molina llegó para competir en “la mejor” parte de la temporada. “En ese tramo llegamos a jugar entre dos o tres partidos por semana”, explica haciendo referencia a la NJCAA, competición de colegios universitarios en la que debutó junto a su equipo. “Se juega todo lo de un año en muy pocos meses intensos”, comenta explicando las diferentes fases de la competición, que van desde lo estatal hasta lo nacional.
De hecho, a finales de noviembre, los Mohawk Valley se convirtieron en campeones nacionales de la NJCAA Division III y el jugador navarro se hizo con el premio a mejor jugador. “Les ganamos a Dallas Richland, que llevaban varios años siendo los campeones”, contextualiza explicando que después de esa etapa, en febrero se desplazó hasta Indian Hills, en el estado de Iowa. Allí, hasta la fecha, están inmersos en una fase de pretemporada en la que solo hay amistosos hasta que llegue la parte competitiva. De hecho, Molina permanecerá en Navarra durante la época vacacional antes de volver en agosto a Indian Hills para seguir con el fútbol y los estudios de Business.
“El nivel es bueno porque son todos los jugadores internacionales. Tengo compañeros brasileños, italianos, españoles, argentinos, japoneses... literalmente no hay ningún americano”, explica sobre plantillas que superan oficialmente las cincuenta fichas, pero que entre pretemporada y entrenamientos se van perfilando los más habituales en las convocatorias.
“Lo más complicado de los primeros días fue el idioma porque no llegué al país con un inglés perfecto”, reconoce. “Uno piensa que tiene un inglés decente hasta que llega allí”, indica entre risas recordando los primeros meses.
ESTUDIAR Y JUGAR
En el país americano, para poder jugar hay que estar matriculado en algun grado. Molina estudia Business, algo así como Negocios. De hecho, para dar el salto a la NCA, que es la liga universitaria más prestigiosa, hay que cumplir con todos los créditos del programa o jugar dos años en la NJCAA. “En Iowa vivo en el campus del colegio y en Nueva York estuve en un piso fuera junto a varios del equipo”, reconoce el joven, que explica que en un futuro no le importaría volver a Europa a disfrutar del deporte que más le gusta.
“A la familia se le extraña cuando estás lejos”, comenta explicando que es lo que peor gestiona fuera de casa. A pesar de ello, él anima a que den un paso adelante a todas esas personas que tienen dudas de si salir o no. “Es una vida muy diferente, pero poco a poco vas haciendo amigos y merece la pena”, añade. “La experiencia es muy positiva y lo bueno pesa mucho más que lo malo”, sentencia agradeciendo a los centros en los que ha estado por el apoyo que le han dado en todo momento por “ser de fuera”. Santi Molina, otro ejemplo de que el fútbol abre fronteras fuera de aquí.

