Estella despierta el lunes con una bombada en familia

Tres horas de ruidoso recorrido por las calles marcaron la mañana de la cuarta jornada de fiestas en la localidad

La bombada inicia su recorrido desde el puente del Azucarero con niños y mayores entre sus filas
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La bombada inicia su recorrido desde el puente del Azucarero con niños y mayores entre sus filas
La bombada inicia su recorrido desde el puente del Azucarero con niños y mayores entre sus filas

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Oihane Ochoa Navarro

Publicado el 08/08/2023 a las 06:00

El ruido de los bombos despertó durante la mañana de este lunes a Estella en su cuarto día de fiestas patronales y tras un intenso fin de semana. Alrededor de cien personas salieron de la peña San Andrés a las 12 horas pasando por el puente del Azucarero y dirigiéndose a otros puntos de la ciudad como la plaza de la Coronación. Terminaron en el quiosco de la plaza de los Fueros tres horas después.

Durante el trayecto, los participantes desfilaron golpeando sus bombos al ritmo de una melodía interpretada por la corneta de plástico de Fernando Muneta. La ausencia de los gaiteros desde 2019 encabezando la marcha hizo que Muneta tuviera que coger el relevo un año más para mantener viva esta tradición. “Como no había gaiteros, lo sacamos adelante como se puede”, expresó Muneta con la cara pintada y un gorro irlandés.

Un acto que surgió por iniciativa popular y que tiene como objetivo recordar, durante el cuarto día de fiestas, que la celebración continúa. “Como estamos en el ecuador, sirve para despertar a la gente. Igual que la bombada que se hace en Pamplona”, explicó Sergio Roca, uno de los asistentes. “Solo se trata de hacer ruido y de pasarlo bien”, añadió Esther Villar, adornada con un gorro pirata en la cabeza.

Y es que si algo no faltó en la bombada fue diversión. Pelucas, gafas y gorros llenaron las calles de Estella de color y música para reavivar el espíritu fiestero, tras el fin de semana. María Ulzurrun lleva participando en esta tradición desde que era niña. Mudarse a Berlín hace seis años le impidió volver a casa a disfrutar de esta costumbre. Pero este año, por fin, ha regresado. Y no lo hizo sola. Su novio alemán le acompañó, bombo en mano, por las calles de Estella: “No nos importa el ruido, una vez al año es divertido”.

A pesar de que en su origen fue una acto protagonizado por las cuadrillas de Estella hace años que se convirtió en algo más familiar. Mayores y niños compartieron juntos la mañana de este lunes. Iker Martínez acudió con su padre y sus hermanos. “Me gusta mucho venir aquí con mi familia”, comentó mientras golpeaba su tambor. Aunque se mostró triste por perderse el día del niño, que se celebrará este lunes, martes, ya que se marcha de vacaciones. “En años anteriores sacaban el bombo y enseguida se cansaban, pero ya son más mayores y este año venían con más ilusión”, afirmaba su abuela, feliz de poder compartir ese momento festivo con sus nietos.

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