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Camino de Santiago

El peregrino de Nueva York se hizo hospitalero en Estella

Veterano del Camino que ha recorrido tres veces, Michael Blankschen, psicoanalista de 67 años, se ha puesto este verano en el lado de quien atiende al peregrino en el albergue municipal de Estella

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Michael Blankschen, ayer en el albergue de Estella junto a Asun Jover, su encargadaMONTXO A.G.
Actualizado el 14/09/2022 a las 07:18
Dice que, como se repite a lo largo de la ruta, el camino más largo, el más duro, es siempre el que lleva de la cabeza al corazón. Y eso le ha enseñado su larga experiencia como peregrino a Michael Blankschen, el neoyorquino a punto de despedirse de una experiencia que no olvidará y espera repetir en próximos veranos. La que le ha llevado a ser hospitalero voluntario en el albergue municipal de la calle La Rúa de Estella. De 67 años, ha cambiado la gran ciudad estadounidense, la más poblada del país, por la localidad de “bonitas calles y gente muy simpática” donde ha pasado las dos últimas semanas. El Camino de Santiago y él son viejos conocidos. Cuenta que lo ha recorrido en tres ocasiones y en otras cinco ha trabajado, como ahora en Estella, en distintos albergues. Unas veces, ha peregrinado en solitario. Otras lo ha hecho con su mujer, que se encuentra estos días también como voluntaria en Galicia. Antes de regresar a casa, Michael Blankschen compartirá las últimas horas de su estancia con el compañero que llega a ocupar su lugar. Los dos pertenecen a American Pilgrims, la entidad ligada al Camino de Santiago que cuenta con 25.000 socios en Estados Unidos y colabora este verano con los Amigos de Estella. Su presidente, Maxi Ruiz de Larramendi, explica que la ayuda se presta en los albergues de acogida del Camino francés, lo que les permiten el contacto con la esencia de la ruta. Así ha sido para quien se ha convertido este verano en pieza importante de su funcionamiento de la mano de la responsable del albergue municipal, Asun Jover.
ANTES DE REGRESAR
“Será una vez vuelva cuando pueda valorar de verdad todo lo que me han aportado estos días”, subrayaba este martes 13 de septiembre Michael Blankschen. Jornadas que, decía, han discurrido sin ningún problema, con el deseo de apoyar en todo y días muy ocupados. Relata que en sus peregrinaciones ha habido siempre una motivación espiritual y ahora, en el lado de los hospitaleros, le impulsan ayudar y regresar a España. Detalla cómo han pasado estas semanas, desde que se levanta a las seis de la mañana para despertar a los peregrinos y asegurarse de que todo va bien. Siguen, a partir de las ocho, cuando han retomado la ruta hacia la siguiente etapa, unas horas ayudando a la limpieza. De nuevo a las doce y hasta las dos toca recibir a los que llegan, indicarles su espacio y echar una mano con las mochilas. Un tiempo de descanso da paso de nuevo, desde las cinco y hasta las diez de la noche, a atender a los alojados en el albergue.
El Camino ha concentrado este verano, dice, a muchos americanos. Compatriotas de un país donde la ruta jacobea se conoce y, a través de asociaciones como la suya, se desarrollan actividades en Nueva York. Explica, por ejemplo, que se hacen rutas en la propia ciudad para conectar de manera simbólica con la que lleva a Santiago.
Mientras apuraba la recta final de su estancia, contaba que, aunque no ha tenido muchos tiempo, sí ha podido conocer Estella. “Disfrutar de un pincho con los amigos de la asociación jacobea y conocer la ciudad. Si puedo, mi intención es volver”, expresa antes de despedirse con un “hasta el año que viene”. Sabe, dice, que es un cliché, pero es esa expresión, la que marca ese itinerario de la cabeza al corazón, la que mejor refleja lo que vincularse al Camino de Santiago ha supuesto siempre para él.
A la hora de dar el relevo, deja atrás una quincena de septiembre con una ocupación mayor en el albergue, que ha reducido tras la pandemia a 78 el número de plazas. Tras un julio y agosto más flojos de lo habitual, septiembre se recupera aunque la sensación a falta de cerrar la temporada es que al menos en el Hospital de Peregrinos de la calle La Rúa los números previos a la pandemia no se han recuperado.
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