Solidaridad

Anastasiia espera a su bebé en Abáigar

En la expedición que hace un mes llegó a Estella desde Ucrania, había una joven embarazada hoy a punto de dar a luz y a la que un pequeño pueblo cercano abrió las puertas de una casa municipal junto a un grupo de madres e hijas, seis personas en total

La edil Maite Beorlegui, Liubov, Larysa (ucraniana afincada en Estella), Yrina, Anzhelika y su hija Anastasiia, en la vivienda de Abáigar
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La edil Maite Beorlegui, Liubov, Larysa (ucraniana afincada en Estella), Yrina, Anzhelika y su hija Anastasiia, en la vivienda de Abáigar
La edil Maite Beorlegui, Liubov, Larysa (ucraniana afincada en Estella), Yrina, Anzhelika y su hija Anastasiia, en la vivienda de Abáigar

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María Puy Amo

Actualizado el 15/04/2022 a las 10:03

Cuatro mujeres y dos niñas ucranianas viven desde hace dos semanas en la vivienda sobre el bar de Abáigar, una propiedad municipal que el Ayuntamiento decidió poner a disposición de lo refugiados que llegaron a Estella hace hoy un mes. Las seis nuevas vecinas de este pequeño municipio formaban parte de esa expedición. Como el resto de sus compatriotas, pasaron los primeros días en el albergue de Anfas antes de dirigirse a sus lugares de acogida

Con el grupo que alcanzaba Navarra huyendo de la guerra y tras permanecer casi un día en la frontera de Hungría, viajaba Anastasiia Maletska, una joven que en unos días dará a la luz a su bebé. Un niño, Dan, que nacerá en el Hospital García Orcoyen de Estella y al que espera en Abáigar. La cuenta atrás discurre en la vivienda que comparte con su madre, Anzhelika Merrulova, y con las hermanas Liubov Oslapenko e Iryna Chubatenko, madres a su vez de dos niñas de 13 y 7 años.

A LA ACADEMIA Y AL COLEGIO

Dos grupos familiares procedentes de diferentes partes del país - Jarkov y Kramatorsk- que huyeron de la guerra, se conocieron en la expedición y conviven hoy bajo el mismo techo. Como en el momento de su llegada, Larysa Musika, ucraniana afincada en Estella hace de intérprete cuando se le pide ayuda y el traductor de Google contribuye también a su comunicación diaria con sus apoyos en el pueblo, como la concejala Maite Beorlegui.

Llevan solo dos semanas, pero han fijado ya sus rutinas. Las niñas van cada mañana al colegio, al Puy la adolescente y a Remontival la más pequeña. Las adultas estudian castellano y reciben clase en la academia de Estella a la que se desplazan. Pocos días, pero con resultado porque entienden las primeras palabras en castellano.

Madres e hijas empiezan a organizarse en jornadas que comienzan con una llamada a Ucrania, porque siguen en contacto con sus familiares. Quieren -señalan- aprender pronto a desenvolverse en el idioma para encontrar un empleo que les permita afrontar gastos y ganar autonomía.

A partir de ahí, en la conversación afloran distintos planes. Anastasiia, recuperada de ese largo viaje embarazada de ocho meses, no piensa sino en mantener seguro a su bebé. “Cuando nos planteamos salir, nos daba igual un sitio que otro siempre que cuando naciera mi niño pudiera ser atendida”, dice. Sí desea regresar cuanto antes su madre, Anzhelika, que ha dejado allí a su marido y otro hijo. “Esperaré a que nazca mi nieto y luego quiero volver a Ucrania. Esa es mi intención, no esperar a que acabe la guerra. Pero no sé si podré hacerlo ni cuándo”.

Procedentes de ciudades grandes que, como en el caso de Jarkov, sufren desde 2014 el conflicto, están encantadas con el pueblo que les ha abierto sus puertas. Atrás lo han dejado todo. También sus profesiones, porque en el grupo hay una profesora, una ingeniera, una dedicada al mundo de la interpretación y otra a la comercialización de petróleo. “Para nosotras trabajar es muy importante, nos da igual cuál sea el empleo, pero mientras estemos aquí queremos sentirnos útiles”, añaden.

Y cuentan que, aunque de su país lo echan todo de menos y está siendo muy duro para sus hijas pequeñas la separación de sus padres, ellas saben que debían ponerlas a salvo. Que tomaron la decisión correcta pese a desplazarse primero hacia el oeste escapando tumbadas en un tren de mercancías pensando que allí estarían a salvo y no tendrían necesidad de huir. “Aquí lo que nos llama sobre todo la atención es la gente. No es solo cariño. Es amor y protección, lo que nos emociona y por lo que estamos muy agradecidas”, señala Yrina. “En otras circunstancias seríamos las más felices del mundo. Pero ahora pensamos que esto va a durar tiempo y lo único que queremos trasladar es que la gente lo cuente, que hable. Porque han venido a matarnos, los rusos hicieron esta guerra y los niños rusos van a sufrir toda la vida por la que hicieron sus padres”.

Enfado del Ayuntamiento al verse desprotegido por las instituciones

Poco más de 80 habitantes y un Ayuntamiento de tres representantes -alcalde y dos ediles- de una agrupación de independientes. Así es Abáigar, la localidad que se ofreció a habilitar para los refugiados una casa hace un mes vacía y hoy convertida en un hogar al que no le falta ningún detalle. Desde el mobiliario a las cortinas confeccionadas por una vecina. Limpiar, montar y dotar a la vivienda de todo lo necesario para quienes habían huido de su país casi con lo puesto fue algo con lo que ya contaban y con lo que todo el pueblo se volcó, como lo ha seguido después haciendo. Pero no esperaban -explican los concejales Maite Beorlegui y Álvaro Pérez de Aransolo- la falta de apoyo por parte de las instituciones y encontrarse en la actual situación de desamparo. “A la hora de dar ayudas sobradamente anunciadas para la manutención de refugiados ucranianos nos hemos visto en total desprotección”, señalan. Quieren dejar constancia de su enfado porque tampoco han recibido apoyo en las gestiones más allá -prosiguen- de una reunión con una persona del centro habilitado ante la situación de Ucrania del Gobierno de Navarra, en la que se les transmitió que no esperasen recibir estas ayudas. “Ellas, sobre todo, quieren trabajar y no depender de nadie, pero en estos momentos nos parece un poco lejano. Si las instituciones no ponen interés en ello, pedimos a los habitantes del valle y a sus ayuntamientos solidaridad con los refugiados en Abáigar, para los que nosotros vamos a seguir estando siempre aquí”, indican los responsables municipales.

A la espera de que ese soporte llegue, todo el apoyo a sus nuevas vecinas llega del propio municipio y de donativos. Por eso, hacen un llamamiento para que quien quiera seguir colaborando pueda hacerlo mediante una transferencia bancaria en la cuenta habilitada para ello en Caja Rural de Murieta, haciendo la compra en el supermercado J.M. Sainz de esta misma localidad, a través de una hucha en el bar de Abáigar o con otro tipo de colaboraciones.

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