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Medio Ambiente

Los corzos de Lóquiz bajan a Estella

Vecinos y hortelanos de Valdelobos comenzaron a encontrarse en verano con corzos, una presencia que sorprendió entonces pero se ha hecho hoy tan cotidiana que está afectando a los cultivos y ha llevado a autorizar una batida este fin de semana

Ampliar Una de las huertas a las que entran los corzos con las cintas disuasorias colocadas para tratar de proteger los cultivos. Un género que, como las acelgas de la imagen, amanece con daños cada mañana
Una de las huertas a las que entran los corzos con las cintas disuasorias colocadas para tratar de proteger los cultivos. Un género que, como las acelgas de la imagen, amanece con daños cada mañanaMontxo A.G.
Publicado el 21/01/2022 a las 06:00
Se acercan sobre todo por la noche. Pocos ejemplares. Una hembra con su cría, un pequeño grupo de cuatro o en solitario, pero los corzos que bajan de la sierra de Lóquiz han llegado hasta la misma Estella y se han hecho familiares en el paseo de Valdelobos. Sus vecinos y los hortelanos que cultivan las huertas junto al Ega coinciden en que su presencia comenzó el pasado verano. Más habitual desde entonces, se repite hoy prácticamente a diario. Y con ello surge un problema porque, de quedarse entre los pinos o junto al río, han pasado a entrar en las huertas que no están valladas, en las que se comen o causan daños en los cultivos. Una situación que ha llevado a organizar este fin de semana una batida por daños autorizada a una cuadrilla de cazadores de la zona.
Aunque su presencia no se ha dado hasta ahora en la ciudad, Valdelobos ofrece un hábitat adecuado para unos animales muy territoriales que se han ido expandiendo para alcanzar una importante población desde que a principios de los noventa se reintrodujeron en Lóquiz. Tampoco hasta este invierno habían entrado así a los terrenos de cultivo. “No han comido hasta ahora. El animal se alimenta cuando tiene que hacerlo, ellos hacen las cosas bien. Pero el problema es que nos está afectando al género”, señala uno de estos hortelanos.
CINTAS DISUASORIAS
Los corzos de Valdelobos se han convertido a la vez en una visita esperada. Hay quien ha aguardado despierto hasta entrada la madrugada para intentar sacarles una fotografía y quien confía en repetir un encuentro junto al río. Pero su proliferación preocupa en función -añade- de si se trata de huertas de recreo con producción para el consumo o de fincas de cuyos cultivos se vive y que amanecen echados a perder. Una queja trasladada al guarderío de Medio Ambiente del Gobierno de Navarra que ha llevado a autorizar esa batida por daños prevista para el domingo. Al no contar Estella con cuadrilla de caza mayor, se ha gestionado para que pueda llevarse a cabo desde localidades cercanas y con un número muy reducido de ejemplares autorizado.
Las cintas colocadas estos días entre los cultivos han intentado también disuadir a los corzos. Sin conseguirlo, porque sus huellas siguen quedando cada mañana sobre el terreno húmedo entre achicorias, acelgas, cardos y otros productos de invierno a la venta después en tiendas y mercados.
Cerca de estas fincas, el estellés Andrés Crespo Iriarte, uno de los veteranos hortelanos del paseo, contaba este jueves que no han llegado a su huerto, aunque sí ha topado con ellos como les ha ocurrido a otros compañeros. “En verano, por la mañana, vi al corzo por primera vez por aquí cuando yo venía con mi bici. Como era de día, me paré a observarle y no se movió. Ya no me ha tocado más veces. Sí un zorro o una culebra, pero los corzos nunca hasta ahora se habían acercado tan abajo”, subrayaba. Es entre los árboles de los pinares próximos a Zubielqui donde han vivido el mismo encuentro vecinos y viandantes de un entorno muy transitado de la localidad que registra un continuo paso de personas a lo largo de todo el día. Valdelobos constituye, junto al parque de Los Llanos, la principal zona de paseo de Estella. Espacios naturales del casco urbano en los que otros animales, como las ardillas, se han convertido también en una imagen familiar en los últimos años.

Los animales que vinieron de Francia para repoblar la sierra

El próximo mes de marzo, se cumplirán treinta años de la llegada de los primeros corzos a Navarra para ser reintroducidos en la sierra de Lóquiz, de donde habían desaparecido hace décadas. Trece ejemplares -ocho hembras y cinco machos- habían sido capturados en la región francesa de Las Landas dentro de un programa de la Federación Navarra de Caza con el visto bueno del Gobierno de Navarra. Asociaciones de cazadores de la zona de Lóquiz y de las Améscoas apoyaron una suelta que coincidió con días de nieve, la causa principal de la muerte de varios animales. Sobrevivieron al final seis de los trece iniciales. Los mismos pasos se repetirían en los meses siguientes puesto que el calendario de reintroducción contemplaba la puesta en libertad de medio centenar en un periodo máximo de cinco años. Tres décadas más tarde, se han asentado en un territorio en el que proliferan y no resulta difícil encontrarse con uno de ellos por los pueblos de Valdega, Montejurra o en el resto de la zona.
Los primeros corzos de Lóquiz, hace 30 años
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