Tradición

Ayegui, la fragua y un alto en el Camino

Por la fachada del taller de forja de Jesús Ángel Alcoz trepa una vid de hierro de cinco metros, el escaparate de un taller que en primavera abre puertas para que los peregrinos pasen y vean

Ayegui, la fragua y un alto en el Camino
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Ayegui, la fragua y un alto en el CaminoMontxo A.G.
Ayegui, la fragua y un alto en el Camino

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María Puy Amo

Actualizado el 30/04/2021 a las 06:00

Hay en Ayegui un taller familiar de forja que cumplirá pronto medio siglo en el Camino de Santiago y espera hoy el regreso de los peregrinos con la última muestra de su creatividad ya terminada. Jesús Ángel Alcoz Echeverría, el maestro forjador, ha trabajado durante meses en una escultura de hierro que trepa por su fachada a pie de ruta jacobea. Una vid de cinco metros de altura como escaparate de una actividad que aprendió de su padre, Moisés Alcoz Lizarraga, en el antiguo negocio nacido en Urbiola y trasladado en 1973 a este lugar de Ayegui.

La parra inspirada en el paisaje entre viñedos que se extiende alrededor como antesala a la Forja de Ayegui, como se denomina el taller abierto al Camino con cada primavera para enseñar a quienes lo recorren la fragua y la mesa de trabajo. Los pilares de un oficio que evolucionó hacia la forja artística, como reflejan las piezas de la exposición del interior. Un pequeño “museo” de creaciones que han viajado por el mundo cuando los peregrinos que se detienen allí las han llevado consigo de vuelta a sus países o encargado para recibir el envío una vez en casa. Recuerdos de hierro que viajan desde Ayegui hasta lugares tan lejanos como Estados Unidos, Australia o Corea.

Sobre la vid de la fachada, Jesús Ángel Alcoz cuenta que todo empezó con el confinamiento, durante el periodo de cierre a lo largo de la primavera del 2020. “Me metí de lleno en la fragua y empecé a hacer uvas, hojas y tallos de la vid. Una a una para ir formando el racimo hasta que a finales de diciembre ya empecé a colocarlos en la pared día a día y por partes”. Además de tomar como fuente el entorno, su autor introduce detalles de los peregrinos en otra de las referencias de su escultura. “Es también un guiño a ellos y un atractivo a la vez para los turistas que sirva de antesala para la exposición que está dentro, como un efecto llamada. Ahí quien te dice que lo ve como un árbol de la vida, pero mi idea era lograr una obra atractiva. Una ventana abierta de cara al público y un gesto hacia la gente que pasa por aquí. Las viñas son una copia de lo que tengo alrededor y luego hay otras piezas creativas que salen de la imaginación o se inspiran en los propios peregrinos”, relata.

La parra que se enreda a su fachada se integra en el amplio abanico de posibilidades de la forja artística que ya su padre empezó en Urbiola junto sus hermanos y que él siempre ha cultivado. Al de esta localidad de origen siguió un primer taller en Estella hasta que en 1973 Moisés Alcoz eligió Ayegui, en el mismo lugar donde hoy sigue su hijo. Comenzó -recuerda Jesús Ángel- recién acabados los estudios primarios. Seguirían en los años siguientes un curso para formarse en León, en la escuela de Artes y Oficios a la que iban maestros italianos. Llegarían periodos en Francia o Cataluña aprendiendo las técnicas de uno y otro. Ahora, a sus 56 años y metido de lleno en esa vertiente artística del hierro, trabaja durante los inviernos puertas adentro dando salida a encargos, la mayor parte de particulares aunque realiza eguzkilores para tiendas del País Vasco y Navarra.

EL OFICIO QUE SORPRENDE

Hace cuatro años, el Camino de Santiago empezó a jugar otro papel en su actividad. Los alumnos de la Escuela de Artes y Oficias de Pamplona pasaron en el taller una semana dentro de su periodo práctico de aprendizaje y, con ellos, se planteó una jornada de puertas abiertas al peregrino. El punto de partida que desde entonces se repite en la Forja de Ayegui en la temporada alta del Camino. “En invierno, doy salida a los encargos y en primavera sigo haciendo trabajos en el taller pero con las puertas abiertas para que todo el que pase pueda ver el trabajo en la fragua”, señala desde un lugar donde se sella la credencial al peregrino.

Desde el 2016 y pese al parón de la pandemia, la apertura de su taller le ha aportado mucho en cuanto a experiencias personales. En su libro de firmas, hay dedicatorias en distintos idiomas, mensajes de afecto fruto de encuentros fugaces que enriquecen. “Abrir mi trabajo ha sido un cambio enorme. Llama mucho la atención porque no se esperan encontrar algo así al pasar por aquí, ver como se trabajaba antes en lo que para muchos es un oficio perdido en el tiempo. Aquí en España podemos tenerlo más cercano por nuestros padres o abuelos, pero se nota mucho que cuanto más industrializados están los países menos referencias tienen”. Contento por la oportunidad de vivir de esta manera la ruta y de que sus piezas tengan también n esta salida, espera en una primavera de nuevo diferente que la normalidad regrese y vuelvan a su taller los peregrinos.

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