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Patrimonio

Luces y sombras de Irache, un monasterio en el Camino

Hay dos caras en el Monasterio de Irache. La que se muestra en su iglesia restaurada y la que permanece oculta, fuera del circuito de visitas pero abierta días atrás para recorrerse durante unas horas

El antiguo refectorio de Irache, una de las estancias que se abrieron para la visita por el conjunto monacal.
El antiguo refectorio de Irache, una de las estancias que se abrieron para la visita por el conjunto monacal.
  • M. Puy Amo
Actualizada 12/03/2021 a las 06:00

Irache, el único monasterio medieval de Navarra que nunca ha estado en ruinas, se prepara para nuevas obras en su claustro renacentista mientras desde Ayegui se demandan mejoras en su exterior y sigue la incertidumbre sobre sus usos futuros tras el fallido proyecto de Parador Nacional. Hay dos caras en este monumento del Camino de Santiago. Una se retrata en las luces encendidas de su iglesia, abierta de nuevo al culto y a las visitas tras meses de cierre para su restauración. La otra en las amplias dependencias abandonadas con tantas posibilidades como lejos se encuentra la inversión necesaria para introducirlas en el circuito cultural y turístico de la zona. Permanecen cerradas, pero dejaron de estarlo durante unas horas de la semana pasada para que la comisión parlamentaria de Cultura pudiera recorrerlas. La ocasión perfecta para hacerlo porque contaron como guía con Susana Irigaray, una de sus grandes conocedoras. La directora del Servicio de Museos del Gobierno de Navarra está muy unida a esas estancias. Pasó 17 años en ellas. El tiempo en el que Irache conservó la colección destinada al Museo Etnológico de Navarra que permanece almacenada desde 2007 en una nave de Estella.

A una labor de mantenimiento y protección que ha hecho de Irache una excepción frente al estado de ruina que sí sufrieron en algún momento de su historia La Oliva, Leyre e Iranzu se refería durante el recorrido por ellas. No fue este el caso, contó, pese al abandono benedictino y a la desamortización. Es verdad -les explicó- que la parte más monumental e históricamente de mayor atractivo es la iglesia, un tesoro del románico que corresponde a la transición de los siglos XII y XIII. Y hay otra joya centenaria, el claustro del siglo XVI cuyas cubiertas van a repararse ahora con un presupuesto estimado de 240.000 €.

A partir de ahí, un recorrido por lugares del pasado que condensan la historia de Navarra, desde el siglo X en el que vivió Teudano, su primer abad, hasta la época contemporánea. “Merece la pena centrarse en este lugar, pero es complicado y hay mucho desde el punto de vista de la restauración monumental que vendrá condicionado por los usos”, relataba. Para hacerse idea de cuánto, basta con considerar sus dimensiones. Sobre una parcela de 6.905 m2, el monasterio tiene una superficie construida de 13.328 m2. Están abiertos al público la iglesia, la sacristía y el claustro renacentista, para lo que se cuenta con un conserje y un horario de visita. El resto carece de uso.

EL MONASTERIO OCULTO

El recorrido con Susana Irigaray mostró esas dos caras de Irache. La que se visita y la que permanece oculta salvo en ocasiones puntuales como ésta. Explicó como al conjunto medieval se sumó en los siglos XVII y XVIII otro edificio en torno al claustro nuevo construido en su momento para albergar la Universidad de Irache. Y contó como es ésta la entrada normal de los turistas, aunque no siempre fue así porque el acceso público ha ido cambiando a lo largo de los años ligado a diferentes obras.

Por ese claustro nuevo comenzó su visita. “Totalmente transformado porque durante un siglo, de 1885 a 1985, se cedió a la orden de los escolapios para un seminario menor”, situó desde la segunda planta. En su antigua cubierta de forjado de madera el Gobierno de Navarra actuó en los 90. “El tejado salvó el edificio pero nunca más se intervino para nada en concreto porque el proyecto de Museo Etnológico del año 1994 no llegó a crearse y se funcionó solo esos años como almacenes y oficinas ”.

El recorrido abrió las puertas de otros escenarios. Un edificio intermedio, el espacio entre claustros que conecta con el conjunto medieval y requiere una potente intervención. Zonas que han hecho necesario acometer obras de urgencia para atajar las goteras. Y los lugares de la vida escolapia en los que se detuvo Susana Irigaray para trasladar a aquella etapa a la comisión parlamentaria y a los representantes del Ayuntamiento de Ayegui. Se sucedieron la capilla escolar donde acudían a misa los seminaristas, un recurso para el día a día más práctico que la iglesia abacial. Y el matadero, eslabón en la cadena de una comunidad autosuficiente que contaba con animales y huerta.

“Es una pena que en la visita turística no se puedan apreciar muchas cosas”, expresaba en una parón del recorrido ante una de las puertas. La que perteneció al hospital fundado en la segunda guerra carlista por Margarita de Borbón-Parma y aún conserva su emblema. La cruz de Malta con el Sagrado Corazón, también historia de un monasterio en el Camino.

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