Último encierro de Tafalla: rápido y con siete atenciones
La ciudad del Cidacos cierra la última carrera de estas fiestas con un encierro de 2 minutos y 25 segundos
Actualizado el 20/08/2025 a las 13:45
Suenan los golpes de martillo. La madera retumba en la Avenida Nuestra Señora de Ujué mientras los carpinteros ajustan el vallado. La gente se coloca poco a poco, zarandeada por los trabajadores que comprueban que cada tablón resista la presión de la mañana. Un vecino se acerca a uno de ellos:
—Tengo que sacar el tractor, ¿me podéis abrir el vallado?
Dos mozos rápidamente quitan los tres tablones y, en apenas dos minutos, el paso estaba de nuevo cerrado. La jornada huele a cansancio y a fin de fiestas. Los rostros lo dicen todo: ojeras y sonrisas agotadas. El cuerpo que empieza a pedir reposo después de unos días largos e intensos.
“Ya hay bastantes ganas de acabar; es bastante intenso. No por madrugar, porque estamos muy acostumbrados a eso, sino porque el último día de fiestas pasa factura”, confiesa uno de los carpinteros mientras mira de reojo hacia la plaza. Allí dentro, las ambulancias de Cruz Roja pasan lentamente por la curva que da entrada a la arena. Las camillas esperan abiertas, dispuestas a recibir a los posibles heridos.
Son las nueve en punto cuando el petardeo del cohete sacude las calles de Tafalla. El sonido atraviesa balcones y despierta al que todavía descansaba. En el último tramo, los mozos rotan las rodillas, dan pequeños saltitos y levantan la vista hacia la estación, donde en cualquier momento pueden asomar los astados. Las voces se entremezclan.
Entre ellos se encuentra David Albero con la camiseta hummel de Osasuna, con Moncayola a la espalda. Lleva más de cinco años corriendo en Pamplona y siete en Tafalla, afirma:
—Hay que tener respeto pero nunca miedo. El miedo te paraliza y lo importante en este caso es correr.
El sexto y último encierro de Tafalla comienza. La plaza, desde 1888 como reza el cartel, abre sus puertas burdeos y traga la manada en apenas un suspiro. El recorrido es veloz: apenas 2 minutos y 25 segundos. El rugido de la gente acompaña el paso de los toros, entre golpes de pezuñas y carreras a golpe de hombro.
Los sanitarios no tardan en atender a los primeros heridos. Siete en total: un hombre de 37 años, de Lezo, con golpe en la cabeza y conmoción cerebral; una mujer de 36 años, de Tafalla, caída en la estación con herida en la mano izquierda; un joven de 19, de Beriáin, con abrasión en el codo; un hombre de 68, de Olite, con varias heridas tras caer del vallado; otro de 29, de Cascante, con contusión en el codo; un pamplonés de 22 con herida en la mano; y un vecino de Cáseda, de 29, con lesiones en rodilla y codo.
Pero la emoción del encierro no se mide solo en segundos ni muchísimo menos en partes médicos. Lo explica Egoitz Pascualena mientras acomoda su pañuelo:
—A mi padre siempre le han encantado los toros y me llevaba de pequeño. Es algo que siempre he hecho con él y le tengo mucho cariño.
En los balcones, los vecinos despiden el encierro con aplausos. La madera comienza a desmontarse. Golpe tras golpe, las tablas se apilan y la ciudad recupera poco a poco su fisonomía habitual. Tafalla despide sus encierros con la certeza de que el próximo año volverán a temblar los tablones.

