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Marcilla

Al asalto de la Edad Media

Una veintena de réplicas, la mitad a escala real, reproduce ‘La guerra de asedio en la Edad Medieval’ en el castillo de Marcilla en su 600 aniversario

El turolense Rubén Sáez Abad, doctor en Historia, en una máquina defensiva de pinchos del siglo XIII.
El turolense Rubén Sáez Abad, doctor en Historia, en una máquina defensiva de pinchos del siglo XIII.
Actualizada 02/06/2021 a las 06:00

Adentrarse por el castillo de Marcilla a los seis siglos de su construcción tiene de novedad y curiosidad hasta diciembre reparar en capítulos que conformaron 'La guerra de asedio en la Edad Media'. Se trata de una exposición, trasladada desde Teruel por la efemérides por el doctor en Historia, especializado en Historia Militar, Rubén Sáez Abad. Con veinte réplicas de la empresa Máquinas de Asedio S.L., de la que es gerente, la mente retrocede a contiendas encarnizadas en la que la toma o defensa de una fortificación se libraba en pugnas de cuerpo a cuerpo. Catapultas, señaladas en la muestra como piezas de artillería de torsión capaz de lanzar una piedra de dos kilos a 400 metros, o una máquina de pinchos del siglo XIII que trataba de hacer baldíos los ataques del enemigo conceden poder a la imaginación en la plaza y, sobre todo, en el adarve desde el que en otro tiempo se oteaba el horizonte con la orden de dar la voz de alarma a la mínima sospecha de incursión.

Desde su experiencia de estudio, documentación y también construcción a partir de “fuentes iconográficas” o “representación en grabado”, Rubén Sáez deshace mitos difundidos por la ficción del celuloide. Según dice, no se prodigaba el vertido de agua o aceite hirviendo como estrategia de defensa. La lógica del abastecimiento se impone en su respuesta. “Ante la penuria alimenticia -señala- se recurría al aceite como alimento. Todos los castillos tenían aljibes pero para tener una dotación de agua en caso de asedio. Un ser humano podía aguantar más sin comer que sin beber. En el momento que se acababa el agua en un castillo se tenía que rendir”.

¿Qué es lo que se lanzaba entonces para frustrar el avance del enemigo? “Lo que se tiraba era plomo fundido, piedras y , sobre todo, arena hirviendo. La arena se podía calentar a 400 grados y dejándola caer se colaba entre las armadura. Quemaba vivos a los soldados. La técnica de la arena hirviendo es antigua. A las tropas de Alejandro Magno se la arrojaron en el asedio de Tiro, en el año 332 antes de Cristo”.

Según dice, “la tecnología militar siempre ha sido puntera en todas las épocas históricas. Arquímedes fue un ingeniero muy conocido por aplicaciones civiles, pero dedicó mucha parte de sus esfuerzos a dar forma a instrumentos militares”. La empresa que gestiona es asesora de series, como la segunda parte de El Cid, y colabora en el Canal Historia desde sus conocimientos.

FLECHAS INCENDIARIAS

Existe otra idea equívoca sobre el uso de flechas incendiarias que el cine se ha ocupado de extender como recurso habitual en contiendas medievales. “En la época antigua o medieval se utilizaban pocos elementos y proyectiles incendiarios”, observa el especialista de Teruel. Basta atender a un argumento sólido que ofrece para subrayar el acierto de su reflexión: “Lamayoría de las fortificaciones eran de piedra”.

El repaso al capítulo de historia militar de la Edad Media, contenido hasta final de año en el castillo de Marcilla, concluye con un primigenio cañón. “Hasta que no se inventaron cañones con estrías no había precisión” en el lanzamiento del proyectil, sostiene.

La empresa que gestiona cuenta con 150 modelos de diferente época, “desde los imperios sirio y egipcio, desde 2.500 años antes de Cristo hasta el 1500”. La variedad define su oferta, que incluye “lanzacohetes del siglo XV chinos”. Por de pronto, la exposición de Marcilla es única en Navarra. Reparar en las explicaciones que acompañan a cada réplica, a escala o real, traspone al lector a batallas de otra época que fueron de cine pero reales.


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