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Celebración

El corazón de Marcilla

Los actos del 600 aniversario del castillo se convierten en loa a su impronta en el devenir histórico y político de Navarra y España. No faltó la música y una muestra de máquinas de asedio

Marcilla conmemora los 600 años del castillo
Marcilla conmemora los 600 años del castillo
Publicado el 23/05/2021 a las 06:00
“Desde el castillo se han administrado tierras, se ha gestionado el agua y las presas del Aragón, se gestó el matrimonio de los Reyes Católicos, albergó la espada Tizona y vio nacer al fundador de la RAE, José Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga”. El relato correspondió al concejal de Cultura de Marcilla, José Manuel Cantín, durante la presentación del programa conmemorativo del 600 aniversario del castillo, todo un acontecimiento que elevó la jornada de este sábado a la categoría de “día grande”, en palabras del propio edil, por mantenerse en pie un hito que marcó la historia y política de Navarra. El “honor” y orgullo” de los marcilleses del que habló el corporativo cuelga como “insignia”, por el símil utilizado por el alcalde, Mario Fabo, de la solapa del traje que luce con brillo la localidad desde el siglo XV.
De su defensa ante las intenciones de derribo del Cardenal Cisneros, que se proponía ejecutar el coronel Villalba, dio cuenta Ana de Velasco en 1516. Su figura es alargada como el gigante dedicado a su recuerdo. Ayer bailó junto a la réplica inanimada del militar que se proponía reducir el bastión defensivo y que “son pareja desde hace 30 años” -como señaló el presidente de la Asociación Amigos del Castillo de Marcilla, José María Cambra- por obra de un pueblo apoyado en los cimientos de la conciliación.
Sonó el himno de Navarra, interpretado por la banda municipal, en un detalle de solemnidad de un evento que contó con la presencia del delegado del Gobierno en Navarra, José Luis Arasti, la consejera de Cultura, Rebeca Esnaola; y el líder de la oposición parlamentaria, Javier Esparza. Hubo danzas y pasacalles con la banda de gaitas Lume de Biqueira para llevar a las calles el anuncio sonoro de un día para el recuerdo.
Un recorrido por el castillo, divido en grupos por prevención ante la pandemia, dispuso al más de medio centenar de invitados a conocer sus recovecos, aprovechados hoy día como estancias y servicios municipales, desde que fuera rehabilitado en 2012 con “9 millones de inversión por el Gobierno foral y 1 del Ayuntamiento”, como recordó José María Cambra. Las obras, que ayudaron a perpetuar su imagen, materializaron una reivindicación vecinal, significada en una manifestación nocturna “y cívica el 14 de julio de 1989”. La fecha tuvo un carácter simbólico por coincidir, con dos siglos de diferencia, con la Toma de la Bastilla.
200 AÑOS EN LA CÚSPIDE
200 años en la cúspide histórica, política y económica fueron los que estuvo el castillo de Marcilla en el Reino de Navarra, de acuerdo a la intervención del psicólogo y estudioso de la historia de su pueblo natal Emilio Garrido. Su participación derivó en un anticipo de una exposición de mayor calado y que ofreció para la época invernal, centrada en el período comprendido entre Carlos III y Felipe III. Muestra de la singularidad de la construcción que alberga un vasto recorrido en el tiempo es la disponibilidad de siete torres que refuerza su exclusividad en Navarra, precisó.
La consejera de Cultura, Rebeca Esnaola, se refirió a su localización y proyección. “El castillo -dijo- está y es el corazón de Marcilla”. No pudo menos que recordar la celebración del I Certamen Nacional de Teatro Amateur Ana de Velasco y aludir al proyecto de iluminación que será una realidad este año. Reconocido su valor histórico, el reto de su mantenimiento pasa por aprovechar su estructura e imagen como potencial de desarrollo turístico, con productos asociados al término, según el deseo coincidente de representantes locales.
Como novedad y realce de su patrimonio, el vecindario dispuso ayer por la tarde de la oportunidad de acercarse a la exposición titulada La guerra de asedio en la Edad Media, basada en réplicas y reproducciones a escala de máquinas ofensivas y defensivas. De su construcción se ocupó el doctor en Historia, Rubén Sáez Abad, de Teruel, que ayer deleitó con sus explicaciones.
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