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Día de Todos los Santos

Los cementerios pequeños se llenan por el Día de Todos los Santos

Coincidiendo con la celebración del Día de Todos los Santos, este viernes los cementerios de pequeñas localidades como Traibuenas, Murillo el Cuende o Figarol recibieron a decenas de visitantes que se acercaron para llevar flores a sus difuntos

Foto del padre Nacho bendiciendo una de las tumbas más antiguas en Traibuenas.

El padre Nacho bendice una de las tumbas más antiguas en Traibuenas.

02/11/2019 a las 06:00
  • Iranzu Larrasoaña
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Un pino, situado en el centro del cementerio de Traibuenas, se dejaba ver desde la carretera. Al lado de la puerta, una decena de coches daba la pista de que el de este viernes era un día especial en la localidad. La imagen se repetía en Murillo el Cuende y Figarol. Los pequeños cementerios de la Zona Media de Navarra presentaban este viernes, coincidiendo con la celebración de Todos los Santos una actividad poco habitual el resto del años, ya que decenas de vecinos y visitantes se acercaron para dejar flores en las tumbas de sus difuntos.

A las diez de la mañana una misa en Traibuenas atrajo hasta el cementerio a una veintena de personas, vecinos en su mayoría. Entre ellos se encontraba Rita Yolanda Cavero, natural de Santacara. “Mi marido es de Traibuenas, así que hemos pasado antes por el de Santacara y ahora venimos aquí a la misa”, explicaba mientras señalaba que se trata de una tradición muy arraigada en su familia. “Lo he vivido desde muy pequeña. Recuerdo venir de muy pequeña con mi abuelo y una carretilla llena de flores”, relataba. Pero este viernes lo vivió muy emocionada. “Mi padre murió hace un año, y le he llevado las flores que él cultivaba, laurel y olivo. A mis suegros les he traído lo mismo”, explicaba mientras señalaba la tumba, una de las más nuevas, que se entremezclaba con otras más antiguas. El primer enterramiento en este cementerio data de 1878.

A sus 91 años, Ana María Madoz abría la puerta del cementerio de Murillo el Cuende seguida por su yerno y su nieto, que portaban cinco ramos de narcisos amarillos. “Son para la familia”, explicaba mientras su yerno señalaba una de las curiosidades del cementerio. “Hay un nicho integrado en el propio muro del cementerio que data de 1919 y pertenece a una niña de 30 meses”, señalaba. Este cementerio, además, esconde los restos de muchos vecinos que murieron en la Guerra Civil. Madoz cuenta con varios familiares enterrados. En uno de los nichos descansan su padre y un hermano que fueron fusilados. Enfrente, los restos de otro hermano que murió en el frente ocupan una fosa común. “Lo peor de llegar a mayor es que ves morirse a mucha gente”, lamentaba Madoz.

En Figarol, un grupo de vecinos engalanaba varios nichos, de los 96 existentes. Llamaba la atención la ausencia de tumbas. “No hay por la humedad del suelo, que impide los enterramientos. Por eso se construyeron los nichos”, explicaba esta curiosidad una vecina. “Intentamos enterrar a un hermano. Pero empezamos a cavar y fue imposible”, aseguraba.

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