Estudio científico

Los Pirineos registran avalanchas cada vez más pequeñas, pero más frecuentes que alcanzan actividades humanas

Cinco expertos han estudiado 57 casos concretos en busca del vínculo entre el clima y los aludes y la tendencia observada es que hace que afecten cada vez más a zonas de actividad humana

Esquiadores en la estación de Vallter, en Girona
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Esquiadores en la estación de Vallter, en GironaORIOL TRAVESSET
Esquiadores en la estación de Vallter, en Girona

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Diario de Navarra

Publicado el 30/03/2026 a las 12:25

Un trabajo de cinco científicos publicado por la revista ‘Cold Regions Science and Technology’ en su número de marzo, ha llegado a la conclusión de que en los Pirineos se registran avalanchas cada vez más pequeñas, pero a la vez también más frecuentes

Han estudiado 57 episodios de aludes registrados entre 1910 y 2014 en el valle de Canfranc y han comprobado que la variabilidad del clima (definida por la Oscilación del Atlántico Norte (NAO) condiciona las precipitaciones y temperaturas, y con ello la probabilidad de avalanchas”.

El estudio se ha elaborado en el marco del proyecto europeo Pyrenées4clima, en el que participan las 7 regiones que abarca la cordillera (Andorra, Aragón, Cataluña, Euskadi, Navarra, Nueva Aquitania y Occitania) y está liderado por el Observatorio Pirenaico de Cambio Climático (OPCC-CTP).

Se ha partido de la base que los Pirineos se encuentran entre las regiones de criosfera de montaña con los niveles más altos de actividad de avalanchas en el mundo (Eckert et al., 2024).

El trabajo lo firman cinco expertos: Jaime Boyano Galiano, Alberto Muñoz Torrero, Juan Antonio Ballesteros Cánovas, los tres del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CISC); Juan Ignacio López Moreno, del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CISC), y Osvaldo Franco-Ramos, del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Este informe llega tras un invierno especialmente trágico, en que las avalanchas se han cobrado la vida de al menos ocho personas en los Pirineos, la última este pasado 18 de marzo.

El estudio proporciona información valiosa para la evaluación de riesgos y el desarrollo de estrategias adaptativas de gestión de peligros en entornos montañosos afectados por el cambio climático. 

En concreto, se ha analizado la relación entre el cambio climático y la actividad de avalanchas de nieve en los caminos de Estiviellas y Rinconada

Utilizando registros históricos, análisis dendrocronológico, mapeo geomorfológico y datos climáticos, se reconstruyeron 30 eventos de avalanchas en Estiviellas y 27 en Rinconada. 

Los resultados muestran que las avalanchas más grandes ocurrieron con mayor frecuencia en la segunda mitad del siglo XX, mientras que en las últimas décadas se han registrado eventos más pequeños, pero más frecuentes, confinados a las pendientes superiores.

La investigación también subraya la importancia de las prácticas de reforestación y las medidas de mitigación estructural implementadas en el área desde principios del siglo XX, que han reducido la severidad de los riesgos de avalanchas, lo que demuestra la eficacia de las mismas.

Juan Antonio Ballesteros, uno de los cinco firmantes del estudio, explica cómo han comprobado la tendencia a que “las avalanchas de menor frecuencia, situadas en las partes más altas, cada vez son más frecuentes, y pueden afectar a las infraestructuras de salvaguarda (diques, redes…) que sirven, precisamente, para mitigar los efectos de los grandes aludes”.

En las avalanchas, “la variable de la temperatura afecta. Hay una tendencia al incremento del número aludes pequeños, es decir, que son más frecuentes. Eso sí, los aludes grandes, aunque con menos frecuencia, seguirán llegando. En el siglo XX ya ha habido varios grandes aludes que han llegado hasta el fondo del valle. Cada 20 o 30 años hay una avalancha de cierta importancia”, destaca Ballesteros.

El cambio climático “genera situaciones más variables y extremas, como ocurre tanto con las lluvias o con la temperatura, también con la nieve. De este modo, el manto de nieve es más inestable, y afecta sobre todo en la parte final del invierno. Un manto de nieve más inestable puede afectar, especialmente, a las actividades deportivas de invierno”.

En una línea similar se expresa Juan Terrádez, responsable de proyectos en el OPCC: “En determinadas altitudes del Pirineo todavía hay poco instrumental instalado, y las series de datos disponibles sobre estos fenómenos son relativamente cortas y heterogéneas, por lo que falta aún completar información para describir tendencias estadísticamente significativas que permitan relacionar con claridad los eventos extremos con el cambio climático.

En cualquier caso, según añade, “el cambio climático y la variabilidad climática influyen de varias maneras en la dinámica y el riesgo de avalanchas en los Pirineos. Cambia la frecuencia, el tipo y el momento del año en que se producen. 

La variabilidad climática natural, junto con la inducida por la actividad humana, hace que las condiciones meteorológicas durante la temporada de avalanchas en el Pirineo sean cada vez más variables, según el estado y la estabilidad del manto nivoso. Dependiendo de cómo se estructuren las distintas capas de nieve, pueden aumentar los problemas de deslizamiento entre ellas”.

Terrádez concluye que “el cambio climático en el Pirineo tiende a reducir la cantidad total de nieve, pero al mismo tiempo puede aumentar la inestabilidad del manto nivoso aún existente y, por tanto, la variabilidad estacional y tipológica de las avalanchas: habrá menos eventos en cotas bajas, pero mayor incertidumbre y episodios en altitudes altas con mayor proporción de avalanchas húmedas que secas”. El conocimiento es la base para poder actuar más eficazmente y debemos avanzar para definir medidas de adaptación al cambio climático.

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