Arce
Un área de servicio de hace 1.900 años
Las excavaciones de este año en Arce, realizadas por la Sociedad de Ciencias Aranzadi, han descubierto una quinta habitación de las termas romanas que desvela un horno utilizado como calefacción y, más adelante, para fundir minerales
Publicado el 28/08/2021 a las 20:37
En 2012 la Sociedad de Ciencias Aranzadi hizo el primer sondeo sobre la tierra de Arce para averiguar si por allí pasaba o no la calzada romana. Descubrieron así lo que hoy consideraríamos un ‘área de servicio’, pero del siglo I d. C. Entonces no se echaba gasolina, ni se paraba a comprar un aperitivo, sino que los usuarios de la calzada lo utilizaban para alojarse, descansar, cambiar de animales...
Hoy ya pueden verse cinco estancias. Cada año han ido excavando una de ellas lo que ha culminado con el descubrimiento del horno de las termas este año en una excavación de solo diez días.
El horno era el encargado de calentar todo el espacio posible. “El color negruzco de la estancia nos da a entender que aquí se hacía el fuego y el color rojizo es por el aire caliente que pasaba debajo del suelo. Al estar expuesta a altas temperaturas mucho tiempo, la arcilla se cuece y adopta este tono”, cuenta Ohiane Mendizabal Sandonis, una de las codirectoras de la excavación y la guía de las visitas que han tenido lugar en las termas.
Tras el horno hay un pequeño espacio del que todavía no hay una evidencia clara. “Podría ser una especie de leñera o un lugar de almacén”, narra Mendizabal. Al ser un lugar alejado de las termas no creen que fuera accesible para los usuarios de la calzada, sino más bien un lugar de mantenimiento.
Esta quinta sala también ha descubierto una segunda fase para las termas, que en el siglo III d. C., al desmoronarse el imperio, se convirtieron en una especie de taller para fundir el mineral de zonas del Valle. “Hemos encontrado una cantidad significativa de escorias, es decir, impurezas o lo sobrante después de que el horno redujera el mineral. Se utilizaba solo lo más puro y el resto se retiraba para seguir cociendo”, explica Ohiane Mendizabal. Ella detalla que han encontrado hasta 120 kilos de escorias de hierro y también algunas de plomo, por lo que existió una explotación significativa relacionada con la metalurgia que estuvo activa hasta finales del siglo IV.
Los materiales más destacados de las excavaciones de este año se dividen en dos bloques: los relativos a la primera fase de las termas y los que pertenecen a la reducción del mineral y posible forja. De este último se han hallado huesos de animales, que posiblemente fueran cocinados, y las escorias de los minerales.
En el primero se encuentran restos de vidrio que podrían ser asas de cuencos pequeños o tazas, teselas blancas y grises (pequeñas piedras) de los mosaicos que había en el suelo, trozos de una especie de ollas que se empleaban para cocinar. Eran pastas gruesas que aguantaban bien el choque térmico. También objetos cotidianos como anillos, agujas de hueso que se utilizaban para los peinados de la época, broches para la ropa de bronce o monedas, aunque estas no suelen tener un gran valor. “No son ni de oro ni de plata puesto que estas no las habrían perdido o se las habría llevado el siguiente que pasara. Ahora pierdes una moneda de 5 céntimos o de 1€, pero no pierdes un billete de 500€”, ejemplifica la codirectora de la excavación.
Los materiales más “bellos” son los restos cerámicos: ha aparecido un cuenco de cerámica de terra sigillata (cerámica romana sellada de color rojo brillante) que se utilizaba para servir alimentos o bebidas. Tiene una decoración de conejos o liebres y por debajo flores. “Las modas concretan los motivos decorativos y pueden situar de dónde y cuando son las piezas. Por ejemplo, la hallada este año es de la zona del Valle del Ebro del siglo II”, relata Mendizabal.
LAS HABITACIONES
Las otras cuatro habitaciones se reparten como “un polideportivo”. Hay una entrada para acceder a las salas del interior en la que no había calefacción. Era una sala fría. De aquí se accedía a la segunda sala: el vestuario. A partir de aquí las salas estaban calefactadas. La tercera habitación es una sala templada. “En el centro hay un agujero y estaba relleno de tierra. Debajo puede haber una estructura que permita que el calor y el aire caliente pueda circular por debajo del suelo, una especie de suelo calefactado”, señala la guía de la visita.
En la cuarta sala estaban propiamente las termas. Era la más grande y una de las más importantes. Esta es la sala caliente. “Era una especie de sauna. No sabemos si había piscinas, pero sí pensamos que pudiera haber bañeras en los que meter los brazos o las piernas hasta las rodillas”, cuenta.
Los romanos “jugaban con el contraste entre las salas frías y calientes”. Era muy complicado mantener el calor en toda la estancia por eso los accesos a las habitaciones están colocados en zig zag, para evitar corrientes de aire.
