

Isaba, resistir ante la despoblación
La mayor preocupación que concierne a Isaba es la despoblación y la ausencia de un relevo generacional que retome las tradiciones y las formas de vivir del valle de Roncal
Publicado el 23/07/2021 a las 06:00
Isaba se encuentra a casi cien kilómetros de Pamplona, al este, a un paso de territorio francés. Cuenta con 403 habitantes que, a pesar de la despoblación, siguen disfrutando del ambiente rural que reina en la localidad: sus calles pedregosas, cortas y estrechas, sus casas con los geranios rojos y blancos en flor en los balcones, con los mayores pasando la tarde en un banco a la sombra y los jóvenes del lugar dando una vuelta e intentando refrescarse tirándose globos de agua.
Desgraciadamente, y como muchos de los pueblos de España, Isaba sufre la despoblación y la ausencia del relevo generacional que retome las actividades tradicionales del mundo rural: ocuparse del ganado, cultivar los terrenos o cortar leña para el invierno. Para combatir este éxodo, todos se esfuerzan por mantener el pueblo impoluto y en perfectas condiciones para poder convencer a los visitantes de que le den una oportunidad a la vida rural y asienten sus raíces al pie de la montaña.
Afortunadamente, Isaba cuenta con unos protagonistas con los que no todos los municipios en vías de despoblación tienen la fortuna de recibir: turistas. Viajeros que, por distintas razones, pasean por el pueblo sacando fotos, mirando hacia arriba para contemplar la vida de los balcones, pero también hacia abajo para no tropezar con las irregulares piedras. Por supuesto que la mayoría de ellos están allí por turismo rural o de montaña, deseosos de aprovechar las pistas forestales que se están remodelando.
Carlos Anaut, teniente de alcalde de Isaba: “Aquí no hay botellones; el problema es la despoblación”


El teniente de alcalde de Isaba analiza la actualidad del pueblo y cómo sus ciudadanos están afrontando la pandemia y la despoblación.
¿Qué tienen planeado realizar durante las fiestas del pueblo?
Del 25 al 28 celebraríamos las fiestas del pueblo por Santiago, pero están suspendidas. Esperamos poder llevar a cabo algún concierto a lo largo del verano, pero con la gente sentada y respetando las medidas de seguridad.
¿Cómo están llevando los pocos jóvenes del pueblo la situación?
La están llevando bien porque se conocen todos. Cuentan con muchas actividades para evadirse de lo que estamos viviendo, igual que el resto de la población: piscina, ciclismo, montañismo... En otros pueblos, el Ayuntamiento ofrece actividades y talleres para que se entretengan; aquí no necesitan que se les organice nada.
¿Se han producido botellones?
No, como en todas partes se reúnen y se juntan, pero siempre con responsabilidad.
¿Tienen algún proyecto en mente?
No, con mantener y conservar lo que tenemos ya es suficiente. 2020 fue un desastre porque los ingresos se redujeron mucho y los gastos no bajaban. Tenemos una central eléctrica que hay que mantener y acondicionar, igual que el cine y la piscina, que han requerido reparaciones este año. Es en este tipo de instalaciones en las que invertimos nuestros pocos recursos.
¿Cuáles son sus sensaciones tras estos dos años en el cargo?
Son buenas, pero habría que preguntar a la población a ver qué opina de nosotros. La convivencia es buena y la gente es consciente de que a veces cuesta sacar proyectos adelante, pero también saben que lo hacemos lo mejor que podemos.
¿Cuál es vuestra mayor preocupación?
La despoblación y el relevo generacional. Para combatirla, lo que hacemos es crear unas condiciones de vida agradables en el pueblo y con las que los visitantes se sientan a gusto. Pero eso requiere dinero y recursos con los que, desgraciadamente, no contamos. Ahora estamos intentando acondicionar edificios municipales para poder convertirlos en viviendas y ponerlos a la venta a unos costes razonables. Necesitamos que la gente apueste y sepa que se puede vivir aquí. Isaba es un lugar maravilloso.
¿Qué es lo que más le gusta de vivir en Isaba?
Las relaciones sociales. Aquí se conoce todo el mundo y todos saben lo que le pasa y lo que le preocupa a cada uno, por eso nos ayudamos tanto. En una ciudad vives en un bloque de ladrillo y puede que no conozcas a casi ningún vecino, y son gente que hace su vida justo encima de ti, o en la puerta de al lado. A mí me resultaría muy triste vivir así.
CLAVES
Alcalde: David Baines.
Grupo Municipal: Agrupación Seisa.
Habitantes: 403.
Afiliados a la Seguridad Social: 160.
Parados: 12.
Extensión: 147,41 km2.
Principales cultivos: Más allá de las huertas particulares, no hay cultivos importantes.
Ganadería: A día de hoy, en Isaba todavía hay una quincena de explotaciones ganaderas.
Número de viviendas: 470.
Industria: El turismo es el motor principal. Además de los establecimientos turísticos y servicios, existe una serrería en el pueblo y un taller mecánico.
Escuela: No hay escuela en el pueblo. Todos los niños acuden al colegio Julián Gayarre de Roncal.
Centro médico: Hay centro de salud en la localidad.
Otros servicios: Farmacia, cine municipal, piscina municipal, área de autocaravanas, frontón municipal, museo etnográfico.
Presupuesto 2020: 545.000€
Fiestas patronales: Fiestas de Santiago (25 de julio) y Fiestas de San Cipriano (16 de septiembre).
El baúl de los recuerdos de las generaciones pasadas de Isaba


La Casa de la Memoria es uno de los principales atractivos de Isaba. Es fácil encontrar el camino hasta ella porque hay carteles por todo el pueblo que indican la dirección. Antiguamente, era la casa de los maestros y de habitantes que todavía no tenían residencia fija o que acababan de llegar.
En su momento también fue el cuartel de la Guardia Civil y la antigua oficina de turismo. La puerta está casi escondida debido a las frondosas copas de los árboles plantados a ambos lados de la puerta. Doce voluntarios se encargan del mantenimiento del museo y de dar la bienvenida a los visitantes, como Julio Beretens Tapia, de 62 años y de Isaba de toda la vida. Como la afluencia de visitantes no es muy constante, a veces se trae su txistu y su salterio, el conocido como ttun-ttun, “la voz de los Pirineos” o chicotén, según se acerquen a Aragón.
EL SONIDO DEL SALTERIO
Los Glück Martínez son una familia de Barcelona que están de ruta por los Pirineos, y han bajado hasta el pueblo para conocerlo. Por casualidad se han topado con el sonido de Julio tocando el salterio. Como tal, el museo tiene quince años, pero estuvo cerrado hasta que Ariela Polito, una argentina de 48 años y la farmacéutica del pueblo desde el año pasado, llegó a Isaba.
La exposición recorre los tres pisos del edificio, en los que se pueden ver los materiales que usaban los izabarres en el día a día. Al principio se encuentran las herramientas que utilizaban para trabajar en el campo, como arados o trillos de piedra y metal que se empleaban para separar el grano de la paja. Hay palas de fogón, parrillas y sartenes en las que los almadieros y sus familias cocinaban migas al pastor. También fotos donadas por los actuales vecinos. En una aparece Pascual, un antiguo regidor al que hay quien todavía se le recuerda paseando con su capa negra.
En la siguiente planta hay recipientes de latón y herradas para mezclar la leche de oveja con el cuajo, que se acercaban al fuego para convertirse en queso. También se exponen los tradicionales trajes roncaleses, en los que se aprecia que, en el caso de las mujeres, si el cordón de los jubones estaba hacia un lado o hacia otro indicaba si estaban solteras o no. El último piso está dedicado a los bailes tradicionales y a la antigua variante del euskera que se hablaba en el valle de Roncal.
DONACIONES DE VECINOS
La Casa de la Memoria forma parte del proyecto Pax Avant, una unión entre el valle de Roncal y el de Baretous que consigue representar la fuerte personalidad y las profundas raíces culturales de esta tierra. El museo se constituyó con el objetivo de mantener presentes su forma de vida, la historia, la indumentaria y la lengua.
Un grupo de 12 voluntarios lo hacen posible su apertura, pero cuentan con el apoyo del resto de habitantes. Actualmente abre martes, jueves y sábado de 18.30 a 20.30 horas, pero según Ariela Polito, una de las impulsoras de esta actividad, se están planteando ampliar el horario.
Ariela Polito: “La farmacia rural es el nuevo confesionario”


Ariela Polito es la farmacéutica de Isaba desde el año pasado. Cuando ella llegó, la Casa de la Memoria estaba cerrada, y se propuso reabrirla porque era consciente de que es uno de los mayores tesoros del pueblo.
“Pensé en cómo reactivarla hablando con Julio Beretens y Aitor, uno de los concejales, y se me ocurrió formar un grupo de voluntarios con personas mayores y adolescentes, que ni siquiera la conocían”, explica.
“Para mí, ser farmacéutica va más allá de bajar los medicamentos de las estanterías. Consiste en estar en la calle, en contacto con la gente y en involucrarse en el día a día de los vecinos. Yo siempre digo que la farmacia rural es el nuevo confesionario”, resalta.